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ENGRANES DE PODER
Por Víctor González Herrero / @VicGlezHerrero
Hubo un tiempo en que gobernar era suficiente. Construir obras, administrar recursos y mantener estabilidad bastaban para considerar exitosa una administración. Ese tiempo terminó. Un día despertamos y las reglas ya son otras. Creo que eso es precisamente lo que está pasando con los estados de nuestro país, incluido Hidalgo.
Durante muchos años se pensó que el desarrollo de una entidad dependía, casi exclusivamente, de lo que ocurriera dentro de sus propias fronteras. La atención estaba puesta en el presupuesto federal, en la relación con el Presidente en turno, en las obras públicas o en la capacidad de negociación de los gobernadores de otros estados. Esa lógica funcionó durante décadas, pero el mundo cambió mucho más rápido que nuestra manera de entender la política.
Hoy los estados ya no sólo compiten entre sí. Compiten frente al mundo.
Puede sonar exagerado, pero basta observar lo que ocurre a nuestro alrededor. Una decisión comercial tomada en Washington puede modificar el destino de una inversión que estaba prevista para Hidalgo. Un cambio en las cadenas de valor global puede convertir a una región en un polo de desarrollo o dejarla fuera del mapa. Una empresa internacional ya no compara únicamente a Hidalgo con Querétaro o con Nuevo León; lo compara con Texas, con Costa Rica, Panamá o con Colombia. O con cualquier otro lugar que le ofrezca mejores condiciones para instalarse.
Esa es la nueva realidad. Y muchas veces pareciera que todavía no terminamos de asumirla.
Hidalgo vive un momento particularmente interesante. Los proyectos recientes reflejan una intención clara: convertir al estado en un referente del centro de México. La conexión con el AIFA, la renovación del sector industrial, la nueva infraestructura ferroviaria y la búsqueda de grandes inversiones apuntan a un desarrollo que va mucho más allá de las fronteras locales.
Pero esa apuesta, también implica una enorme responsabilidad.
Porque atraer inversiones ya no depende únicamente de ofrecer terrenos disponibles o incentivos fiscales. Las empresas buscan algo mucho más complejo. Quieren certeza jurídica, infraestructura eficiente, energía suficiente, disponibilidad de agua, seguridad, talento especializado y gobiernos capaces de dar continuidad a sus proyectos más allá de los cambios políticos municipales o estatales.
En otras palabras, los estados dejaron de competir por presupuesto. Hoy compiten por confianza.
Y la confianza tarda años en construirse, pero puede perderse en cuestión de semanas.
Cuando una empresa decide instalar una planta, no sólo genera empleos. También impulsa el comercio local, demanda vivienda, fortalece los servicios, mejora la recaudación y abre oportunidades para pequeñas y medianas empresas. Pero cuando esa inversión decide irse a otro lugar, el efecto también se siente.
Por eso no podemos evaluar el desempeño de un gobierno solamente por el número de obras inauguradas.
Los hospitales, carreteras y las obras de infraestructura siguen siendo indispensables, pero representan una parte de la suma. El reto consiste en crear condiciones para que el desarrollo pueda sostenerse durante muchos años.
Eso obliga a mirar mucho más lejos.
Administrar un estado no alcanza si no se entiende el contexto global. Quien gobierna necesita saber hacia dónde va el comercio internacional, qué exige el mercado mundial y dónde estarán las oportunidades de las próximas décadas.
Es una tarea compleja que enfrenta Hidalgo y cualquier otra entidad con aspiraciones de desarrollo. Jalisco, Yucatán, Coahuila y Guanajuato entran a esa misma disputa: todos compiten por los mismos capitales, aunque partan de realidades y ventajas distintas.
La competencia ya no se define únicamente por quién construye más kilómetros de carretera o inaugura más edificios públicos. Se define por quién ofrece mejores condiciones para vivir, producir, innovar e invertir.
Y ahí aparece otro desafío que pocas veces ocupa los titulares: La coordinación institucional.
Ningún estado puede enfrentar solo los retos del presente. La infraestructura requiere coordinación con la Federación. La seguridad exige trabajo conjunto entre distintos órdenes de gobierno. El desarrollo económico depende de universidades, empresas, municipios y sociedad civil. Incluso los grandes proyectos logísticos necesitan integrarse a estrategias nacionales e internacionales.
La política dejó de ser un ejercicio estatal aislado.






