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LA INSIGNIFICANCIA DE LOS ÍDOLOS VACÍOS

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91214054. Jalapa, 14 Dic 2019 (Notimex-Marco González).- El presidente Andrés Manuel López Obrador acudió al municipio de Jalapa, Tabasco, para supervisar los avances del programa Sembrando Vida, en compañía del gobernador Adán Augusto López y la titular de Bienestar, María Luisa Albores. Jalapa, Tabasco, 14 de diciembre de 2019. NOTIMEX/FOTO/MARCO GONZÁLEZ/MGR/POL/4TAT/

*AMLO, maestro del espectáculo; Ionesco, su mentor

GUSTAVO CORTÉS CAMPA

La secretaria de Bienestar, María Luisa Albores, publicó un decreto el viernes 28 de febrero en el Diario Oficial de la Federación, donde anulaba las facultades del subsecretario Javier May, quien hasta ese momento aparecía como encargado de planeación, evaluación y desarrollo regional (¡todo eso!), pero además, coordinador del programa Sembrando Vida.

Pero todo indica que la secretaria Albores no tomó en cuenta algunos detallitos: Javier May es tabasqueño y tiene 30 años al lado de Andrés Manuel. Acto seguido, May presentó su “renuncia” al cargo que en vías de hecho ya no tenía.

Así las cosas, el pasado martes 3 de marzo, el presidente de la República, en plena Mañanera, a una pregunta formulada informó que no aceptó la “renuncia” de May y que el decreto de Albores “será revertido”.

En síntesis: ese mismo martes, Javier May asumió de nuevo sus funciones como subsecretario y además, coordinador del programa “estrella” de la 4T, Sembrando Vida (¡más de 500 millones de árboles frutales en el sureste!).

La secretaria Albores se quedó con un muy público palmo de narices, pese a que, muy compungida, asistió a una reunión en Palacio Nacional ese mismo día.

Esa minicomedia de enredos se dio en el marco de una semana en donde el presidente Andrés Manuel López Obrador tuvo varios pequeños tropiezos, entre los cuales estuvo su visita a su terruño, Macuspana, Tabasco, denominada para efectos propagandísticos como La gira del reencuentro (con su solar nativo, se sobreentiende) y en donde el famoso productor de TV y al mismo tiempo, fervoroso panegirista de la violencia guerrillera, Epigmenio Ibarra, llevó cámaras y micrófonos y registrar así el emotivo acontecimiento.

Pero no contaban con el temperamento explosivo de los macuspanos, quienes sacaron de balance al Primer Mandatario, quien  estalló  en presidencial cólera y tuvo varios exabruptos muy duros para sus paisanos.

Sucedió que,  según evidencias, el presidente nunca fue informado de la situación política de su tierra chica, con un repudio ciudadano muy fuerte hacia el gobernador, Adán Augusto López y al alcalde, quienes fueron blanco de estruendosa rechifla y señalamientos no menos fuertes. (Ambos personajes colocados a dedo por AMLO).

Con expresión de sorpresa combinada con indignación, el presidente hizo una admonición hacia los presentes (todos ellos, a no dudarse, militantes y/o simpatizantes de la 4T). En cierto momento, al ver que no le era posible imponer silencio y atención a su discurso, estalló: “¡Si no paran los gritos, entonces yo me callo!”. (Curioso, toda vez que en vías de hecho, al presidente le era materialmente imposible hacerse escuchar).

“¡LA MENTIRA ES DEL DIABLO; LA VERDAD ES REVOLUCIONARIA!”

Cuando finalmente los congregados contuvieron sus ímpetus, López Obrador echó mano de uno de sus recursos manidos para suscitar aplausos y vítores:

“¡A ver! ¿Acaso no han recibido los apoyos para los adultos mayores y las becas para estudiantes?”  Y la respuesta, estruendosa, provocó un evidente rictus de ira en el Presidente:

 “¡Noooooooooo!” vociferaron al unísono.

Todavía AMLO hizo nuevo intento: “!Eso no es cierto! ¡No es cierto!  ¡Sí los han recibido!”

Y de nuevo, el grito de los paisanos: “¡Noooooooooooooo!”

Enseguida, ya encarrerado y encolerizado por la falta de respeto, el presidente de México dejó salir, en pleno, su conocida vena de predicador:

“¡La mentira es del diablo… la verdad es revolucionaria!”.

Pero los macuspanos  no se arredraron, pese a las encendidas jaculatorias de AMLO, al estilo de los curas en Semana Santa: “¡Acordémonos que estamos en la santa presencia de Dios!” “Creo, señor, pero ayuda mi incredulidad”.

IONESCO EN PALACIO NACIONAL

Enero 11 de 2019, un mes y once días después de la toma de posesión de la Presidencia de Andrés Manuel López Obrador. Palacio Nacional, Salón Tesorería, lleno completo de reporteros y… otros especímenes.

El Primer Mandatario informa, con gesto de profunda satisfacción: “El avión presidencial ya se vendió. Se encuentra en California”.

Febrero 3 de 2020. Palacio Nacional, Salón Tesorería, no tan lleno de reporteros y… otros especímenes.

El director general de la Lotería Nacional anuncia el boleto 000000 de la “rifa del avión presidencial” (pero que no rifa el avión presidencial), con 100 premios de 20 millones de pesos cada uno. Ese primer boleto de una emisión de… seis millones, será comprado por el presidente de la República. Con extremada parsimonia, algo así como en un acto litúrgico, el Primer Mandatario saca su billetera y  extrae un billete de 500 pesos, lo entrega al director de Lotenal y después muestra en alto, con gran sonrisa, el boleto 000000.

¿Y el avión? ¡Ah! ¡El avión! Informa el Presidente: “Está en California. Cuando concluyan los trabajos de mantenimiento (más de un año sin moverlo) volará a México y estará en el hangar presidencial (¿Qué no lo habían demolido y construido una ampliación de la Terminal 2?). Me parece que voy a invitar al general (El titular de Sedena, presente) y podríamos hacer (sic) una mañanera ahí en el avión ¿no?” (risa presidencial).

LA TRAGEDIA Y LA ANGUSTIA

Eugene Ionesco (Slatina, Rumania, 1909-París, Francia, 1994) es considerado el “padre del Teatro del Absurdo”. Su primera obra, “La cantante calva”, se estrenó en 1950, en el Theatre des Noctambules, de París.

Junto con Samuel Beckett (“Esperando a Godot”) y otros autores, Ionesco desarrolló un tipo de representación teatral cuya fórmula se condensa así: De un texto burlesco/un juego dramático, y de un texto dramático/un juego burlesco.

El Teatro del Absurdo trata de señalar, mediante la burla, la insignificancia de la adoración de ídolos vacíos.

La trama contiene “escenas absurdas, ilógicas, con alto grado de incoherencia, personajes vacíos entre ambientes extraños… todo sazonado con ambientes imposibles, frases carentes de sentido, monólogos sin coherencia”.

La tragedia, la angustia, se mezclan con lo grotesco.

(No tengo idea si en México hay un “Premio Ionesco”, pero… si no lo hay ¡Habría qué crearlo!)