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ENGRANES DE PODER
Por Víctor González Herrero / @VicGlezHerrero
No hace falta esperar a que aparezcan espectaculares, a escuchar discursos de campaña o que comiencen las encuestas para saber que la política mexicana ya entró en modo electoral. Este jueves 10 de septiembre comenzó formalmente el Proceso Electoral Federal 2027 y, con él, una cuenta regresiva que tendrá su punto culminante el 6 de junio del próximo año.
Sobre el papel, se trata de una elección intermedia. En realidad, es mucho más que eso.
En 2027 estarán en juego 500 diputaciones federales, 17 gubernaturas, mil 98 diputaciones locales, además de miles de cargos municipales y otros puestos de elección popular. El INE calcula que los procesos locales implicarán la renovación de 19 mil 609 cargos en 31 entidades.
Es decir: México no solamente elegirá nuevos representantes. Va a reacomodar el poder.
Y ahí viene la verdadera dimensión de la elección. Porque quien vea 2027 únicamente como la renovación de la Cámara de Diputados, estará mirando una parte del tablero. La otra está en los estados, donde 17 gubernaturas cambiarán de manos y donde las elecciones de congresos locales y ayuntamientos pueden modificar equilibrios políticos completos.
Morena tendrá una prueba bastante importante. No solamente deberá defender la mayoría que mantiene en el Congreso federal; tendrá que demostrar que su fortaleza electoral puede sostenerse cuando no existe una elección presidencial que arrastre al resto de las boletas.
Para la oposición, la elección representa algo todavía más delicado: demostrar que puede recuperar un poquito de territorio. Para Movimiento Ciudadano, la oportunidad de consolidarse como la segunda fuerza política nacional. Para el Partido Verde y el PT, significará medir cuánto pesa su estructura propia y cuánto depende de las alianzas.
Pero hay algo todavía más interesante.
Las elecciones de 2027 no solamente definirán quién gana cargos. Definirán quién tendrá mejores condiciones para llegar al 2030.
El propio INE ha advertido que la renovación de la Cámara de Diputados puede reconfigurar el mapa político durante el último tramo hacia la elección presidencial del 2030.
Por eso, las candidaturas comenzarán a importar mucho antes de que oficialmente comiencen las campañas. Y sí, ahí entran los estados.
El caso Hidalgo: una elección sin gobernador, pero con mucho poder en juego
Hidalgo no elegirá gobernador en 2027. Sin embargo, sería un error pensar que aquí será una elección menor o sin importancia. El 6 de junio se renovarán las 30 diputaciones del Congreso local y los 84 ayuntamientos. El proceso electoral local comenzará formalmente el 15 de diciembre.
Y entonces comenzará otra discusión: ¿quiénes serán los rostros de la siguiente etapa política de Hidalgo? Porque una elección intermedia siempre abre puertas.
Algunos alcaldes buscarán nuevos espacios. Ciertos diputados federales y locales tendrán que pensar qué sigue. Habrá funcionarios de primer nivel que podrían considerar dar el salto de la administración pública a una candidatura. Y seguramente aparecerán nuevos nombres que hoy todavía no están en el radar de la opinión pública.
No sería extraño, tampoco, que algunos integrantes del equipo gubernamental del gobernador comiencen a valorar su futuro político.
No porque necesariamente exista una decisión tomada, sino porque así funciona la brújula política: cuando el calendario electoral comienza a correr, los tiempos personales empiezan a acomodarse alrededor del calendario institucional.
Y aquí aparece una pregunta particularmente interesante para el gobierno de Julio Menchaca: ¿Qué equipo llegará al último tramo de la administración?
Seguramente algunos Secretarios de gabinete podrían buscar una diputación federal y construir desde el Congreso o en los municipios una posición firme rumbo al 2028.
Son preguntas. No pronósticos.
Pero son preguntas que la política hidalguense tendrá que comenzar a responder.
Hay otro elemento que hará todavía más interesante la elección de 2027: la reelección. Hidalgo llega a este proceso en una especie de zona de transición. Aunque el Congreso local ya armonizó su Constitución con la reforma federal de no reelección, el nuevo régimen no tendrá efectos para 2027, sino para los procesos electorales de 2030.
Eso significa que quienes hoy ocupan una diputación o un cargo municipal, pueden considerar la continuidad inmediata. Y ahí puede estar una de las claves del próximo proceso: 2027 podría convertirse en la última elección en la que algunos de los actuales actores políticos tengan abierta la puerta de la reelección consecutiva. Eso cambia la lógica.
Si no existe la posibilidad de permanecer inmediatamente en el mismo cargo, la construcción de la siguiente posición política adquiere todavía mayor relevancia.
Y eso puede convertir al Congreso y a los ayuntamientos de 2027 en auténticos espacios de reacomodo. Porque en política nadie quiere quedarse fuera del tablero.
Hay algo que conviene recordar: todavía no estamos en campañas. Las precampañas federales comenzarán hasta enero de 2027 y las campañas hasta abril.
Pero quienes conocen de política, saben que las campañas son solamente la parte visible de una operación que ya comenzó. Y quien no lo entiende así, ya va tarde.
Es momento de construir alianzas, medir grupos, probar nombres y negociar posiciones. Y, sobre todo, se decide quién puede representar mejor los intereses de cada grupo en el siguiente tramo del poder.
Porque 2027 no decidirá quién gobernará México en 2030. Pero sí puede decidir quién llegará al 2030 con el tablero a su favor.
Y en política, eso puede ser la diferencia entre competir por el poder… o simplemente observar cómo otros lo disputan.






