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VOTOS PARA QUE EN 2021 RETORNE LA CORDURA Y SE EXILIE LA INCERTIDUMBRE

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*  Todos coinciden que el año que termina ha sido el peor de las últimas décadas; millones han perdido un ser querido y en nuestro país los ciudadanos han visto una clase política desprovista de sentido común, inerte y pasmada ante la pandemia del Covid, pero los mexicanos tenemos esperanza que más allá de los gobernantes de quinta, la cordura retorne junto con la normalidad y tranquilidad de antes

Por Antonio Ortigoza Vázquez/@ortigoza2010

Entramos al año 2021 en momentos en que nos felicitaremos, realmente, por haber podido llegar, y para hacer el recuento de amigos, conocidos y en algunos casos, de familiares que no pudieron, cuando hace algunos meses dábamos por hecho que no tendrían problema en hacerlo.

Desde abril comenzamos a vivir un año horrible, en términos estrictos. Tanto, que nos hizo recordar -con sonrisa algo más que amarga- otros años en que nos quejábamos por lo que hoy por hoy, podemos decir que eran auténticas fruslerías: pérdida temporal de empleo, cancelación de vacaciones en Cancún para ahorrar; no poder renovar el automóvil, o bien, cambiar de casa en búsqueda de un alquiler algo más barato.

Aquellos fines de año en que se optó por el pescado seco de La Lagunilla (u otro mercado popular a la mano) en lugar del bacalao importado. Nos parecía que eran situaciones intolerables.

Vivimos 10 meses de auténtica angustia, pero cada mes transcurrido renovábamos la esperanza de que para finales del año habría mejoras, el combate a la pandemia entraría en fase de control avanzado, que todo pasaría y podríamos celebrar, con moderado júbilo, el reencuentro, la vuelta al trabajo, a la vida que paulatina, pero consistentemente, se normaliza.

Al llegar al final de 2020, podemos recordar con amarga sonrisa aquellas octavillas (impublicables en este medio) que en 1967 le dedicó Salvador Novo a su compadre Agustín Arroyo Ch., a la sazón director del ya desaparecido “El Nacional”. Con no intencionado ánimo de Casandra de huarache, en términos “muy populares”, el poeta de las corbatas color lila vaticinaba para 1968 un año, digamos, “de la patada”, aunque Novo utilizó otra chispeante palabra.

Como ya es –o debía ser- de dominio público que las expectativas a nivel mundial para 2021 no son tan halagüeñas como nos aventuramos a suponer hace unos seis meses, sí lo son en mucha mayor medida en otros países donde los respectivos gobiernos han tomado las medidas adecuadas –toda proporción guardada- para paliar los efectos de la pandemia.

Tomaron deuda para apoyos a ingresos familiares, ampliaron considerablemente el gasto y la cobertura de salud pública, decretaron auténticos “toques de queda”, medidas coercitivas para el uso del cubrebocas, entre otras decisiones importantes.

En nuestro país el gobierno hizo exactamente lo contrario. Estamos en cuarto lugar en muertos por coronavirus y el primer lugar en fallecimientos de médicos y enfermeras, además de otros empleados del sistema de salud. El presidente de la República, con su ya típica sonrisita, recomendó amuletos de todo tipo y estampitas religiosas como la mejor manera de combatir el flagelo.

Una  estampa que  refleja  crudamente  la situación que vivimos los mexicanos  sucedió hace unos días: Cinco secretarios de Estado, dos subsecretarios y una docena de funcionarios de otros niveles,  protagonizaron una escena, más que ridícula (ya perdimos la capacidad tan mexicana  de reír ante las desgracias), espantosamente patética:  las cámaras de televisión siguieron minuto a minuto el aterrizaje de un avión de donde los empleados extrajeron… una cajita con tres mil dosis de vacuna,  de las 650 mil que se anunciaron con bombo y platillo. Y tres o cuatro estúpidos discursos.

Después se supo de un faltante de 25 dosis.  Después llegó otro cargamento de 50 mil, que de inmediato tuvo una “merma” mil 750.  Al momento, no se ha dicho, ni nadie ha inquirido, a donde fueron esas dosis.

Pero…  ya fue acusado un director de hospital, que usó tres dosis para vacunar familiares.  Está suspendido en sus labores, se dijo.  Pero el director no muestra mucha preocupación por su tersa suspensión.

Como que sabe que… puede soltar la lengua. 

Es perfectamente claro:  Las sonrisas, las actitudes prepotentes y falsamente despreocupadas, las 80 o 100 veces que se afirmó: “Ya domamos la pandemia… ya se aplanó la curva…”  eran silbidos en la oscuridad.

El pánico campea entre altos funcionarios, de Palacio Nacional hacia abajo. 

Seguirán las “mermas” en las dosis de vacunas que lleguen.  

Pero, pues…  ¡Feliz año 2021!  (Con perdón…), a mis diez lectores, MIL GRACIAS por siempre esperar “SILOGISMOS”.

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