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FRENAR LAS AMBICIONES PERSONALES DE POLÍTICOS, RETO PARA MORENA Y TODOS LOS PARTIDOS, EN 2027

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*  El domingo 6 de junio de 2027 estarán en disputa más de 3 mil puestos, entre ellos 17 gubernaturas, más de 2 mil presidencias municipales, 500 diputaciones federales, 30 congresos de las entidades federativas, regidurías, sindicaturas, razón por la que ya empieza a calentarse un escenario no solo competitivo sino polarizado y complejo, por la disputa del control territorial y legislativo por parte de los partidos “tradicionales” y los que conforman la llamada 4T; el reto es que se evite abrir paso a las candidaturas a personajes que ven la política como un negocio  y además pretenden reelegirse en perjuicio de la gente   

Por Antonio Ortigoza Vázquez / @ortigoza2010

Especial para Expediente Ultra

Como bien decía el general Heriberto Jara, primer jefe de la Marina en México (1940-1946), al retratar con agudeza histórica los vicios del poder desbocado y la vanidad de los advenedizos: “los hombres solo transitan momentáneamente con sus miserias mientras las instituciones y los pueblos permanecen, cobrando siempre de forma inexorable la factura a quienes anteponen el lucimiento personal al proyecto colectivo frente a una aritmética electoral implacable”.

En ese sentido, con tantos políticos, funcionarios y gobernantes vivales e incapaces que padecemos hoy en día, ¿cómo van a mejorar las condiciones de vida, de salud, de educación, infraestructura y de formación cívica de la población en su conjunto? ¿Con ellos, cómo se puede evitar el bajo nivel de vida que una gran mayoría de mexicanos, aún tenemos? Nomás echémosle una miradita al panorama.

Con todo, si a eso le agregamos el hecho de que el actual clima político a nivel nacional de cara a las elecciones intermedias ya empieza a calentarse, se visualiza un escenario no solo competitivo sino polarizado y complejo por la disputa del control territorial y legislativo por parte de los partidos “tradicionales” y los que conforman la llamada 4T.    

El domingo 6 de junio de 2027 estarán en disputa más de 3 mil puestos, entre ellos 17 gubernaturas, más de 2 mil presidencias municipales, 500 diputaciones federales, 30 congresos de las entidades federativas, regidurías, sindicaturas.

Y todos, todos, quieren una rebanada del pastel. Hasta ahora ni el proceso electoral ni las precampañas adelantadas han prendido entre la población, pero es obvio que, además del uso desmedido de las redes sociales, se siguen los rituales y las viejas fórmulas de los actos proselitistas placeros del siglo pasado.

En estos días, aunque prohibido, se han estado recreando los viejos protocolos del acarreo, los montajes, la repartición de dádivas, la exaltación de los suspirantes, las narrativas acartonadas, las promesas de siempre y un desmesurado y ostentoso despliegue propagandístico en redes sociales, donde van aumentado el número de sus apariciones para demostrar que en época de crisis no regatean esfuerzos en gastarse el presupuesto en repetirnos hasta la saciedad una agotadora repetición de lo mismo.

Y el estado de Hidalgo no es la excepción. Si bien, en el territorio hidalguense Moreno ganó contundentemente 54 municipios en la pasada contienda electoral, varios de los ediles y legisladores de esa gesta, ahora padecen un alarmante extravío de perspectiva que los está arrastrando no solo hacia el ridículo político, sino a la mediocridad, al auto percibirse como estrellas frívolas de las redes sociales.

De ahí que, ante el umbral del próximo proceso electoral el tablero hidalguense exhibe fracturas profundas que ponen en grave riesgo la estabilidad del movimiento, ante los notorios abusos e ineptitud de algunos de sus miembros que han olvidado que el ejercicio del poder no solo exige templanza y una lectura fría de la realidad social, sino una responsabilidad y un deber de actuar siempre de manera ética y justa en beneficio de los intereses del pueblo, no de ellos.

El punto es que, pese a que muchos de estos servidores públicos en activo han dejado una estela de rezagos y desaciertos en sus gestiones, ahora pretenden perpetuarse en el cargo mediante la vía de una reelección sustentada únicamente en el delirio personal y en la creencia fantasiosa de que poseen un liderazgo inmarchitable, lo cual constituye una apuesta suicida no solo para ellos, sino para el movimiento que representan.

¿Reelección?

En la capital hidalguense ya estamos hartos de escuchar a varios de ellos, transfigurados en paladines de la patria de tiempo completo, sin clemencia alguna de su parte, lo que solo ha provocado en muchos ciudadanos molestia, gran desdén, desesperación y desaliento.

¿Reelección?

¿Para qué? En general, muchos especialistas opinan que la reelección no ha cumplido con su objetivo primordial: profesionalizar el trabajo de los funcionarios reelectos y mejorar la rendición de cuentas.

De ahí que la presidenta Sheinbaum haya propuesto reformas constitucionales destinadas a erradicar no solo la reelección, sino también el nepotismo en todos los cargos de elección popular. Con ello, busca devolver al país a los principios originales de la Revolución Mexicana.

Sin embargo, a mediados de febrero de este año, el pleno del Senado aprobó dicha reforma; pero, le hicieron un cambio en el tiempo de su aplicación, pues no será en el 2027, ¡sino hasta el 2030!

¡Van por todo!

Dada esta circunstancia, en nuestro querido Estado, la guerra por las reelecciones está a todo lo que da, por ello, el partido hegemónico requiere de una cirugía quirúrgica inaplazable en la selección de sus postulantes, descartando de tajo a todos los necios que han confundido la inercia exitosa de una marca política registrada, no solo con sus insignificantes gestiones, sino con sus méritos propios inexistentes.

El punto es que si la dirigencia estatal morenista lo permite y cede ante las presiones de quienes ya demostraron que los cargos les quedaron enormes, en especial en la palpitante capital hidalguense, el costo político se pagará en las urnas con una derrota de pronóstico reservado, confirmando que en el oficio de la política, tropezar dos veces con la misma piedra, en este caso, impregnada de fanfarronería e incompetencia, representaría el preludio indiscutible de un naufragio político monumental.

Y es que, sin lugar a dudas, entregar las candidaturas con posibilidades de reelección en la sede de los poderes locales, considerando únicamente el capricho mezquino de perfiles desgastados y arrogantes, equivaldría a abrirle las puertas de par en par a la de por sí oscura, deslavada y corrupta oposición, mediante autogoles imperdonables.

Morena debe aplicar con todo rigor los candados anunciados para que quienes sencillamente no merecen reelegirse, sean descartados por el bien de este partido y de la ciudadanía.

Ya lo advertía aquel antiguo adagio del derecho romano que sentencia que “la ley es dura, pero es la ley” (“dura lex, sed lex”) recordando que las normas del juego democrático operan con severa precisión para castigar los desvíos, los caprichos y las veleidades de una obstinada cúpula política ante su propia medianía. Y la ciudadanía como la gran sancionadora.

El hecho es que la 4T, en especial Morena, el verdadero Morena, vive detrás de una cortina de humo, tratando de ocultar sus resquebrajaduras, de aplacar a sus tribus y de homogenizar las ideas de sus miembros.  Y hoy sus dirigentes tienen todo para demostrar que la competencia ya la entienden y que los caprichos serán desechados.

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