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RICARDO BAPTISTA, UN CHAPULÍN CON APETITO DE LANGOSTA

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*  El líder de los diputados de Morena en Congreso Hidalguense, vuelve a dar otra de sus acostumbradas maromas y ahora se dispone a cobrar como regidor en el municipio de Tula, pero no deberá extrañar a nadie que en unos meses pida licencia para regresar como diputado local a cobrar su “pago de marcha”, porque más que chapulin, Baptista se asemeja a esas plagas de langostas que todo lo devoran a su paso

Por Antonio Ortigoza Vázquez/@ortigoza2010

Sin el poderío y la gracia de los competidores olímpicos en salto triple, el morenista Ricardo Baptista –pese a  acusar los evidentes estragos de la avanzada edad–  no se queda atrás en el arte chapulinesco de las piruetas.

Primero pidió licencia en el Congreso estatal de Hidalgo para competir en los comicios municipales por Tula de Allende, después regresó al presentarse la “pausa” del proceso electoral, más adelante vuelve a pedir licencia para regresar a la lucha por la alcaldía de Tula.

En esos momentos, los militantes de Morena exudaban optimismo; todos sentían el triunfo en la bolsa y que las victorias aplastantes de 2018, cuando tomaron el control del Legislativo del estado, se repetirían sin problema alguno porque estaban convencidos que «su arrastre personal, su carisma (¡!) y su compromiso con el pueblo» los llevaría a un triunfo arrollador.

No fue así. Fueron terriblemente vapuleados (y un poco peor en Coahuila, donde el PRI bateó para 6-0 en diputados locales), pero no estaban preparados para ver la realidad, quisieron impugnar, pero el TEEH les dio palo, ya también el tribunal federal.

Después de gimotear, Baptista consultó su saldo bancario y decidió que era hora de presentarse de nuevo en el Congreso, para reclamar «su pago» en la caja.

Pero sucedió que cuatro días después ¡pidió licencia de nuevo! porque en la distribución de regidurías de representación proporcional, Baptista hizo bueno el refrán «de lo perdido, lo que aparezca» y decidió presentarse, bañado y peinado, a rendir protesta como regidor electo, por cierto, como resultado final de los comicios que impugnó como «fraudulentos».

Visto lo anterior, no es difícil pronosticar, desde los elementos de juicio que se desprenden, que poco antes que concluya su periodo en el Congreso, pedirá licencia como regidor, se presentará en la Cámara de Diputados y exigirá el «pago de marcha» como diputado y por el periodo en que fungió, con más pena que gloria, como presidente de la directiva cameral.

Y retornará a Tula a su sillón como regidor. El hueso es el  hueso.

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