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A Otlica, lo tenía sentenciado el Consejo Indígena

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El alcalde asesinado

AMBIGÚ 

* Nahuatzen, donde la “justicia” se impuso a la ley

 

 

Por Martha Elba Torres Martínez/ Semanario Los Periodistas

“Si hay que optar entre la ley y la justicia, no lo piensen mucho, quédense con la justicia”, dijo la semana pasada el presidente López Obrador. Y pareciera que en Nahuatzen, algunos se lo tomaron literal, con la vida del alcalde David Otlica Avilés.

El pasado martes 23, a eso de las 3 de la madrugada, el edil fue sacado por la fuerza de su casa en la tenencia de San Isidro, por unos hombres armados y subido a un auto Ford Mustang rojo, de acuerdo con las primeras versiones.

A eso de las 9.30 del día, su cuerpo, atado de pies y manos, fue hallado en un paraje de Las Mesas, en el municipio de Coeneo. Y ojo, no fue asesinado por arma de fuego, sino por “hemorragia intracranial, tras un corte contundente como herida de un instrumento”, según reveló la necropsia.

Ayer, el Fiscal General del estado, Adrián López Solís, dio a conocer la detención de un presunto responsable del asesinato. Se trata de Gerardo A, quien, según el funcionario y con base a las declaraciones de la esposa de Otlica, ingresó solito a la casa, lo amagó con un arma de fuego y se lo llevó en el auto. Tanto la unidad como un machete que se encontró dentro, están asegurados y el sujeto, puesto a disposición de la autoridad jurisdiccional.

El fiscal no entró en detalles sobre el móvil y si hay más responsables, por los primeros testimonios que fueron varias personas las que levantaron a David, pero la investigación sigue abierta. Eso sí, corrió la versión de que el detenido sería el padrastro de la “pareja sentimental” del alcalde.

A ver: ¿otra mujer? Ese término es muy ambiguo, pero muy oportuno para desechar, mediáticamente, cualquier sospecha sobre quienes sí se la tenían sentenciada: integrantes del Consejo Indígena de Nahuatzen. La relación de Gerard A con este grupo, tampoco fue revelada…

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Horas antes del levantón y homicidio, el edil, había estado en la comunidad de Sevina, donde acordaría los mecanismos de asignación del presupuesto directo, tal como lo mandataron órganos electorales que otorgaron a los consejos indígenas esa prerrogativa, incluidos los de la cabecera Nahuatzen, Arantepacua y Comachuén. El problema para el joven alcalde, es que las cuentas del gasto nunca son claras y al que se le fincan responsabilidades es a él.

David Otlica, los menos de ocho meses que estuvo al frente del municipio, nunca pudo gobernar en paz.

Los problemas comenzaron desde las elecciones de julio pasado, cuando el Consejo Indígena de Nahuatzen, tras el reconocimiento de la Suprema Corte de Justicia de la Nación del autogobierno a comunidades, decidió que no habría elecciones en el municipio, por tanto, tampoco campañas. Pero Otlica, registrado por el PRD y Partido Verde, desafió el veto y trabajó el municipio.

Sin duda, en Nahuatzen, las campañas y la propia jornada electoral, fueron muy difíciles, en un municipio plagado de grupos criminales, disputas por la tierra y ambiciones personales de propios caciques políticos indígenas.

El 15 de mayo de 2018, de paso por la cabecera con rumbo a Coeneo, una camioneta que transportaba propaganda de la candidata a senadora del PAN, Alma Mireya González, fue saqueada y quemado el material.

Aun así, salvo en la cabecera, se realizaron las votaciones y ganó el perredista Otlica Chávez, pues la no instalación de 12 casillas, para los órganos electorales, no alteraba el sentir de la población que tuvo que trasladarse a otras comunidades para sufragar.

Pero todo es cuestión del dinero y de la influencia que tienen las bandas criminales en la región, repetía una y otra vez, el joven alcalde. Todavía el 25 de marzo y el 1 de abril, David exigía a las autoridades estatales y federales, cubrir los vacíos legales que asignaban presupuestos directos a las comunidades indígenas, pero sin mecanismos de fiscalización. Y advirtió que urgía atender el asunto, porque se siguen reconociendo autogobiernos en otras regiones del estado, como Quiroga, la Cañada de los 11 Pueblos y Tingambato.

Bueno, para no ir tan lejos, ese mismo martes 23, apenas encontrado el cadáver de David, en Paracho, un grupo de comuneros de Pomacuarán, de forma violenta, sacaron de la presidencia municipal a tres regidores a quienes mantuvieron cautivos hasta que no se les entregara “su dinero”. Al edil no lo pudieron zangolotear, porque lo impidieron los poquitos polícías que estaban en el lugar.

