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Tradición, devoción y folclor, revienta a la Central de Abasto -Primera de cinco partes-

*Altares caseros: sahumerios y cempasúchil, cuentan las horas para la cita *Día de Muertos aquí, patrimonio inmaterial de la humanidad: ONU *Ritos en todas las culturas; guerra y calaveras, el origen del futbol *Sobrepoblación mata a los panteones; se multiplican las cremaciones

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Foto: almomento.mx

Joaquín Herrera

CD de México, 25 de octubre/2015 (agencia acento) Si “a todo santo se le llega su función” – dice la sentencia popular- ahora es tiempo de los muertos.
Aquí la tradición revienta a la Central de Abastos; avalanchas se forman y se disputan en remates, ventas y reventas día y noche en flores, colores y sabores, en compras de pánico.
A coro “va’l golpe…Va’l golpe”…la “Panza del DF” ya surtió a medio país desde el altiplano; desde aquí, donde se remataron o revendieron ya cerros de olores y colores: alimentos y cempasúchil, nubes, crisantemos y hasta ave del paraíso o la “dólar”, ya van rumbo a su destino de cada otoño, “horas” de la fiesta por el Día de Muertos.
Y ya cientos de miles de altares caseros, las ofrendas instaladas o en proceso por instalarse, en sus huéspedes se cuentan las horas para la cita esperada cada final de octubre

Como en todas las grandes civilizaciones –la china, la griega, la egipcia, la celta o hindú- México se abraza a sus raíces.
En vísperas y en el Día de Muertos -1 y 2  de noviembre-, es la fiesta de los que se fueron, y de vivillos que así gozan fortunas. Se disparan precios de flores, comidas y hasta servicios de taxis o gente que arregle panteones. Lo común. Pero en nada opacan la calidad de fiesta.

Ya la ONU declaró al Día de Muertos Patrimonio Inmaterial de la Humanidad al día para platicar, comer y beber con los que se han ido.

Rezos en náhuatl, llantos con gemidos en otomí y los 220 dialectos, se mezclan con el resto de lenguas, sobre tumbas que desde este lunes comienza hay que desbreñar y acicalar.
La tradición parece hermanar a Centroamérica y China: si el hombre penetró desde Asia a América por el Estrecho de Behring, en la festividad de muertos tiene un puente arqueológico a ese pasado que así no parece tan remoto, sino vivo hoy:

Si no, ¿de dónde viene la cultura de las pirámides y, más las serpientes emplumadas, que celebraban en el equinoccio  los mayas, que copiaron a los olmeca?

Seguro recordaban en la memoria colectiva –a milenios de distancia- al dragón.
Por eso, vemos hoy aún que la tradición reviente a la “Panza del DF” en compras de pánico; porque nadie quiere quedar sin su ofrenda (típicos altares caseros: su sahumerio coronado siempre con hilillos de humo, con copal que así perfuma al hogar) sobre todo en el DF de fuerte arraigo provinciano:

Sobre la mesa principal, nunca ha de faltar una cruz de sal; sobre recipientes, preferentemente de barro cocido, con agua.

Al lado, mole, pozole, y alimentos típicos al gusto de los que se fueron y más allá, licores. Jamás faltará el tequila, el pulque o, al menos, la cerveza.

Tradición que traslada a milenios anteriores al cristianismo, que trajo, en siglos “recientes” la Conquista, se devela en la mezcla cultural.

La adoración a la diosa de la muerte aquí, se mezcló hasta en la fecha en que Roma venera a Todos los Santos y a los Fieles Difuntos.

De ahí las ofrendas: platillos de la temporada de cosechas al final del verano. El cempasúchitl  (del náhuatl cempa, 20 y Xochit, flor) nombre castellanizada: “flor de veinte pétalos”, Ese el amarillo naranja atrapa al Sol, se cosecha en octubre y avisa que entra la etapa del estío de medio año.

Varios miles de años antes de que surgiera el cristianismo para señorear en Europa y medio mundo, aquí era común ya la veneración de los muertos.
La modernidad elevó la costumbre a ley: prácticamente todas las culturas y hoy arropadas en la ONU, veneran a los muertos, porque –además- asumen que el hombre (conforme a la declaración de la Carta de las Naciones Unidas) tiene derechos antes de nacer y después de morir.
La moda, recuérdese, son los de-re-chos hu-ma-nos.

Calaveras y futbol

Acabaron con la parte bárbara. La de conservar  cráneos que los vencedores de todos los tiempos tuvieron por trofeos, como los que la leyenda ubica como origen del futbol: los cráneos de los vencidos en tiempos da Alejandro el Magno, eran pateados y algún día fueron el juego más universal. Ese es el origen del balón (de ahí bala; en griego significa proyectil).
Las calaveras –usuales en rituales- simbolizan la muerte y el renacimiento. Esta tradición se convirtió después en el Día de Muertos.
Como en otros puntos del planeta se honraba a los muertos en el noveno mes del calendario solar mexica (agosto) para honrar a Mictecacíhuatl y esposa de Mictlantecuhtli, amos en tierra de los muertos.

