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LOS SILENCIOS QUE DELATAN: EL CASO ADÁN AUGUSTO

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Por Víctor González Herrero / @VicGlezHerrero

Los escándalos no sorprenden en la política mexicana. Lo que sí inquieta —y hasta sacude— es cuando los engranes de poder comienzan a descomponerse justo en el tercio inicial de la administración Sheinbaum. El reciente señalamiento contra Adán Augusto López Hernández, exsecretario de Gobernación y una de las figuras más cercanas al presidente López Obrador, por su presunta relación con su exsecretario de Seguridad Pública en Tabasco, Hernán Bermúdez Requena, acusado de vínculos con el crimen organizado, ha destapado un tema que el lopezobradorismo prefería mantener bajo la alfombra: la fragilidad ética en algunos círculos del poder morenista.

La investigación periodística que dio origen a la controversia apunta a una red de complicidades que habría permitido el crecimiento de células criminales en Tabasco durante el mandato de Adán Augusto como gobernador. Bermúdez Requena, un personaje de bajo perfil, pero de gran influencia operativa, ha sido vinculado con cárteles del sureste, y ahora su cercanía con el primer círculo tabasqueño levanta serias interrogantes sobre cómo se tejieron los hilos de poder y protección durante aquellos años.

Lo que parecía un golpe mediático menor, comenzó a tener repercusiones fuertes. No se trata solo del descrédito de una figura en lo individual, sino del desmoronamiento de una narrativa: aquella que sostenía que en la Cuarta Transformación la lealtad al presidente garantizaba honestidad automática. Porque si alguien se benefició políticamente de esa lógica fue, precisamente, Adán Augusto, promovido como «el más cercano», «el operador de Palacio», e incluso, por momentos, el «plan B» presidencial en la sucesión.

Pero el golpe va más allá de la figura de Adán. Lo que está en juego es la credibilidad del proyecto de nación de Morena en vísperas de procesos electorales clave. En 2027, Baja California de Marina del Pilar Ávila Olmeda, Baja California Sur de Víctor Manuel Castro Cosío, Campeche  de Layda Sansores San Román, Chihuahua de María Eugenia Campos Galván, Colima de Indira Vizcaíno, Guerrero de Evelyn Salgado Pineda, Michoacán de Alfredo Ramírez Bedolla, Nayarit de Miguel Ángel Navarro Quintero, Nuevo León de Samuel García Sepúlveda, Querétaro de Mauricio Kuri González, Quintana Roo de Mara Lezama Espinosa, San Luis Potosí de Ricardo Gallardo Cardona, Sinaloa  de Rubén Rocha Moya, Sonora de Alfonso Durazo Montaño, Tlaxcala de Lorena Cuéllar Cisneros y Zacatecas de David Monreal Ávila, acudirán a las urnas para renovar las gubernaturas.

Para los estrategas de Morena, el caso Adán Augusto se convierte en un problema importante. Primero, porque el exsecretario todavía conserva influencia en muchas estructuras estatales y locales; segundo, porque el mensaje que se transmite a la opinión pública es contradictorio con la promesa presidencial de separar el poder político del poder económico… y peor aún, del poder criminal.

A nivel nacional, la oposición intenta sin lograr mucho, aprovechar el escándalo. Aunque con moderación —en parte por la falta de figuras creíbles—, el caso les permite mantener viva la narrativa de que el lopezobradorismo no es inmune a la corrupción. En Jalisco, por ejemplo, donde Morena busca capitalizar el desgaste de Movimiento Ciudadano, este tipo de casos le resta fuerza moral. En Guanajuato y Guerrero, los opositores preparan discursos que vinculen a los candidatos morenistas con una supuesta “red de lealtades” al estilo Adán Augusto.

En Tabasco, la situación es aún más compleja. Aunque es tierra natal del ex presidente y bastión simbólico de Morena, el escándalo ya dividió al morenismo local. Las voces críticas internas que habían guardado silencio por disciplina hoy ven en la caída de Adán Augusto una oportunidad para disputar candidaturas o recuperar espacios perdidos. Los adversarios al interior del movimiento, que habían sido neutralizados por la cercanía de Adán con Palacio Nacional, comienzan a rearticularse con un objetivo claro: debilitar la corriente que dominó Tabasco durante los últimos diez años.

En este contexto, la posición de la Presidenta Claudia Sheinbaum también se vuelve delicada. Cuando fue candidata presidencial, buscó el respaldo de todas las corrientes morenistas, incluida la de Adán Augusto. Ahora, con el escándalo creciendo, decidió desmarcarse tácitamente buscando el fortalecimiento de la construcción de su proyecto presidencial. La respuesta ha sido clara: “No vamos a cubrir a nadie”.

En política, los engranes de poder giran con precisión hasta que uno se oxida. El caso Adán Augusto parece haber detenido momentáneamente la maquinaria narrativa de la Cuarta Transformación. De ninguna manera es un colapso, pero sí un recordatorio de que el poder, cuando se construye sobre la base de lealtades personales y no de principios institucionales, siempre está en riesgo de venirse abajo por su eslabón más débil.

Al Tiempo.

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