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LOZOYA, EL INSTRUMENTO

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El marzo de 1968, un pelotón del ejército de Estados Unidos incursionó en el pueblo de My Lai, en la provincia vietnamita de Quang Ngãi.

Al frente de la unidad iba el subteniente William Calley. Después de tomar el pueblo, Calley ordenó a sus hombres agrupar a los habitantes en una acequia y ametrallarlos. Entre 350 y 500 civiles murieron de esa manera.  

En el juicio militar por crimen de guerra a que fue sometido en 1969, Calley denunció que el comandante de su compañía, el capitán Ernest Medina, le había ordenado proceder de esa manera, pues decía que en Vietnam no había civiles, que todos eran miembros del Viet Cong.

El tribunal castrense que sentenció a Calley a cadena perpetua sostuvo que todo soldado está obligado a saber que es ilegal matar a civiles e incluso a enemigos que se rindan.

Y aunque el subteniente fue perdonado tres años después por el presidente Richard Nixon –un hombre que no era precisamente un faro en el cumplimiento de la ley–, este caso es citado con frecuencia como ejemplo de los límites éticos y legales que entraña el cumplimiento de las órdenes.

Ayer, en el inicio del proceso que enfrenta por operaciones con recursos de procedencia ilícita, en la venta a sobreprecio de la planta de fertilizantes Agronitrogenados, Emilio Lozoya Austin, exdirector general de Pemex, dijo al juez que había sido “sistemáticamente intimidado, presionado e instrumentalizado” a fin de que participara en los hechos delictivos que le imputa la Fiscalía General de la República (FGR).

El argumento fue repetido por su defensa: “En el marco de los hechos señalados por las y los agentes del Ministerio Público de la Federación, el señor Emilio Lozoya fue utilizado en su calidad de instrumento no doloso, en el marco de un aparato organizado del poder”.

Tanto Lozoya como sus abogados afirmaron que el imputado se encuentra colaborando con la FGR en “la edificación de un criterio de oportunidad” y que “en el momento oportuno denunciará los hechos cometidos, señalando claramente a las personas responsables y los cargos que ocupaban”.

Si un soldado en el campo de batalla tiene la obligación de discernir entre el bien y el mal, entre lo legal y lo ilegal, ¿qué puede decirse de una persona que, de acuerdo con las evidencias, comenzó a recibir sobornos desde antes de asumir funciones en el gobierno federal, a cambio favorecer a un particular, y utilizó el dinero para comprarse una residencia?

No puede descartarse, desde luego, que Lozoya haya recibido órdenes de sus superiores para actuar como lo hizo, pero presentarse como víctima de los hechos es ridículo, más allá que de que tenga derecho de aspirar a la mejor situación legal posible.

Es claro que se benefició de los hechos delictivos que le atribuyen, aunque no asuma su responsabilidad. Además, ocultó la ruta del dinero –como muestran las pruebas– y huyó para no enfrentar las consecuencias.

Si de alguien puede ahora ser instrumento Lozoya es de quienes buscan obtener beneficios políticos de este proceso. En casos de corrupción como el de la venta de Agronitrogenados, todos los participantes y beneficiarios de estos hechos merecen ser castigados.

El exdirector de Pemex no emergió de las sombras para cumplir con el deber ético y legal de informar sobre hechos ilegales que le constaban. Fue detenido en España cuando se ocultaba en una zona residencial de lujo. Hoy está extrañamente en la cama de un hospital –situación que el juez le refrendó anoche en su fallo–, esperando un arreglo con la Fiscalía a cambio de cantar lo que sabe.

BUSCAPIÉS

*Ayer por la mañana, hora de México, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, anunció que a partir del jueves será obligatorio el uso de cubrebocas en la capital española. Minutos después, en la conferencia mañanera del presidente Andrés Manuel López Obrador, el subsecretario Hugo López-Gatell se aventó un enredado rollo de 10 minutos para seguir justificando que el gobierno federal ya no digamos ordene, sino siquiera exhorte que todos los mexicanos adopten esta práctica. Horas después, México superó los 400 mil contagios acumulados de covid-19.

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