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Intervencionismo y El Desempleo

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Por Rodolfo Sosa Cordero

Rodolfo Sosa Cordero

Ya que decretaron aumento a los salarios mínimos, y con el TMEC salarios de $ 16 USD/hora para la manufactura de autos que se van a exportar, escribí esto al respecto.

Para empezar vamos a suponer que el empleo significativo en la sociedad es tarea del sector privado de la economía, que no somos, al menos declaradamente una sociedad comunista o socialista (es lo mismo), esto por definición implica que los medios de producción están mayoritariamente en manos de particulares, por tanto, el empleo debiera de provenir también en su mayor parte del sector productivo y no del sector público.

La diferenciación entre empleos que provienen del sector público y los que provienen del sector privado es muy importante, los primeros no producen riqueza, son parasitarios a la economía dependen para subsistir del dinero que el gobierno retira a los particulares mediante su poder de coerción y compulsión, esto es, el expolio fiscal, los impuestos, deuda pública y finalmente inflación. Por tanto, existen trabajos buenos y malos, los buenos generan riqueza y bienestar para la sociedad, los malos no.

En los países totalitarios como en la extinta Unión Soviética que clamaba que no existía el desempleo, que eso, era una enfermedad del capitalismo. Ahí, en su tasa cero de desempleo estaban los que hacían el equivalente a cavar hoyos, seguidos de otros que los tapaban.

En su libro “Socialismo” Ludwig von Mises escribe que “La política intervencionista ofrece a miles y miles de personas trabajos seguros, plácidos y no demasiado exigentes a expensas del resto de la sociedad”. La burocracia cuando paga impuestos, tan sólo regresa una porción en cambio el trabajador privado es un pagador neto de impuestos.

Lo que escribe Mises es bien cierto, trabajos seguros, esto es la posibilidad de despido es ínfima, tienen asegurada su jubilación con pensión, muchas veces con percepciones mayores a cuando estaban en activo y no son nada exigentes. El “funcionario”, puede pasar la vida entera bastante bien con un mínimo de esfuerzo, siguiendo las “reglas” de su sindicato y de sus jefes y esperando aumentos escalafónarios por antigüedad. Vida plácida y segura sin demasiados sobresaltos. Es por eso que muchos jóvenes, aspiren a ser “funcionarios”, particularmente en países como Francia, España y, en general todos los países social democráticos en donde el Estado de Bienestar ha sentado sus reales, por supuesto México e increíblemente en los Estados Unidos, país en que en una década ha tenido una explosiva expansión burocrática originado en socialistas como los del partido Demócrata.

Para la creación de estos empleos no es necesaria más que la voluntad de los políticos y meterlos al presupuesto, no hay consideraciones de nada más. Una nueva agencia, instituto, inspectores de reglamentación, lo que sea, siempre el gobierno voraz en expansión hallará los caminos para incrementar su ejército de ciudadanos al servicio del estado, servidores públicos o “funcionarios”.

Pero los asuntos se tornan mucho muy diferentes cuando se trata de crear empleos productivos, esto es empleos que producen riqueza.
Por supuesto y para empezar se necesita que existan empresas, entre más mejor que demanden de los servicios personales de la población. Esto va ligado al asunto del crecimiento económico y éste a su vez al problema de la acumulación y su posterior inversión de capital.

Sin embargo, el problema del desempleo va más allá. Existe un problema de desconexión entre los que están dispuestos a trabajar y los empresarios que los contratarían.

Esa desconexión se llama asequibilidad. Ahora las empresas no pueden contratar nuevos trabajadores, lo tienen que pensar muy pero muy bien antes de crear una nueva plaza. Por el contrario, les dejan ir. Por eso el desempleo es alto, está en dobles dígitos como proporción de la fuerza productiva. Y el problema continuará extendiéndose, inexorablemente mientras existan barreras para la contratación entre empresarios y trabajadores.

Para explicarse el desempleo no se busca en las políticas relacionadas con los salarios y las leyes laborales, no se busca en los sindicatos y la asistencia y garantía de estas políticas públicas erradas por parte de los gobiernos.

