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Desafíos y oportunidades que ofrece el gusano barrenador del ganado

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Por Miguel Ángel Vargas Del Ángel

Nací en un rancho ganadero en la Huasteca hidalguense, allá por los años 70 del siglo pasado. Aunque suene algo irreverente, durante mis primeros años de vida crecí ayudando a mi padre a curar gusaneras en becerros recién nacidos; me refiero al gusano barrenador del ganado (GBG) Cochliomya hominivorax.

 Digo, ayudando, porque cuando yo tenía entre 4 y 8 años de edad, mi padre derribaba a los becerros, los acostaba en el suelo y para inmovilizarlos me pedía que me sentara en la panza de los becerros, mientras él practicaba una curación que consistía en extraer los gusanos del ombligo del animal, depositarlos en un tubo de ensaye que nos habían proporcionado los técnicos de la Comisión México Americana para la Erradicación de la Garrapata y del Gusano Barrenador del Ganado; como segundo paso, aplicar en la herida un polvo de coumafox y propoxur, conocido comúnmente como “matagusanos” y comercialmente con el  nombre de Negasunt. El tercer paso consistía en llenar una cédula que contenía información importante para esa Comisión México Americana, como la fecha y el lugar donde se presentó la gusanera, aparte de rotular el tubo de ensaye que contenía una solución de alcohol y agua para conservar las muestras de gusanos que se entregarían a los técnicos en la siguiente visita al rancho.

Como los caminos eran agrestes, los técnicos llegaban al rancho en unos vehículos tipo Jeep de la marca Land Rover. Esos vehículos me parecían maravillosos y despertaron mi espíritu “aspiracionista”, para qué negarlo, …sinceramente me nació la ilusión de, algún día manejar ese tipo de vehículos.

En aquellos años, al rancho no había llegado la energía eléctrica, él único aparato electrónico que me había tocado conocer era un radio de pilas en el que se escuchaban estaciones como la XEW, la XEX y la T grande de Monterrey; no había televisión para el entretenimiento, en todo caso mi diversión era escuchar y observar aves silvestres.

Debo confesar que, para mí, la curación de gusaneras, era un espectáculo fuera de serie y una mega oportunidad que ayudó desde temprana edad a definir mi vocación de zootecnista; como esa actividad, los demás trabajos del rancho eran apasionantes, así, por ejemplo, la ordeña diaria de vacas, de las cinco a las ocho de la mañana; aplicar algunas vacunas, los “baños garrapaticidas” al ganado los fines de semana, por mencionar algunas…

Por motivos de mi preparación escolar tuve que separarme del rancho, que después fue invadido y que finalmente acabamos por perderlo. Posteriormente, ya en la universidad, me enteré que el gusano barrenador del ganado se había declarado extinto del territorio mexicano hacia 1991. Incluso en los programas escolares sobre sanidad y parasitología animal, apenas se mencionaba esta plaga, pero no se le daba importancia por estar extinta en el territorio nacional. Con ello quiero resaltar que en México no hay expertos para combatir esa plaga; de manera emergente, recientemente se ha convocado a cursos y seminarios académicos para conformar equipos que puedan combatir la plaga, que aprenderán sobre la marcha…

En el año 2023, reapareció en México la plaga del gusano barrenador del ganado, las causas pudieron ser muchas, pero indudablemente, la principal obedece al descontrol y relajación en la aplicación de normas para la importación de ganado de Centroamérica por parte del gobierno mexicano, frente a la presencia de grupos armados que custodian caravanas de tráileres (conocidos como panzonas) y que inhiben la inspección de los cercos legales y sanitarios, bajo el argumento de que cada minuto que el tráiler permanece en la aduana o en la caseta sanitaria, la empresa importadora pierde fuertes cantidades de dinero por el vaciamiento de los animales que merman su peso, por la deyección, deshidratación, evapotranspiración y estrés. Como los animales no son debidamente inspeccionados y se evaden los tratamientos sanitarios, a los corrales de engorda del interior del país han llegado animales infestados y, en consecuencia, la plaga se ha expandido en el territorio nacional.

Cabe mencionar que, hasta el año 2003, la movilidad de ganado al interior de la República Mexicana no era tan dinámica.

