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CRÓNICA DE UNA REBELIÓN ANUNCIADA

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La intención antidemocrática del presidente del sindicato de trabajadores del gobierno de la Ciudad de México, Juan Ayala Rivero, para modificar los estatutos de su organización con el fin de que sus secretarios seccionales se ampliarán, en automático, en sus gestiones hasta el 2020, sin tomar parecer a sus miles de agremiados, ya anticipaba desde su autoritario punto de partida, el surgimiento de un generalizado descontento.

La idea de “asesinar” con alevosía, y en “Petit Comité”, a la democracia sindical, provocó que aún antes de emitirse la convocatoria al Primer Congreso General Extraordinario, surgiera la desaprobación de diversos líderes como fue el caso del dirigente de la Sección Uno, Hugo Alfredo Alonso Ortiz, quien antes de acudir a la reunión de delegados de donde habría de surgir la propuesta de modificación al artículo 161 de los estatutos, que garantiza el derecho al voto libre y secreto de los trabajadores sindicalizados, informó a sus bases sobre lo que fraguaban a sus espaldas, Ayala y sus incondicionales.a intención antidemocrática del presidente del sindicato de trabajadores del gobierno de la Ciudad de México, Juan Ayala Rivero, para modificar los estatutos de su organización con el fin de que sus secretarios seccionales se ampliarán, en automático, en sus gestiones hasta el 2020, sin tomar parecer a sus miles de agremiados, ya anticipaba desde su autoritario punto de partida, el surgimiento de un generalizado descontento.

En el más absurdo de los contrasentidos, el candidato al Constituyente por el PRD, intentaba con las alteraciones estatutarias ir en contra de los postulados democráticos que deben alentar la labor de quienes legislarán la nueva Constitución de la Ciudad de México; aberrante situación que no pasó desapercibida para diversos secretarios seccionales que no obstante reprobar la propuesta, se abstuvieron de manifestarse por temor a las represalias del impositivo y represor líder.

Merino y el reconocimiento pleno a sus derechos sindicales
Merino y el reconocimiento pleno a sus derechos sindicales

De acuerdo a informes compilados por este reportero, Juan Ayala tuvo conocimiento de la posición crítica que estaba asumiendo Hugo Alonso Ortiz, por lo que aconsejado por sus “brillantes” y altamente “cultos y capaces” asesores, armó un tinglado para tratar de anular al dirigente de la Uno, pues de manera por demás sospechosa, una veintena de porros comandados por el opositor de Alonso Ortiz en la Sección de Limpia, Martín Hernández –quien perdió como aspirante a la Uno bajo la planilla oro–, ya se encontraban desde muy temprano en el interior del Salón Bugambilias, sitio donde se realizaría el Congreso.

Y si alguna duda había de que su presencia en el evento era por demás anormal, una vez que iniciaron el ataque de insultos y diatribas en contra de Alonso Ortiz, lejos de hacerlos desalojar del sitio al no ser delegados, Juan Ayala les autorizó una comisión que les permitió permanecer en el evento, sólo que el tiro le salió por la culata pues no contó que a través de las redes sociales, trabajadores de las distintas secciones acudirían en tropel al sitio donde pensaba consumarse el monumental atropello a su democracia sindical, para expresar su rechazo.

En la mesa de debates donde se discutió y votó la propuesta de modificación a los estatutos, y para sorpresa de todos, la votación quedó empatada. Ocho a favor y ocho en contra. A Hugo Alonso se le sumaron otros siete delegados, por lo que todavía Ayala Rivero trató de destrabar el asunto pidiendo que fueran todos los delegados los que votaran por la aprobación a sabiendas de que sería fácil imponer un orquestado mayoriteo, no sin antes escuchar de boca del líder de la Uno el rechazo absoluto a la propuesta y su anuncio de que éste no se plegaria a tal imposición y llegado el momento, convocaría a elecciones en su sección.

De tal manera que la agresión que estaba programada para anular al líder de la Uno terminó revirtiéndose en contra del desconcertado Juan Ayala, que como lo muestran innumerables videos subidos a la red, salió por cuerdas para retornar más tarde únicamente a anunciar que se cancelaba su descabellada intentona por cercenar el voto de las mayorías.

Según información revelada por algunos asistentes al accidentado Congreso, con Hugo Alfredo Alonso se sumaron ocho secretarios generales más como los de las secciones 6, 10, 2, 3, 28 y 15, 27 y 29, por lo que la pretensión de alterar los estatutos en el Único tomó visos de rebelión y acrecentó las sospechas sobre la trampa que tendió Ayala al líder de la Uno, pues para no ser molestado en sus proyectos sindicales, el Presidente del sindicato acostumbra realizar sus congresos en el hotel que la organización tiene en Acapulco, pero como ahora la intención era neutralizar a uno de sus más visibles y abiertos críticos, escogió uno de los salones del Deportivo 18 de Marzo para tal fin. Aunque todo, como se aprecia, le salió mal.

Por cierto que fuentes inconformes al interior del Único, señalaron a este medio que en su desesperación y encono, Juan Ayala pretende señalar, a través de notas periodísticas, al ex vicepresidente del Único y ex magistrado, Carlos González Merino, como el responsables de orquestar una campaña de desestabilización en contra de uno de los “sindicatos más poderosos del país”, valiéndose de esquiroles, calificándolo de un trabajador jubilado y sin representación alguna, aunque como lo demuestra el documento publicado en esta edición por Expediente Ultra, el abogado laborista sigue gozando de sus plenos derechos que, vaya paradoja, le ha reconocido el propio Ayala Rivero, por indicación expresa de los tribunales laborales.

De lo que Ayala Rivero se abstiene de comentar y explicar a la opinión pública es su enfermizo afán por perpetuarse en el poder y atentar contra la democracia de su organización. De ésa calidad moral el perfil del presunto constituyente. (Por Javier Ledezma).