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* Papeles oficiales, triquiñuelas catastrales y sellos de la Tesorería de Pachuca, exhiben la ingeniería inmobiliaria de Alma Carolina Viggiano Austria para edificar un palacete de 30 millones sobre terrenos comprados a precio de liquidación simulada. También, operaciones con el ex futbolista Andrés Chitiva y particulares, bendecidas en la ventanilla por Citlali Jaramillo, abren un boquete fiscal millonario. Entre la Sedeso y la cima del Tribunal Superior de Justicia, la hoy senadora recita el credo de la honradez mientras cimentó su imperio en el Club de Golf, en medio de una rampante corrupción
Por Antonio Ortigoza Vázquez / @ortigoza2010
Especial para Expediente Ultra
Dime de qué honorabilidad presumes en la tribuna y te diré qué escondes en el Registro Público. En la descomposición del priismo no hay comedia más rancia que la del pecador dando sermones de beatitud.
Alma Carolina Viggiano Austria se encarama al estrado del Senado con una furia de utilería, fustigando corruptelas y señalando con dedo de fuego cada peso que se gasta enfrente; pero en política los discursos se los lleva el viento y lo único que termina flotando en el lodo son las propiedades de dudosa procedencia, pues al revisar minuciosamente documentos oficiales probatorios de las propiedades de la senadora, su pose de dama implacable se estrella contra una realidad hedionda marcada por compras de ganga simulada, trucos de protocolo y el viejo arte de no pagarle al fisco.
El periodista Víctor Hugo Arteaga destapó, en XpextroFM, los folios y sellos de lo que en Hidalgo era un secreto a voces, la mecánica con la que se levantó un búnker de multimillonarios a costa de exprimir el valor catastral de un terreno en el Club de Golf.
No hay margen para el cuento del complot ni la clásica defensa del acoso político. Hablan los expedientes oficiales. Todo arrancó en agosto de 2004, cuando Carolina cobraba en el gabinete estatal como secretaria de Desarrollo Social. En esos tiempos, la encargada oficial de mitigar el hambre y la marginación en las cañadas de la Huasteca y el Mezquital andaba, al mismo tiempo, cazando ofertas de tierra en el Club de Golf Pachuca. Le echó el ojo al Lote 248, Manzana 4, Sección Tres, que abarca 643 metros cuadrados con vista privilegiada. Se lo compró a Carlos Ibarra Sánchez.
La escritura 14,505 fijó la operación en 709 mil 500 pesos. Una burla. El metro cuadrado en esa zona cotizaba muy por encima y el lote valía casi dos millones en el mercado abierto y para evitar pagar lo justo en la traslación de dominio, agarraron la tabla y empataron el precio pactado con el avalúo catastral. Como resultado de la maniobra, pagó la mísera suma de 12 mil 652 pesos de impuesto municipal. Migajas.
Pero a los cacicazgos nunca les basta un solo bocado y en octubre de 2007 vino la segunda mordida. Viggiano ya no estaba en la Sedeso Hidalgo; despachaba en la cúspide del Tribunal Superior de Justicia y presidía el Consejo de la Judicatura. La guardiana de la ley en Hidalgo, la que en teoría debía impartir justicia sin mancha, fue por el terreno contiguo, el Lote 249 de Paseo del Fresno, con 500 metros cuadrados de superficie. El vendedor fue el exfutbolista del Pachuca, el colombiano Andrés Chitiva. El libreto se calcó a la perfección.
En el instrumento contractual 17,473 asentaron que Carolina le pagó a Chitiva 682 mil 500 pesos por una propiedad tasada en un millón 875 mil pesos; otra vez aplicaron el truco de magia hacendaria, igualando el precio pactado con el valor catastral para liquidar ante la tesorería apenas 11 mil 912 pesos.
Entre las dos firmas se quedó con 1,143 metros cuadrados en la zona dorada de la capital. Desembolsó en el papel 1.3 millones por terrenos que sumaban casi cuatro millones. Más de 2.4 millones de pesos esfumados en la sombra para ahorrarse impuestos. La triquiñuela requería cómplices en ventanilla y ahí fue que apareció la firma que cierra la pinza con Citlali Jaramillo Ramírez.
En mayo de 2008, como Tesorera Municipal de Pachuca, Citlali signó la certificación oficial A 00113 validando la traslación de dominio del predio de Chitiva. La misma funcionaria que más tarde cacareó transparencia como Contralora del Estado fue quien le selló y autorizó el trámite con descuento artificial a la jefa política del clan. Las lealtades de nómina pagadas al chas-chas.
En esos dos lotes hoy no hay pasto ni jardines de retiro. Se levanta un palacete de más de 800 metros cuadrados de construcción, valuado en 30 millones de pesos. Visto desde el aire es un insulto a la realidad de Hidalgo, una mole contemporánea de volúmenes geométricos, muros texturizados en gris, concreto blanco aparente, clima industrial y una techumbre tapizada de celdas solares fotovoltaicas. Toda la vanguardia sustentable al servicio del confort privado.
¿De dónde salieron los recursos?
En su declaración de 2020 reportó ingresos netos de apenas un millón 19 mil pesos. Morena le metió un punto de acuerdo en el Congreso federal en mayo de 2022 pidiendo la intervención de la UIF y la Fiscalía Anticorrupción. Los sueldos de servidora pública jamás explicarán la mansión de Pachuca sumada a la casona de 40 millones en Sierra Nevada 319, en Lomas de Chapultepec, comprada recién llegada a la secretaría general del PRI, ni las propiedades en San Antonio, Texas, o las parcelas en Tepehuacán. Queda claro que el matrimonio político de Viggiano con Rubén Moreira refleja el estertor de un régimen que confundió el presupuesto con herencia familiar.
Comprar tierra simulando precios de quiebra para evadir gravámenes locales, mientras se predica rectitud en la cámara alta, es una afrenta directa. La ley no se dobla por conveniencia. Las escrituras no mienten, los números no perdonan y en el Club de Golf el concreto de la soberbia terminó por delatar la trampa catastral.
La próxima vez que la señora Viggiano suba a la tribuna a hablar de honestidad, deberá mirarse al espejo antes de gritar a los morenistas: ¡ Al ladrón, al ladrón…¡






