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EN CRUZ AZUL, FALLO JUDICIAL DA UN GIRO DE 180 GRADOS A FAVOR DE BILLY ÁLVAREZ

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*  Un magistrado del Primer Tribunal Unitario del Décimo Octavo Circuito otorgó amparo y suspensión en el juicio 17/2021 en el conflicto interno de la Cooperativa Cruz Azul y con eso, afirman Miguel Ángel y Rodolfo Sergio García Trujillo, abogado y apoderado legal de la empresa social, «se escribe una página más en la historia por recuperar la legalidad”

Por Antonio Ortigoza Vázquez / @ortigoza2010

Especial de Expediente Ultra

Una resolución judicial podría generar un giro en la situación que guarda el conflicto en la cooperativa Cruz Azul, con la persecución judicial del dirigente histórico, Guillermo Álvarez Cuevas y su hijo, en una truculenta historia de traiciones e intereses políticos ajenos, con la intromisión del que fuera todopoderoso consejero jurídico de la Presidencia de la República, Julio Scherer y con el supuesto objetivo de privatizar la sociedad de trabajadores.

El magistrado del Primer Tribunal Unitario del Décimo Octavo Circuito otorgó amparo y suspensión en el juicio 17/2021 en el conflicto interno de la Cooperativa Cruz Azul y con eso, afirman Miguel Ángel y Rodolfo Sergio García Trujillo, abogado y apoderado legal, respectivamente, de la empresa social, los que afirman que con esa resolución judicial «se escribe una página más en la historia de la legalidad de Cruz Azul».

En comunicado a los medios, los abogados, señalan que la decisión del magistrado «legitima a la Cooperativa Cruz Azul para producir, transportar, vender, permitir legalmente producir cemento y para quienes lo compran como sus distribuidores y clientes, no sean molestados ni detenidos»

Con eso, afirman los abogados, «ninguna autoridad federal, estatal o municipal le impida o prohíba a la Cooperativa Cruz Azul la fabricación, producción, elaboración, distribución, venta, enajenación, comercialización, exportación, intercambio, trueque, donación y almacenaje de su cemento».

Precisan que «terminando con ello el supuesto huachicoleo que los grupos encabezados por Víctor Manuel Velázquez Rangel y José Antonio Marín Gutiérrez, argumentaban que sucedía en nuestra cooperativa al mentir, engañar, que nuestra asamblea del 16 de agosto de 2020 no era legítima y no tenía facultades para ello.

«También con dicho amparo se prohíbe (que) se moleste y detenga a operadores, choferes, clientes y concesionarios que transporten y vendan nuestro cemento».

INTRIGAS, TRAICIONES, DESVERGÜENZAS…

Un rasgo peculiar de las sociedades cooperativas -con muy raras excepciones- en México es el conflicto interno en pos del control administrativo y por ende, económico. Principalmente, cuando son de producción, por la ambición de controlar los ingresos y disponer del poder de forma clientelar.

Cruz Azul nació a principios de la década de los 30 del siglo pasado y, como en el caso de «Excélsior» (ya de triste memoria), con el patrocinio del presidente Plutarco Elías Calles

Desde su nacimiento tuvo conflictos internos, pero largos periodos de estabilidad y progreso. Una primera administración se dedicó a dilapidar los fondos, pero las sucesivas administraciones de Guillermo Álvarez Macías y Joel Luis Benítez construyeron las bases para un fuerte despegue de la sociedad.

A la salida de Becerril Benítez, el «candidato natural» era Alfredo Álvarez Cuevas, el hijo mayor de Álvarez Macías, quien sin embargo, «declinó» a favor de su hermano menor, Guillermo. (El trabajo duro al frente de una organización ya muy compleja no le atrajo, sino la posición cómoda de disfrutar su relación  fraternal con quien debería quedar al frente).

El caso fue que con Guillermo Álvarez Cuevas, la cooperativa Cruz Azul abrió un parteaguas, con crecimiento de 600 por ciento en sus activos y al paso de 30 años se convirtió en referente nacional en cuanto a empresas sociales. De cada 10 sacos de cemento producidos en México, tres eran de la marca Cruz Azul.

Álvarez Cuevas realizó ingeniería organizacional, aumentó el número de plantas y hornos y se logró alcance internacional.