Esas son las barreras, trabajo hay, mucha gente podría trabajar, pero el trabajo es un costo que incide en los precios de los productos o servicios, y es demasiado caro pagar por el trabajo que se tiene que hacer. Todas esas leyes “justas” para los trabajadores que tienen empleo no hacen sino encarecer el costo del empleo, y no sólo eso, producen enormes efectos colaterales, como posibles demandas de un trabajador despedido que se traducen en litigios onerosos y largos, siendo estas entre otras la principal razón para que el empresario limite lo más que sea posible la contratación de empleados. ¿No es absurdo que se vea a la contratación de un empleado como un ya no me queda más que contratar, en lugar de vamos a contratar si las cosas van mal lo puedo fácilmente despedir? Esto, es la falta de asequibilidad, contratar es como una trampa de la que no es fácil salir, resultado, el desempleo continua inalterado.

El empleo debiera ser un asunto contractual, libre entre dos partes: El empleador y el empleado, las condiciones y términos del contrato debieran también ser un asunto entre éstas dos partes involucradas, y sólo entre las partes implicadas: Yo necesito de tus servicios personales para esto y aquello, durante tanto tiempo y por ello y te voy a retribuir con tal suma de dinero. Si está de acuerdo el que será empleado firmarán el contrato y se acabó el asunto. Uno se pone a trabajar prestando sus servicios personales y el otro a pagar por ello durante el tiempo estipulado.

¡Pero no! Tienen que meterse terceros al contrato. Estos terceros son la intervención del gobierno y los sindicatos que suponen que, por un lado el empresario es un rufián explotador, y por el otro, que el trabajador es una víctima de la explotación del perverso capitalista que siempre va a querer que el trabajado lo haga por el mayor tiempo y con el más bajo sueldo posible. Así, que intervienen y obligan a introducir cláusulas en el contrato que de otra forma no estarían ahí. Resultado final, como al empresario le es muy onerosa la contratación bajo estas condiciones pospone lo más posible emplear, y ¡bravo! Lograron que alguien que estaría dispuesto a trabajar bajo las condiciones propuestas por el empresario no lo pueda hacer. La ley, la intervención del gobierno lo desempleó. Seguirá buscando, probablemente infructuosamente hasta que algún empleador le dé el empleo anhelado ¿Y mientras?

Debe enfatizarse que aunque genéricamente estoy usando la palabra salario, en realidad me refiero no sólo al efectivo que recibe el trabajador, existen muchos más componentes en el salario, que acaban aumentándolo considerablemente,

  • El alto impuesto al trabajo que roba recursos a empleados y empresarios.
  • Las leyes que amenazan a empresas con pleitos si se despide al empleado.
  • Las leyes que establecen miríadas de condiciones para contratar más allá de la condición basada en el mercado que es la que importa: ¿puede hacer el trabajo?
  • Los beneficios obligatorios que los empresarios deben proveer a cada nuevo empleado bajo ciertas condiciones.
  • El impuesto en las retenciones que impide a empresarios y empleados llegar a acuerdos entre sí.
  • Las restricciones de edad
  • Las restricciones en horas de trabajo, por ejemplo, no se puede en muchos países como en México contratar por unas cuantas horas. O en otros se reduce a 35 horas a la semana.
  • Los impuestos de la seguridad social y de la renta que juntos devoran casi la mitad de las rentas de nuestros contratos.
  • El reparto de utilidades obligado a los trabajadores que no son más que un impuesto sobre la renta más, que se suma a aquel y que merma la rentabilidad de las empresas.
  • Las leyes sindicales que permiten a los matones saquear una empresa y alejar a trabajadores a los que les encantaría tener la oportunidad de ofrecer sus servicios por menos.

Todas estas son algunas de las barreras de que hablaba, todas ellas inciden en complicar las cosas para poder emplear.

