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Los derechos se visten de minifalda

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Exposición de moda de los años 60. The Museum al FIT

Por Vanessa Robles

Recién entrada en la adolescencia, mi tía Lucero se puso un día el vestido azul que mi papá le compró con su primer sueldo como maestro normalista, a mediados de los años sesenta. Andaba contenta, dando brinquitos y vueltas por la casa, cuando su tía Carmen le ordenó que se lo quitara: qué era eso de andar enseñando tanta zanca.

La escena, que sucedió en García de la Cadena (La Estanzuela), Zacatecas, el pueblo de mis abuelos y mi padre, es una muestra de lo que debió ocurrir en la vida cotidiana de muchos hogares mexicanos, incluso en las grandes ciudades, con el uso de una indumentaria distinta a la que había existido desde antes del feudalismo en las sociedades occidentales.

Pero no, la ropa de los años 60 no fue tan estrafalaria como alguna gente la concibe. Me da horror cuando tecleo en Internet “moda +años 60” y obtengo a cambio una serie de imágenes de gente con atuendos estrafalarios, como para fiesta de disfraces.

Jóvenes, durante la invasión a Checoslovaquia. Municipal Archives of Trondheim

Por suerte, también encuentro las otras fotografías. Las de mujeres y hombres de ropas relajadas o elegantes que quizás sin saberlo participaron de una historia de libertades y cuestionamientos de las que mi generación y las que continuaron somos herederos —hay que vigilar que nadie nos quite lo ganado—. Los derechos humanos son un ejemplo.

En los años 60 del siglo XX, la moda occidental, la indígena sigue invisible, reflejaba lo que ocurría en la sociedad, la política y economía de muchos países, donde los ciudadanos de distintos sectores comenzaban a proponer el ejercicio de ciertos derechos y, antes, a cuestionar el orden del mundo: los sistemas de educación, de producción, autoritarismo, formas de hacer política, el ejercicio de la sexualidad, las formas de la familia…

Ocurría algo similar con la moda. A diferencia de los años 50, que proyectaba a mujeres y hombres absolutamente tradicionales y apegados a los bienes del capitalismo, surgieron propuestas más relajadas. Las faldas se acortaron. Los tacones de punta se transformaron en tacos cuadrados. Los cuellos tipo Peter Pan adornaron vestidos y blusas. Los cuadros y los atuendos bicolor fueron el diario de mujeres y hombres. Los hombres cambiaron la corbata estranguladora por mascadas, en forma de moños. Los chongos apretadísimos cedieron ante melenas lisas, cortes andróginos o rulos al aire, en el caso de la población negra de distintos países.

Por supuesto, no todo fue maravilloso. Para la confección de prendas, tomó fuerza el uso de los tejidos sintéticos como la terlenca, un material de biodegradación difícil (dice la académica Mariana Espeleta que cuando se acabe el mundo, le heredaremos ropa de terlenca a sus nuevos pobladores). También es cierto que con la modelo Twiggy, nació el concepto del cuerpo ultradelgado que tanto daño le sigue haciendo a muchas personas.

En distintos países, como Checoslovaquia, Francia, Estados Unidos y México los años 60 terminaron con protestas reprimidas y muertes, que continuaron hasta los años 70.

El 2 de octubre de 1968, hace 50 años, el Ejército Mexicano atentó contra miles de estudiantes, obreros, amas de casa, niños que se manifestaban en la plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco, en la Ciudad de México.

Fotografía de estudiantes encarcelados tras el 2 de Octubre. Omar Bárcena

Su fecha conmemorativa está cerca de festivales de ropa usada, vintage y sustentable en Guadalajara: el festival Bien mucho swing, bazar, el 28 de septiembre, en La Mutualistala; la edición 7 del Trueque de moda, el sábado 29 de septiembre, en la Casa Teodora. y la segunda celebración de la Vintage Ceremony, el sábado 6 de octubre, en el Laboratorio Sensorial, dedicada precisamente a los años 60.

En todas, participarán mujeres convencidas del rescate, la rehabilitación y la reutilización de la ropa vintage y de segunda mano… una propuesta sustentable que tiene su origen en los planteamientos ambientales de los años sesenta.

Por cierto, el vestido azul de mi tía Lucero sigue vivo. Está guardado en el cajón de uno de los roperos de La Estanzuela. Prometo una fotografía, pronto.

 

Con la autorización de: volvervintageymemoria.wordpress.com