Las inversiones eran de centenas de millones de dólares en equipos de última generación menos contaminantes y que multiplicaron la producción, se realizaron contratos con constructoras nacionales e internacionales.

Pero el explosivo progreso desató envidias, ambiciones… y lucha fratricida.

Comenzaron las ideas que distorsionaron el objetivo comercial y social.

El flamante asesor financiero, Carlos Terroba Wolff, sugirió:

– Mejor tener 500 socios que 200.

– Es más rentable pagar salarios a través de aseguradoras  y evitamos más impuestos.

– Necesitamos invertir en otras empresas para evitar que con la nueva ley de cooperativas paguemos más impuestos.

Esas eran sus recomendaciones, y lo peor: se aceptaron socios que nunca habían trabajado como cooperativistas.(Un vicio generalizado en las cooperativas mexicanas).

En esas circunstancias llegó Víctor Manuel Velázquez, hijo del «Toro» Antonio Velásquez, un sórdido tipo que llegó a literalmente arrodillarse ante Álvarez Cuévas para que aceptara que sus cuatro hijos ingresaran a la cooperativa.

Víctor Manuel logró, mediante lambisconerías, ascender administrativamente. Se convirtió rápidamente en un tipo traicionero, conflictivo y detractor de su propio benefactor, Álvarez Cuevas.

Con esas tácticas, llegó a ganarse la confianza del segundo hombre más poderoso de la cooperativa, Juan Oviedo Moreno, concentrado en intrigar contra Álvarez Cuevas, pero falleció antes de lograr su objetivo.

De pronto surge lo interesante: Terroba y Víctor Garcés tuvieron fricciones por asuntos de faldas (como siempre, «cherchez la femme») y disputaron por una licitación con una aseguradora y Garcés bloqueó todos los tratos con Terroba, quien después propuso inversiones en paraisos fiscales.

Nunca se sabe a lo que desemboca una determinada acción. Como una especie de «efecto mariposa», Terroba nunca explicó una empresa en las Islas Caymán, con accionistas que eran, todos, enemigos de Guillermo Álvarez Cuevas.

Poco después, el junior Alfredo Álvarez Kundig andaba en juicio de divorcio y descuidó su computadora personal. Su esposa la revisó  y la entregó a un despacho jurídico y a los rivales de Guillermo Álvarez Cuevas.

JUNQUERA, EL TESTIGO “PROTEGIDO”

Las demandas contra Guillermo Álvarez Cuevas brotaron de pronto. En paralelo, Ángel Martín Junquera Sepúlveda, acogido a la Fiscalía General de la República (FGR), como “testigo protegido”, acordó entregar decenas de bienes inmuebles como «acuerdo reparatorio» y, en una jugada que lo puso a salvo, de manera momentánea, se supo que entregó un fondo de inversión que pertenecía a la Cooperativa Cruz Azul por varios cientos de millones de pesos. Roció gasolina para apagar el fuego.

Ya con esos fondos en sus manos, el Grupo disidente con el Poder Judicial de su lado, formaron alianza para el último round contra Guillermo Álvarez Cuevas.

Así las cosas, Guillermo Álvarez Cuevas descubrió que la gente de su mayor confianza lo había traicionado. Decidió actuar, pero necesitaba la Asamblea General de socios, y los conspiradores, con apoyo oficial, deciden atacar de inmediato, con ferocidad.

Guillermo Álvarez Cuevas resultó el responsable de todo. Con la sobada técnica de «¡Al ladrón, al ladrón!», el director general de un enorme corporativo industrial era también una secretaria que llenaba facturas, también era el supervisor de obras en curso, hacía contratos, hacía los pagos, etcétera.

Los acusadores, altos directivos, solo cobraban su sueldo y nada más.

El hermano Alfredo decidió colaborar y se acogió al «criterio de oportunidad».  Los únicos acusados resultaron Guillermo Álvarez Cuevas y su hijo, Guillermo Álvarez Álvarez.

Pero sucedió ex fielescolaboradores como los cortesanos franceses de la época de los luises, pueden recibir su «lettre de cachet»  (la expulsión de la Corte), y uno de los síntomas de la nueva situación puede ser la resolución del magistrado del Primer Tribunal Unitario del Décimo Octavo Circuito.

Los acusadores ahora pueden resultar los acusados. Vueltas que da la vida en las barandillas judiciales de la 4T.

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