Salarios Mínimos, Salarios Impuestos son Desempleo

Las leyes que imponen salarios mínimos, tanto en forma general, como en forma particular impuesta por los contratos colectivos de los sindicatos son leyes que literalmente matan el empleo sobre todo de trabajadores bisoños o sin habilidades especiales.

¿Qué está mal en las leyes que fijan un salario mínimo “decente” y un número específico de horas? Esta pregunta ha propiciado intensos y acalorados debates. Por ejemplo el extinto senador Edward Kennedy, argumentaba acaloradamente defendiendo que el salario mínimo impuesto por el gobierno era ni más ni menos que el asunto es ni más ni menos lo que define a nuestra sociedad. Si se premia al trabajo, si se tiene respeto por los individuos que trabajan duro y juegan siguiendo las reglas, si vamos a seguir las grandes enseñanzas de Cristo que inspiran a muchos de nosotros en términos de nuestras responsabilidades con nuestros conciudadanos, seres humanos. Y si creemos en los principios fundamentales de nuestra ética Judeo-Cristiana no podemos cuestionar que deberá existir un salario mínimo que le proporcione al trabajador el mínimo de condiciones para vivir con dignidad.

Seleccioné a Ted Kennedy y no discursos marxistas de explotación, para poner en relieve lo cargado de emociones que está el asunto. Al leer lo dicho por el senador Kennedy cargado de emoción, esta vez invocando a las enseñanzas religiosas no puede uno más que aceptar que es bastante persuasivo.

El problema es que en el mundo real, las leyes de salarios mínimos no contribuyen de forma alguna para ayudar a los pobres. Por el contrario, incrementa el número de desempleados, y en consecuencia de pobres, en el mundo real.

¿Por qué? Por qué entiéndase, el salario es un precio, un costo, si éstos suben, se podrá comprar menos de eso, y ese eso es trabajo humano y esto se acentúa con la gente que no tiene estudios ni habilidades especiales.

El fijar un precio de un factor de producción es intervencionismo, el fijar el nivel mínimo de los salarios y peor aún el fijar tal como lo hacen los sindicatos, mediante salarios escalonados, lo que llaman escalafón es de la mayor importancia práctica para entender el desempleo. Así tenemos por un lado a un gobierno y a unos sindicatos que fijan los salarios que deben pagársele a la gente, y por el otro lado tenemos a todos aquellos, desempleados, que estarían dispuestos a trabajar sin acatar estas órdenes impuestas. Los salarios arbitrariamente fijados por gobierno y sindicatos tienden a causar el desempleo de porciones cada vez más importantes de la población. Aquí, en algunos países, no en México, el gobierno otorga un alivio mediante subsidios al desempleo o seguro de desempleo. En México y en muchos países de América Latina donde no existe tal seguro, el desempleado es forzado a buscar en la economía informal o la migración para subsistir.

Los economistas están de acuerdo que los salarios son un fenómeno de mercado por lo que existen fuerzas operativas en el mercado tales que si los salarios tienden a salirse de su precio (nivel) correcto tienden a regresarlos a un punto tal que esté de acuerdo con el mercado, no es posible darle así no más por que sí mayores salarios a los trabajadores, sus salarios se convertirán en inflación y pérdida de competitividad en las empresas en las que laboran y más temprano que tarde, en términos reales, no nominales, sus salarios retornarán al nivel que el mercado les impone. Si, por el contrario, los salarios caen por debajo de su precio de mercado, los emprendedores que buscan empleados competirán entre sí elevando los salarios. Si los salarios crecen más allá de las condiciones impuestas por el mercado, una parte de la demanda por trabajadores será eliminada y la presión de aquellos que han quedado desempleados forzarían los salarios a la baja otra vez. Aún Karl Marx estaba de acuerdo que es imposible que los sindicatos suban permanentemente los salarios más allá de las condiciones de mercado. Los sindicatos por supuesto nunca han respondido a este argumento meramente se han abocado a condenar a la economía como “una ciencia atroz e inhumana”.