Fue con la irrupción de la enfermedad de las Vacas Locas en 2003 en los Estados Unidos, cuando se bloquearon sus exportaciones de carne bovina en diversos países; que repuntaron las exportaciones de carne mexicana y empezó a crecer estrepitosamente la empresa de origen sinaloense Su Karne, que pasó de exportar 10 mil toneladas anuales a más de 500 mil toneladas en los años recientes.

En contraparte, la presencia de la plaga ha traído grandes pérdidas económicas para el sector ganadero nacional que se estiman en 2.76 mil millones $USD (Consejo Mexicano de la Carne, 2026). En principio, fueron cerradas las fronteras de Estados Unidos para la exportación de ganado en pie desde México (alrededor de dos millones 200 mil becerros por año). Es importante mencionar que la gran mayoría de los ganaderos de los estados del norte de México han invertido en infraestructura y genética para cumplir con las exigencias del mercado norteamericano que es especialmente exigente en la conformación del ganado que se exporta en pie. Esas inversiones eran compensadas con los precios que pagaba en dólares el mercado internacional, mientras que el mercado nacional no las paga, pues no se distingue la superioridad genética de esos animales.

Para el mes de agosto de 2026, se han abierto parcialmente dos pasos fronterizos para el ganado, el primero en el estado de Sonora y otro en el estado de Chihuahua; no obstante, apenas se logra exportar 10% del total de la oferta exportable.

Esta situación repercute en una sobreoferta de becerros para la engorda en el mercado nacional, una caída en los precios del ganado en pie que se traduce en pérdidas para los ganaderos, una mayor demanda de granos para la elaboración de piensos (especialmente maíz amarillo y pasta de soya, ambos ingredientes de importación).

A las pérdidas del sector ganadero habría que sumarle la preocupación del Sector Salud Nacional, por la aparición de casos de gusano barrenador en humanos.

El gobierno mexicano, por su parte ha gestionado ante el gobierno de los Estados Unidos, la puesta en marcha de una planta de radiación de moscas en el estado de Chiapas, con la finalidad de producir machos estériles que, mediante una campaña de expansión son liberados en el territorio nacional para aparearse con las hembras a fin de que éstas mueran antes de tener descendencia.

De conformidad con el ciclo reproductivo de Cochliomya hominivorax, las hembras se aparean una sola vez en la vida, luego buscan una herida, preferentemente en mamíferos, para ovopositar en ella. Una vez que los huevecillos son depositados en una herida, eclosionan larvas que se alimentan solamente de tejido vivo, de ahí el nombre de gusano barrenador del ganado. Para completar el ciclo, de manera resumida, las larvas salen de su huésped y se entierran en el suelo, donde pueden sobrevivir por varios meses como pupas, antes de convertirse en moscas adultas, dependiendo de la temperatura ambiental, el frío retarda algunos meses su ciclo. Las moscas adultas se alimentan de néctar de flores, luego se aparean para depositar sus huevecillos en otras heridas de mamíferos…

Cuando las hembras de la mosca se aparean con un macho estéril, morirán sin tener descendencia.

Las moscas siempre buscan heridas para depositar sus huevecillos. En el ganado estas heridas son comunes, por rasgarse con el alambre de púas, por cornadas entre ellos mismos; pero las presas más comunes suelen ser los mamíferos recién nacidos (de acuerdo con SENASICA, el 70% de las afectaciones han ocurrido sobre ganado bovino) debido a la exposición del cordón umbilical.

En el caso de los bovinos, el control se dificulta en las unidades de producción extensivas, debido a que los animales pueden sufrir heridas de un momento a otro, las vacas paren en los potreros y cuando éstos son muy extensos, resulta imposible hacer una revisión diaria para detectar gusaneras; aunado a ello debe considerarse que es imposible controlar gusaneras entre la fauna silvestre. En todo caso, las moscas estériles tendrán que hacer su trabajo.

Se estima que, la plaga del gusano barrenador del ganado llevará entre 15 y 20 años para su control, que no su erradicación total en el territorio nacional; como ya lo he advertido en otros artículos, el tema sanitario es crucial para el comercio internacional de productos del sector agroalimentario y en este caso, la plaga del gusano barrenador del ganado ofrece una gran oportunidad para los estudiantes de veterinaria y zootecnia.

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