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A Javier y César Duarte, como a Borge ya los besó el diablo; ni Dios los salva

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*Inédito manotazo en un siglo: Peña empuja a tres gobernadores a prisión.

*El “te explico Pedro para que me entiendas Juan” pone a temblar a todo funcionario

*Se acaba el borrón y cuenta nueva; Los Pinos invoca a la corte a atajar “blindajes”

 

Joaquín Herrera

CD de México, junio 11/2016 (agencia acento) ¿Hasta a dónde llegará el Presidente Peña? Por lo pronto a tres gobernadores los pone con un pie en prisión. Hace temblar al resto de mandatarios y funcionarios en los tres niveles de gobierno en todo el país, Inédito manotazo en un siglo aquí.

Porque va contra el espíritu de la Ley Anticorrupción del Presidente Peña Nieto –un histórico manotazo de un Presidente en el último sigloel Presidente Enrique Peña Nieto ordenó atajar  el intento de autoblindarse en los gobernantes salientes de Veracruz y Quintana Roo.

El inédito golpe de timón del Presidente Peña, parece un obvio “te explico Pedro, para que me entiendas Juan” parece decirle al resto de los 29 gobernadores restantes que se acabaron los usos y costumbres del borrón y cuenta nueva. Es decir, que “el que la hace la paga”.

A estos dos impresentables, ya los besó el diablo, creen expertos.
Peña ordenó a la Procuraduría General de la República, la que tutela el estado de derecho, como representante legal del pueblo y el gobierno, presentar ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) un recurso de inconstitucionalidad a la trampa de dos mandatarios estatales.

En el país provocó estupor, especialmente entre la clase política, un enfrentamiento directo del Jefe del Ejecutivo con gobernantes estatales. El escenario, nunca visto desde tiempos de la postrevolución, en los años 20 y 30.

El intento de los gobernadores (esperanzados que los salvaran sus sucesores priistas, pero fueron derrotados en junio reciente) era nombrar a los fiscales que podrían ser sus jueces, llegado el caso de fincarle responsabilidad a quienes se sabe por medios saquearon como nunca a su entidad.

Javier Duarte, gobernador de Veracruz, que termina en unas semanas su mandato, como el de Quintana Roo, Roberto Borge, son señalados de mil tropelías. En el primer caso incluye asesinatos, desapariciones forzadas (que la Corte Internacional de La Haya -ONU-) considera delitos de lesa humanidad, que jamás prescriben y se pagan con cárcel hasta por medio siglo) no solo el delito común de saqueos al erario.

En ambos casos, abundan las denuncias –al menos en medios de alta credibilidad para la población- que se da por sentado, tienen bases jurídicas, de que al menos duplicaron y hasta triplicaron la deuda de su estado, al que dejarían endeudado para las siguientes dos generaciones (o 50 años). Esto, a pesar de que no se sabe de obras o programas que justifiquen gastos muy por encima de los autorizados por ley en el Congreso estatal y, obvio, sobrepasando los límites que la autoridad fiscal federal, permite como droga. Esta no debe rebasar para pagarse más allá del mandato sexenal de los gobernadores, como ocurre algo similar en alcaldes.
Desde la debacle electoral de junio, el líder del PRI entonces, Manlio Fabio Beltrones, había advertido a Duarte que tendría que rendirle cuentas claras a Veracruz (obvio, antes d dejar el cargo) y el gobernador electo, Miguel Ángel Yunes, producto de la alianza electoral PRD-PAN, se radicalizó en pedir incluso pidiendo que el mandatario priista, Javier Duarte, pidiera licencia para allanarse a una investigación con vistas a un juicio político que lo llevaría a prisión de inmediato.

Sin embargo, los altos mandos tricolores, redujeron la presión, pero Duarte se sacó de la manga la promoción de una ley para nombrar a un fiscal por cinco años (posteriores a su mandato) que sería quien supuestamente acusara a Duarte, pero también tendría la atribuciones de exonerarlo, con un “no se encontraron pruebas”, como ha sido parte de los usos y costumbres en el México de todos los tiempos.

Al saberse la decisión de Los Pinos para con su estatus político y legal, el gobernador de Veracruz, dobló las manos. Anunció que retira la solicitud al Congreso del Estado para nombrar a semanas de terminar su mandato un fiscal transexenal para cinco años.
Al recular a su intento de blindaje, Duarte se asume derrotado en su intento y parece “disciplinarse”. Un eventual enfrentamiento con la Suprema Corte, cuya resolución sería inatacable, lo conduciría al peor escenario, como si aún le faltara algo en su estatus actual.
El Mensaje de Peña, acalambra a gobernantes

Chihuahua, un polvorín

El otro Duarte, el César de Chihuahua, es otro impresentable priista que se blindó con su partido, en la creencia de que al ganar su “gallo” este cumpliría con los usos y costumbres de blindarlo y vendría un “borrón y cuenta nueva”.

Lo malo para César es que su sucesor, el panista Javier Corral, dicen que “el más perredista de los panistas”, logró un triunfo rotundo y ni como ayudarle.
Corral prometió que “le quitaremos a César lo que no es de César” y atajó –con anuencia del gobierno federal- el intento de un último “pellizco” al erario estatal, de seismil millones de pesos, so pretexto de cubrir adeudos –porque el gobierno estatal se sobregiró en el presupuesto, y quiso taparse con obras “fantasma” y sobreprecios en todo- que a nadie convencieron.
El célebre abogado chihuahuense, parece que se saldrá con la suya de cumplir su promesa principal de campaña, de que César Duarte terminará tras las rejas, más temprano que tarde.
El Presidente Peña parece determinado a poner orden en casos de rapiña así, “caiga quien caiga”.

 

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