El negar que el aumento de salarios arbitrario, no acompañado por aumentos en la productividad, más allá de un punto prescrito por las condiciones del mercado debe necesariamente lleva a una reducción del número de trabajadores empleados es equivalente a decir que el tamaño de la oferta, esto es de los que buscan trabajo no tiene influencia en el nivel de los salarios. El que los salarios en México sean mucho menores que los equivalentes para trabajos iguales en Alemania o EU, se debe a que en esos países el capital invertido por habitante es mucho mayor, esto es, hay más empresas, más empleadores y por tanto mayor facilidad para absorber con mejores salarios a los trabajadores.

Así que debe de entenderse ante todo que los salarios son un fenómeno de mercado y que en un determinado momento su nivel está determinado por la oferta de trabajadores y por supuesto que también de los demás factores que intervienen en la producción y la demanda de los consumidores. Si por un acto de intervención los salarios son impuestos a un nivel superior al del mercado una porción de la gente disponible para trabajar no podrá ser empleada y aparece el desempleo. Es exactamente lo mismo que sucede con las materias primas, si el productor de éstas pide un precio más alto que lo que ofrece el mercado se quedará con su mercancía y no podrá venderla.

Lean cualquier relato de la historia económica desde la Baja Edad Media hasta el siglo XIX y traten de encontrar alguna evidencia de la existencia de desempleo. No la encontrarán. ¿Por qué? Porque el desempleo prolongado es un elemento del mundo moderno, creado por el estado intervencionista. “Nosotros” tratamos de curarlo y “nosotros” acabamos haciendo lo contrario.

Todo lo que hay entre la terrible realidad presente de tasas de desempleo con dobles dígitos y el desempleo del 0% son los políticos y los sindicalistas que se muestran neciamente incapaces de reconocer su error. ¿Cuánto tiene que subir más la tasa antes de que admitan el error?

Seguirán insistiendo, como el senador Kennedy, que se requieren buenos salarios remuneradores, no queremos “explotación” dirán. Con esto no hacen más que afirmar que es mejor estar sin un centavo de ingresos, que explotado. Si por el salario actual es explotación deberíamos de crear más desempleo fijando el salario mínimo en mil pesos al día. Con esta medida, sin lugar a dudas que acabaríamos con la “explotación”, pero aumentaríamos el desempleo al 99 % de la PEA.

Les propongo, por tanto, una definición de explotación que proviene de las obras de William H. Hutt: violencia o amenaza de violencia implícita en la negociación de cualquier cosa que afecte a la vida de un trabajador o empresario. En ese sentido, el sistema actual es una explotación. A los trabajadores se les roban los salarios. A los empresarios se les roban las utilidades y la capacidad de crecer e invertir. A la gente pobre y la gente joven especialmente se les roban las oportunidades.

¿Y quién es el responsable de esta explotación de sistema? El intervencionismo del gobierno, de quien más.

¿Qué pasaría sí las barreras que he enlistado que evitan el empleo se eliminaran, al menos las más importantes? Bastaría con una acción del Congreso para hacerlo, estoy totalmente seguro que la tasa de desempleo bajaría muy rápidamente. Sería mucho más fácil otorgar y en consecuencia obtener un empleo. Habría asequibilidad.

Dependiendo de la credibilidad de la nueva política, las empresas empezarían a contratar inmediatamente. Sería algo digno de contemplar: Sin embargo, esta nueva política tendría que ser algo seguro y no algo que se anule en unos pocos meses, no una medida de “emergencia por la crisis”. Nadie quiere invertir en empleados sólo para luego deshacerse de ellos. Así que no podría haber fecha de expiración en la nueva política de laissez-faire.

Desgraciadamente AMLO, su partido MORENA

tienen el sartén por el mango: Si no hacemos nada es continuar con el intervencionismo, leyes “justas” para los que ya están empleados, que se traduce en… desempleo, pobreza, y tensiones sociales. Presionemos divulgando ideas de economía sólida lo más que se pueda, para incidir en el conocimiento de la gente, aún «del pueblo» para tener empleo, crecimiento económico y prosperidad. Razonemos responsablemente que es lo que queremos.

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