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ENGRANES DE PODER
Por Víctor González Herrero / @VicGlezHerrero
Morena quiso cerrar una candidatura y terminó abriendo una rebelión.
Lo ocurrido en Nuevo León después de la designación de Clara Luz Flores como coordinadora de la Defensa de la Transformación difícilmente puede reducirse al berrinche habitual de quienes pierden una encuesta interna. Hay acusaciones de traición, reclamos por la forma en que se tomó la decisión, un nuevo movimiento ciudadano, llamados urgentes a la unidad y una dirigencia nacional que, apenas unos días después de haber anunciado a su coordinadora, ya tiene que sentarse a escuchar a quienes quedaron inconformes.
Algo no salió como estaba previsto. Hace unos días hablábamos aquí de las grietas que comenzaban a aparecer en Morena después de la designación de sus coordinadores estatales, personajes que, aunque formalmente todavía no son candidatos, políticamente resulta difícil interpretar de otra manera. Nuevo León puede convertirse en el mejor ejemplo de que una cosa es anunciar un nombre y otra muy distinta conseguir que todos se formen detrás de él.
La reacción más dura llegó de Tatiana Clouthier, la hija del “Maquío”. Primero guardó cierta prudencia. Después subió el tono. Habló de traición, cuestionó que Clara Luz represente los valores por los que fueron convocados al proceso y aseguró que Morena no estuvo a la altura de las circunstancias. Luego vino algo todavía más significativo: anunció la creación de “Todos con Conciencia”, un movimiento que, según ha explicado, no busca cargos públicos sino trabajar por la transformación de Nuevo León.
Por ahora no ha anunciado que abandone Morena ni que vaya a competir como independiente. Tampoco ha roto con Claudia Sheinbaum; por el contrario, ha reiterado su respaldo a la Presidenta. Pero en política no todo necesita convertirse inmediatamente en candidatura para tener consecuencias. Construir una organización propia después de perder una definición interna es, por lo menos, una señal que nadie en Morena debería minimizar.
Clara Luz, por su parte, ha llamado a la unidad e incluso invitó a Tatiana a sumarse. La respuesta fue negativa: su equipo decidió no participar.
Y entonces apareció la inevitable operación cicatriz. La dirigencia nacional abrió ya un canal de diálogo con Clouthier y desde Palacio Nacional la Presidenta decidió mantenerse al margen del conflicto partidista. Una posición institucionalmente entendible, pero que deja a Morena frente a un problema que tendrá que resolver Morena.
Otro de los posibles, Andrés Mijes, eligió otro camino. El alcalde de Escobedo reconoció el resultado y cerró filas con el proyecto presidencial. Waldo Fernández también respaldó a Clara Luz, aunque consideró necesario escuchar a Tatiana. Distintas respuestas frente a una misma decisión: disciplina, conciliación y abierta inconformidad.
Eso es precisamente lo interesante.
El problema no necesariamente está en quienes aceptaron el resultado, sino en cuánto desgaste puede acumular un partido cuando sus procesos internos dejan ganadores formales pero también grupos que sienten que perdieron mucho más que una encuesta.
Además, Clara Luz no llega a esta nueva oportunidad con una historia electoral en blanco. Ya fue candidata a la gubernatura en 2021 y terminó en cuarto lugar, con poco más del 14 por ciento de los votos. Aquella campaña estuvo marcada, entre otros episodios, por la difusión de un video de una conversación que había sostenido años antes con Keith Raniere, fundador de NXIVM. El asunto adquirió mayor dimensión porque previamente había negado conocerlo; después reconoció el encuentro y ofreció disculpas por haberlo negado.
No hace falta reconstruir hoy aquella historia ni convertirla nuevamente en el centro del debate. Pero tampoco puede borrarse de la memoria política de una entidad en la que Clara Luz pretende volver a competir.
Está también Abel Guerra, su esposo, un político con una larga trayectoria propia en Nuevo León, particularmente en Escobedo, municipio que gobernó en dos ocasiones y donde durante décadas se construyó un grupo político con indudable presencia territorial. Mencionarlo no significa disminuir la carrera de Clara Luz ni suponer que alguien decide por ella. Significa simplemente reconocer que en política las historias, los grupos y las estructuras también forman parte del equipaje.
Y mientras Morena discute cómo acomodar su granja, en las casas de enfrente, nadie parece demasiado apurado.
Samuel García y Mariana Rodríguez pueden observar cómo su principal adversario nacional procesa sus diferencias internas antes de que Movimiento Ciudadano termine de acomodar sus propias piezas. Adrián de la Garza, desde el PRI, tampoco necesita asomarse demasiado a una pelea que por ahora se desarrolla sin su participación. A veces, en política, la mejor estrategia frente al conflicto del adversario consiste simplemente en no interrumpirlo.
Morena adelantó sus definiciones rumbo a 2027 buscando ordenar el tablero. Quería tiempo para posicionar candidatos, construir estructuras y evitar guerras internas de último momento. La lógica tenía sentido. El problema aparece cuando una designación que debería cerrar una competencia termina inaugurando otra.
Demasiados animales importantes para una granja que necesita aparentar tranquilidad. Y quizá esa sea la verdadera advertencia para Morena rumbo a 2027: ganar encuestas internas puede ser relativamente sencillo; conseguir que quienes pierden acepten el resultado, se sumen y además trabajen convencidos por quien ganó, es otra historia.
Las grietas que señalábamos hace unos días comienzan a tener nombres y apellidos.
En Nuevo León, incluso, ya tienen movimiento propio.
La rebelión apenas comienza.