Pero siguiendo con el caso Nahuatzen, por ejemplo, de 30 millones de pesos que recibieron los concejos de la cabecera y Arantepacua, para ejercer durante 2018, sólo comprobaron gastos por unos 14 mdp, el resto tuvo malversaciones financieras, según consta en sus propios informes.

Hay que aclarar, que el presupuesto para este año es de 85.8 mdp, por lo que entre lo que tenía que repartir a las comunidades, Otlica Avilés apenas ejercería unos 17 millones y con eso, sufragar todos los servicios municipales: alumbrado público, agua, limpia, pavimentación y claro, seguridad. Eso sí, ante el Congreso y la Auditoría Superior de Michoacán, es responsable, como autoridad depositaria de los recursos, del total de los dineros.

“Nosotros como ayuntamiento fungimos como puente para la aplicación de los recursos –dijo ese 25 de marzo ante medios locales-. Todos son testigos de que el Tribunal Electoral del Estado ordenó que entregáramos los recursos a los concejos para la aplicación directa, pero a mí como presidente municipal, no me exime de la responsabilidad de entregar cuentas a la autoridad financiera jerárquica”.

Pero al final de cuentas, ese era su problema, y a todos, el Ejecutivo, Legislativo, órganos electorales y a la SCJN, les valió madres. Los indígenas son como los maestros, intocables. Para ellos, justicia por encima de la ley…

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Este viernes, ya hay un presunto victimario de Otlica Áviles. Si fue venganza personal –como insinúan- o sentencia cumplida –como la mayoría conjeturamos-, debe aclararse contundentemente.

Porque cosa curiosa, el mismo difunto ya había dado santo y señas de quienes lo tenían amenazado de muerte, así como a su familia. Que por cierto, ha tenido que lidiar para darle santa sepultura en su pueblo natal, ante los ánimos tan caldeados entre sus seguidores y el Concejo.

En rueda de prensa en Morelia, el 4 de noviembre de 2018, el alcalde de Nahuatzen señaló a los concejeros, Antonio Arreola Jiménez y Gerardo Talavera, entre los principales promotores de la violencia e inestabilidad en la cabecera y contra quienes presentó denuncias penales.

Tres días antes, el primero de noviembre, tras una serie de bloqueos, disturbios y quemazón de vehículos, Otlica se reunió con el Consejo Indígena. Y hay testigos de las amenazas: le dieron al alcalde, a su familia y a todo el ayuntamiento, 24 horas para que salieran de Nahuatzen, “que si no, nos atuviéramos a las consecuencias y que ellos sí cumplen: qué sabían qué hacíamos, dónde vivíamos y que no podíamos estar allí”.

Efectivamente. En los días posteriores, levantaron al regidor del Partido Verde, Francisco Zavala, y allanaron la casa de la síndico municipal, María Elena Avilés Alendar, donde destrozaron el mobiliario, mientras que las instalaciones del DIF fueron saqueadas. David Otlica se refugió en la capital del estado, pero decidió regresar con la palabra del gobierno estatal que lo apoyaría.

El edil siempre fue reiterativo que los partidarios del Consejo Indígena de Nahuatzen, siempre estaban armados con cuernos de chivo y R-15, y suponía que los recursos que recibía, los destinaban a la compra de armamento, porque obra, no se veía por ningún lado.

Pues resulta que de las denuncias penales presentadas por el alcalde, fueron detenidos el mismo mes de noviembre, Antonio Arreola, Gerardo Talavera y un tercero, José Luis Jiménez. Vino la violenta contraofensiva, y como son “indígenas”, pues los liberaron.

Y aquí el quid de cómo los asuntos políticos se resuelven por encima de la ley:

El Consejo Indígena de Nahuatzen nunca reconoció el triunfo de Otlica, porque la autoridad reconocida, según ellos, por las autoridades federales –o sea, la Suprema Corte de Justicia- resolvió que “gobernaría” el Consejo y no David. En su lógica justiciera, nunca fue electo porque en la cabecera municipal no hubo votación en pasado 1 de julio, aunque los que si quisieron sufragar lo hicieron en otras comunidades.

Total, los ministros decidieron una cosa, los órganos electorales para lavarse las manos, dieron la razón a unos y reconocieron el triunfo de Otlica; los operadores del gobernador son un fiasco y el Congreso, haciéndose ganso.

El único que pagó con su vida, fue David y todos los que se han quedado en el camino de una guerra absurda, estúpida, por el dinero legal e ilícito, que se mueve a través de las actividades delictivas en la Meseta Purépecha.

Ese móvil “personal” del presunto padrastro de la supuesta “querida” del alcalde, insistimos, es muy conveniente mediáticamente. El caso que aquí, la justicia por propia mano –hasta del propio Consejo Indígena-, se puso por encima de la ley.

Como lo recomendó el Presidente de la República…

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