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¿UNA RED SOCIAL MEXICANA?

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El presidente Andrés Manuel López Obrador ha abordado en varias de sus conferencias matutinas recientes el tema de la suspensión de las cuentas de Donald Trump en Twitter y Facebook.

Parece que eso lo ha afectado tanto que ayer dijo que llevará el tema de la “censura” en las redes sociales a la próxima reunión del G20 e incluso que su gobierno explorará la idea de lanzar una red social mexicana. 

“Nos importa mucho la libertad”, explicó López Obrador el miércoles pasado. “Por eso, sí es un tema (el de crear una red social mexicana) que va a ser tratado por nosotros (…) para garantizar la libertad y para que en México no haya censura”.

Llama la atención que el Presidente se haya interesado tanto en este tema a raíz de la suspensión de las cuentas de Trump. Y es que si su preocupación fuese exclusivamente la libertad, resultan difíciles de entender sus repetidas quejas sobre el trabajo de los medios de comunicación y el denuesto a periódicos y periodistas en sus mañaneras, así como su amenaza de acabar con el Instituto Nacional de Acceso a la Información.

Pero si va en serio su decisión de lanzar una red social nacional, aquí hay algo que comentar.

Primero, que el único país que ha hecho esto en serio ha sido la República Popular China. Y no para garantizar la libertad, sino todo lo contrario. Es bien sabido que en julio de 2009 –después de los disturbios en Urumchi– el gobierno chino cerró el acceso a Twitter, Facebook y otras redes sociales, y lanzó una red propia, Weibo, para sustituirlos.

En 2012, se obligó a los usuarios a utilizar sus nombres reales en Weibo, que es patrullada por centenares de censores para evitar la divulgación y diseminación de datos que afecten la imagen del Partido Comunista Chino.

Un caso famoso fue el choque de un Ferrari 458 Spider, un auto que costaba un millón de dólares, conducido por un estudiante llamado Ling Gu, hijo de Ling Jihua, el principal asesor del entonces presidente Hu Jintao. El vehículo iba a tal velocidad que cuando pegó en la barrera de un puente del periférico de Pekín, se partió en dos. Una acompañante del joven Ling quedó paralizada de por vida.

Imágenes del choque –ocurrido una madrugada de marzo de 2012– comenzaron a inundar Weibo. Pero cuando amaneció, toda referencia a los hechos, incluidos los rumores sobre la identidad del conductor, habían sido borrados de la red.

No sé a dónde llegaríamos si el control de las redes sociales quedara en manos de los “Estados nacionales”, como quiere López Obrador. El caso anterior muestra que los gobiernos, sobre todo cuando no tienen contrapesos, se pueden convertir en verdaderos censores. Eso ya lo vivimos en México en los años del autoritarismo priista, cuando las portadas de los diarios y el contenido de los noticiarios de radio y televisión eran revisados en Gobernación.

Además, hay que preguntarse si el país no tiene otras prioridades, en estos momentos de pandemia, que crear una red social nacional. ¿Acaso se tiene una idea remota de lo que eso costaría?

De acuerdo con Zach Ferres, especialista en tecnología, tan sólo la parte informática de una red social resulta carísima. “Sólo para dar perspectiva –escribió en el sitio KillerStartups.com–, escribir un millón de líneas de código de computadora puede costar entre 20 y 40 millones de dólares. Esto incluye los salarios de los programadores, analistas, redactores, diseñadores y responsables de proyecto. Facebook tiene como 60 millones de líneas de código. Y eso es sólo su sitio principal (…) E incluso si puedes pagar el costo de construir el sitio, después tienes que atraer usuarios, lo cual cuesta mucho dinero mediante tareas de mercadeo. Facebook ha gastado miles de millones de dólares para conseguir sus usuarios”. 

Parece que eso no se ha tomado en cuenta, como tampoco que muchos de los gobiernos de los países del G20 manifestaron su disgusto con la toma del Capitolio por parte de los simpatizantes de Trump, que fue el motivo para suspender las cuentas del presidente estadunidense. Entre ellas, la canciller alemana Angela Merkel, famosa por una frase que ha sido muy citada en las redes en estos días: “La libertad de expresión tiene sus límites”.

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