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EL DÍA QUE EL HOY DETENIDO POR EL CASO AYOTZINAPA, ÁNGEL AGUIRRE, INTENTÓ ACALLAR LOS REPORTAJES DE EXPEDIENTE ULTRA

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* Hace una década, el ex gobernador de Guerrero, bloqueó en su cuenta de “X” (entonces twitter) a este columnista, tras publicar un reportaje sobre su responsabilidad en la desaparición de los 43 estudiantes de la Normal “Isidro Burgos”; donde denunciamos anomalías como la clonación de las patrullas de Iguala y el nepotismo descarado que mantenía a tíos y primos de Aguirre en la nómina de la narcopolítica que ahogaba al Estado. La respuesta del mandatario no fue dar la cara, a los hechos que hoy lo incriminan y, para su desgracia, hoy descubre que las carpetas de investigación no se borran en las pantallas de las redes sociales

Por Antonio Ortigoza Vázquez / @ortigoza2010

Especial para Expediente Ultra

Hay que tener buena memoria y un estómago a prueba de corajes, para recordar el Guerrero de hace una década. Mientras el país se convulsionaba de dolor e indignación por los hechos del 26 y la madrugada del 27 de septiembre de 2014 —con la desaparición forzada de los 43 normalistas de la Raúl Isidro Burgos, en Iguala—, en la cúpula del poder estatal se vivía una grotesca comedia.

En Acapulco, la política pretendía tapar los muertos y la sangre con circo de playa; ahí estaba el actor Andrés García, jugando a ser “Chanoc” en la tierra adoptiva de Tarzán, prometiendo “barrer a la basura humana” como candidato a alcalde.

Puro oropel de utilería para esconder el estiércol. En Expediente Ultra no nos tragamos el cuento; le pusimos nombre y apellido a la podredumbre; revelamos cómo el alcalde José Luis Abarca y su mujer, María de los Ángeles Pineda Villa, despachaban amparados por los Beltrán Leyva, bajo el cobijo de la bandera del PRD. Y señalamos sin titubeos al verdadero responsable del barco… el gobernador Ángel Aguirre Rivero, un expriista reconvertido en amuleto perredista que traía las manos manchadas de represión contra los normalistas desde su primer interinato en 1995, tras la masacre de Aguas Blancas.

Los datos de la propia hemeroteca institucional no mienten. Ahí están para la historia las declaraciones del entonces secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, señalando cómo Aguirre ignoró las advertencias directas para ponerle doble vigilancia a Abarca y evitar que se diera a la fuga, además de dejar al estado en el desamparo total, sin policías capacitados ni controles de confianza. Y peor aún, en los expedientes de la PGR (hoy FGR) constan las declaraciones de los propios capos de Guerreros Unidos, admitiendo sin empacho el financiamiento a la campaña “aguirrista” a cambio de impunidad.

Cuando en este espacio publicamos las patrullas clonadas de Iguala, el nepotismo descarado que mantenía a tíos y primos de Aguirre en la nómina y el tufo a narcopolítica que ahogaba al estado, la respuesta del mandatario no fue dar la cara. Fue el desplante del soberbio.

A este columnista, Ángel Aguirre optó por aplicarle el bloqueo directo en su cuenta de twitter, hoy “X” (@AngelAguirreGro). Una medalla que guardo con orgullo periodístico, la prueba inequívoca de que las columnas de Expediente Ultra le quemaban en las manos, le quitaban el sueño y le pegaban exactamente donde más le dolía. El señor creyó que con apretar un botón en la pantalla de su teléfono borraba la realidad de un estado entregado al crimen.

Incluso cuando la indignación nacional lo obligó a dejar el cargo por la puerta trasera, su camarilla intentó la chicanada al mandar a sus personeros a amenazar con que la gubernatura «se la habían prestado por seis meses» al interino y que el “aguirrismo” regresaría a reclamar el botín. El cinismo en su máxima expresión.

Tuvieron que pasar más de diez años para que el guion de la impunidad se le fuera al suelo, pues la reciente imputación formal de la FGR contra Ángel Aguirre —acusado de ocultar evidencias y manipular las primeras investigaciones del caso Ayotzinapa— es un golpe de autoridad impecable de la administración de la presidenta Claudia Sheinbaum. Un mensaje seco para los viejos caciques del sur, dejando en claro que los pactos de impunidad se acabaron y las carpetas de investigación no se archivan por compromisos de grupo.

El político que hace más de una década bloqueaba periodistas para no leer la podredumbre de su gobierno, hoy descubre que a la justicia federal no se le aplica un bloqueo. A Angelito se le agotaron los personeros, los favores políticos y la escenografía de Acapulco. El tiempo nos dio la razón… en la vida real, los tiranos de pueblo terminan sentados donde pertenecen: en el banquillo de los acusados.

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