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UN EX ALCALDE PANISTA QUE EN TULANCINGO BUSCA LAVARSE LA CARA ANTE LOS MEDIOS, LLAMADO JULIO SOTO

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* Julio Soto se fue a dar baños de pureza guinda al periódico Ruta. Tiró toda suerte de falacias, pero lo que no pudo borrar de los archivos fue el rastro de la planta tratadora de agua. Esa obra que se esfumó cuando él despachaba como alcalde. Trae pánico de que le saquen sus cuentas pendientes, por eso armó semejante berrinche en Criterio contra la reforma del Congreso pues en sus cálculos no quiere perder el control de los contratos que fueron parte de su red de impunidad cuando fue alcalde

Por Antonio Ortigoza Vázquez / @ortigoza2010

Especial de Expediente Ultra

Revisar lo que dijo el ex alcalde de Tulancingo, Julio Soto, en una entrevista de radio en Ruta es leer el manual del perfecto chapulín. Nuevamente ante los medios, quiso lavarse la cara y acabó enredado en sus propias mentiras, pues resulta que ahora su corazón late por la izquierda desde hace años. Otro cúmulo de patrañas para blanquear un pasado de panista recalcitrante y un gobierno tapizado de abusos contra el pueblo.

Su teatro choca de frente con la realidad. Agarra un micrófono y alardea a los cuatro vientos que tiene credencial desde 2017, presumiendo supuestas batallas en el movimiento, pero en otro programa de radio (Criterio) niega tener partido para colarse de externo. El tipo arma y desarma su ideología al ritmo que le marque su hambre del poder por el poder.

Entre tanta falacia termina perdiendo el hilo de su inventada narrativa.

Le apuesta al olvido, pero Tulancingo no pierde la memoria histórica ni perdona los agravios. Su paso por la presidencia fue un cacicazgo lleno de prepotencia y manoteo de obra pública, y para muestra un botón: la farsa de Jaltepec con presión y chantaje vecinal puro y duro, idéntico a lo exhibido en aquel video donde encara a vecinos en la calle y los amenaza con retener las escrituras si se ponían a criticarlo. Soberbia pura.

El pavor que le quita el sueño no son únicamente los reclamos ciudadanos, sino lo guardado bajo llave en los sótanos de la alcaldía; le respira en la nuca el fantasma de la tratadora de agua, un boquete de 20 millones que desapareció de su oficina por arte de magia; tranza financiera que nunca aclaró y sigue oliendo a impunidad.

Toda su desesperación sale de ese pantano, pues le urge tapar las cuentas pendientes y de ahí viene su berrinche contra iniciativa del Congreso Local que busca frenar los moches y chantajes en los ayuntamientos.

En su entrevista con Criterio despotricó contra la reforma de contratos municipales, lloró el voto de los diputados y dijo que no quiere regidores de florero. Lo más esquizofrénico del asunto es que ataca una ley palomeada por la bancada de Morena, los mismos a los que hoy les implora de rodillas una candidatura. No llora por la transparencia, sino porque la ley le quita la llave de los convenios con los que operaba sus chanchullos.

Ahora, del otro lado del mostrador, busca medrar con el chantaje barato.

Porque el tema de fondo es que la nueva ley le duele a los que hicieron fortuna extraviando expedientes y pactando en lo oscurito, estos ex alcaldes andan rasgándose las vestiduras porque extrañan las complicidades de Cabildo para tapar chanchullos. Hoy se inventan historias de izquierda radical para salir en la boleta, pero patalean igual que caciques cuando les cierran la llave del dinero.

Esa ambición desmedida se da de topes contra la realidad local, donde la ciudadanía ya sabe diferenciar a un impostor. Exigir borrón y cuenta nueva es escupirle en la cara a Tulancingo; quieren tapar el sol con un dedo y enterrar los pendientes financieros de su trienio. Julio Soto es el intransparente que ahora se da golpes de pecho de honestidad.

Le urge y le preocupa que sus versiones ante los medios tengan credibilidad en la sociedad porque tiene puesta la mira en los comicios por venir.

Rumbo al 2027, los partidos miden perfiles mientras la gente observa con recelo a quienes ven las siglas como simple trampolín personal. La simulación ya se agotó en esta región y el expediente de abusos pesa mucho más que cualquier discurso prefabricado. Y esto es lo que tiene inquieto a ex edil.

Y hablando de complicidades entre personajes de la política hidalguense, no será nada extraño que, como apunta el sentido lógico, Morena le cierre la puerta a este camaleón azul, que no dudará en echarse a los brazos de la mafia del grupo Universidad y del también eterno suspirante por la alcaldía tulancinguense, Damián Sosa, quien como “líder moral” del PT en el Estado, ya salió a hacerle segunda a Julio Soto, en eso de criticar la iniciativa de diputado locales, para evitar que en el año electoral que se avecina, los integrantes de los cabildos, sobre todo de oposición, bloqueen y ejerzan toda suerte de chantajes contra los alcaldes, en los asuntos de la obra pública.

En política no hay casualidades y hay que recordar el Pacto de la Joya que ya han acordado en lo oscurito personajes como Soto, miembros del Cabildo y hasta el Senador del Verde, Cuauhtémoc Ochoa Fernández, para ir de la mano buscando arrebatar la presidencia municipal a los verdaderos morenistas.

Tampoco es casual que el líder de chocolate del PVEM en la entidad, Octavio Magaña Soto y el socio y operador de Ochoa Fernández, Avelino Tovar Iglesias, responsables de la 4ta Circunscripción del Verde Ecologista, ya anden medrando con el petate del muerto diciendo que al igual que el PT, irán solos en la contienda electoral del próximo año.

¿Mucha casualidad, no le parece amigo lector? Como reza la canción: “Vende caro tu amor, aventurera”. Y no dude que estas suripantas de la política, llegado el momento, vayan de la mano si no les cuajan sus estratagemas de supuestos morenistas de cepa.

En Tulancingo, mire usted, deambula un aspirante con memoria selectiva que miente sobre su militancia, arrastra abusos contra los vecinos, esconde los papeles de la planta tratadora y brama contra los diputados del partido que quiere emplear de trampolín para retornar al poder local.

Un perfil así no cabe en ningún proyecto de transformación. Allá en Tulancingo ya están asqueados de tanta farsa camaleónica.

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