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LIMÓN Y LOS “OTROS DATOS”

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+ Hace 10 años, a 100 pesos el kilo de limón por cuota templaria

Por Martha Elba Torres Martínez

Desde que llegué a Michoacán en 1988, escuché de aquella vieja rivalidad entre este estado y Colima respecto a cuál ostenta el título del primer productor nacional de limón. La página de la SADER del Gobierno de México, en 2018 y con datos de 2017, se la otorgo a Michoacán con más de 40 mil hectáreas cultivadas principalmente en Buenavista, Tepalcatepec, Aguililla y Apatzingán.

A partir de la segunda quincena de diciembre pasado y en plena euforia navideña, se registró en Morelia y en el país un abrupto disparo en el precio del limón: de 12 o 15 pesos el más grande y jugoso, a 30 pesos; el “chirgo” -así le dicen aquí al de Colima por chiquito y seco, en 20 pesos. Hoy, se compra en 60 pesos en tianguis y 70 u 80 pesos en tiendas de autoservicio.

El 16 de enero, la Profeco reportaba que en la Ciudad de México el limón de Colima se vendía a 79.90; el precio, de acuerdo a una nota de Infobae, había subido más de 150 por ciento “en el último año”. No. Debió decir en el último mes.

El gobierno lopezobradorista vía SADER, le echó la culpa del drástico aumento, al clima y a una famosa cervecera que “recientemente” había lanzado al mercado la chela con limón, “lo que se tradujo en una mayor demanda”. Tiene añísimos la michelada en lata.

En Michoacán, los “otros datos” apuntan al crimen organizado que ha vuelto a imponer “cuota” a los productores de entre 70 mil y los 100 mil pesos; a los comerciantes de la central de abastos el “tiro” es de 50 mil; negocios en pequeño ya comenzaron a ser “visitados” por hombres de mala facha.

Hasta donde se sabe, no hay denuncias formales sobre estas extorsiones por los riesgos que implica, pero obligadamente el gobernador Alfredo Ramírez Bedolla ya lo debe de saber porque es vox populi en el estado y la suspicacia no deja de atribuir la permisividad a los grupos criminales por su eventual apoyo en las elecciones de junio pasado.

Hay que recordar que la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) reconoció que hubo “mano negra” pero fue tantita…

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El presidente López Obrador ha insistido en que se denuncien los delitos, sean los que sean. Pura hablada. Porque a los criminales, abrazos, y a sus parientes, amigos y colaboradores, la cobija de la impunidad.

El hermano Pío, la prima Felipa, Bartlett y su hijo, Irma Eréndira Sandoval, Zoé Robledo; Carlos Lomelí, el fiscal Gertz, Santiago Nieto, Cuauhtémoc Blanco; Florencia, Sheinbaum, Marcelo y Mario Delgado con la Línea 12 del Metro y Delfina; los depredadores sexuales Félix Salgado y Pedro Salmerón bien protegidos y le avienta la caballería con tres solicitudes de extradición a Andrés Roemer.

Y todavía escuchar a la ex feminista Malú Mícher exigiendo denuncias formales de las mujeres víctimas de violación y acoso sexual. ¿Qué pasó con Basilia y Marxitania en su denuncia contra Salgado? ¿Qué pasa con Adriana, víctima de Salmerón a los 19 años?

Hoy la senadora morenista les exige pruebas a las víctimas porque las que acusan deben demostrar el delito. Entendamos entonces, que hay que llegar al Ministerio Público con el cuchillo clavado en la panza y las violadas con el video del momento de la agresión.

Y todavía tiene la desvergüenza Mícher de decir que desde el movimiento feminista ha luchado por el acceso de las mujeres a la justicia. Pues que pinche rápido se le olvidó.

Pero estoy con los limoneros. ¿Quién diantres, en Michoacán, va a denunciar que le están pidiendo cuota si más tardan en llegar al MP que enterarse los malosos?

Coincidentemente, en diciembre de 2012, bajo el reinado del cártel Templario y el asedio a la producción de limón, el precio del cítrico en el mercado nacional alcanzó los 100 pesos. La “maña” controlaba todo y las denuncias formales y mediáticas llovían. Bueno, estrellas del firmamento noticioso venían a hacer sus crónicas y reportajes. Ese caos y ausencia de Estado de Derecho fue lo que precisamente detonó en febrero de 2013, el surgimiento de las autodefensas, primero en Buenavista y Tepalcatepec y luego se extendió a otros municipios.

El punto de quiebre se dio el 13 de abril, con la masacre de 14 limoneros de Buenavista que habían acudido al aniversario luctuoso de Emiliano Zapata en Cuatro Caminos para solicitarle al secretario de Gobierno, Jesús Reyna García, garantías para reestablecer la cadena productiva del cítrico, porque todos, productores y consumidores perdían, menos la “maña”.

En enero de 2014, el entonces presidente Peña Nieto arma el plan de rescate integral de Michoacán y manda a Alfredo Castillo para acabar con los templarios. El virrey, efectivamente vapuleó a los templarios pero también acabó con las arcas del estado. Nunca jamás rindió cuentas sobre los recursos federales y estatales que manejó.

Medianamente retornó la paz y desapareció el cobro de cuota y piso; las células remanentes del crimen se reorganizaron y formaron lo que conocemos hoy como Cárteles Unidos. ¿Quién esta cobrando el “impuesto”? Quién sabe.

¿Cuál es la diferencia entre la crisis del limón hace una década y la actual? Que antes al crimen, por lo menos los frenaban a balazos; hoy, abrazos.

Para los oídos del autócrata, la supuesta baja de 32.3 por ciento en la incidencia delictiva en el primer trienio, ha de haber sonado a canto de pájaros para autoconvencerse de que su estrategia funciona.

Lo que Rosa Icela Rodríguez no le recuerda porque le tiene miedo, es que las cifras se soportan sobre delitos reportados y solo uno de cada 10 se formalizan en denuncia. De ahí que siete de cada 10 mexicanos se sientan inseguros.

Ya de Michoacán ni hablar: se ubica al día de hoy, entre los primeros seis estados con más homicidios dolosos.

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