Símbolo de la muerte en azúcar o chocolate

La irreverencia popular le llamó a la otrora “Dama de la Muerte”, “la Catrina” (elegante), porque las ropas que comenzaron a ponerle.
Por eso, en los 400 “Sanborns” –que se solaza con sus meseras envueltos en trajes almidonados con colores en forma de rayas alrededor, como de dulces- cuelgan y juegan con el viento calaveritas de plástico.
La calaveritas al tamaño natural o del tamaño de un dedal, blanquean en banquetas y tianguis; se dan en lujo de llevar el nombre de quien la recibirá como regalo estacional de otoño.
¡Todo un mensaje!
Calaveritas, se venden de chocolate, pero en tiendas y tianguis, se ven hechas de cartón laqueado.
Fervor y folclor: cristianismo y culturas ancestrales

Mezclada la cultura europea y la azteca, la fiesta de los muertos coincide con el Día de Todos los Santos (1 de noviembre) aunque se traslada al Día de los Muertos Niños) y el Día de los Fieles Difuntos (2 de noviembre).
La calavera ha marcado a grandes civilizaciones, como la maya y la azteca.
Con el desgaste del Tiempo, especialmente a inicios del siglo XX, la veneración a la calavera se tradujo en algo como un juego de niños. Primero, con calabazas desprovista de su “carne” (en alusión al destino humano) se les perforaban dos cavidades paralelas para sugerir las órbitas; otra, leve, para las fosas nasales y una abertura horizontal, con dientes salteados, o una boca “chimuela”, dan idea de la boca en  toda calavera.
La calabaza se tradujo en una caja de cartón. Con papel de china preferentemente rojo, con un cirio o vela encendida, se forma un farol, de fauces “temerarias” en la imaginación.
La costumbre es pedir “para mi calavera” y en respuesta, los pedigüeños recibían dulces o fruta del tiempo. Últimamente se tradujo en mondas.
La tradición se va modificando con la tecnología.

¿Cremación, fin al tiempo de panteones?

Es común a mitad del otoño, la cita al panteón. Visitar a nuestros muertos, es –al menos el 1 y 2 de noviembre- ir a dialogar con ellos; es típico que las ancianas lloren y recen y dialoguen en voz alta sobre tumbas.
Pero la sobrepoblación, no solo amenaza al medio ambiente con quema de gasolinas; los panteones apuntan a desaparecer y dar paso a la cremación, la moda al morir.
Cada año son menos los millones que quedan en tumbas y más los que se transforman en cenizas.

Mixcquic y La lumbrada

 

En Mixquic (sudeste del DF) la noche del 2 de noviembre, por eso es “La Alumbrada” en que se despide a los visitantes de “otro mundo”, con rezos y plegarias, cánticos.
Los panteones de todo el país, como en tantos del mundo, al menos un  día se reserva para hacer un alto en la eterna carrera contra reloj. Se apaga el celular; se viste preferentemente de luto y se va a visitar los panteones en las vísperas y durante los días 1 y 2 de noviembre. Y se deja una caricia, un pensamiento en la forma de una flor.
Por eso, la tradición reviente a la Central de de Abastos: los 500 cementerios que aloja el altiplano, han de tener al menos un manojo de claveles, crisantemos, nubes, gladiolos, nardos.
Para eso, desde este monstruo que recibe las cosechas de cada otoño, especialmente de la Flor de Muerto, o cempasúchil,  Chihuhua, Puebla, Morelos o Estado de México, ya completaron este fin de semana, medio mes en que recibieron hileras de trailers de dos cajas, día y noche.
Medio millón de toneladas rodadas desde campos de labor en medio país, trasladadas en veredas, caminos de tierra, carreteras y autopistas, sirven para que esas cargas  lleguen a su destino.

Donde se fija la inflación y paridad del dólar

Este medio día esas fragancias y colores, eran “arrebatados” ya por “gruesas” (doce docenas) o costales y manojos: a cientos de miles: los vendedores ya callejeros, ya proveedores de en almacenes. Donde millones hacen el súper semanal, pero más en tianguis –sin contar los mercados de flores en cada entrada al cementerio o infinidad de funerarias- porque ¿quién no tiene a quien honrar y recordar?
Esta mañana de domingo, se cumple una semana de remates incluso nocturnos.
La fama de ser allí donde se decide en buena medida la paridad del dólar -bien  ganada como Bolsa de Valores está allí-; el precio de la comida, que registra alzas por cada mano del intermediarismo, marca allí el sístole y diástole de la economía – ya al mayoreo o menudeo. El precio se va trasladando del centro a cada una de las 5 mil colonias, fraccionamientos, barrios, pueblos, unidades habitacionales, multifamiliares y vecindades.
Sí, la Central de Abasto, en un orilla de Iztapalapa o la tradicional “La Merced”, el mercado de mercados (donde “nació” el imperio azteca y algún día floreció la Nueva España) hacen gala como las alacenas de todos.
De aquí se surten al menos una docena de estados vecinos.
Al entrar la noche, la hilera de trailers abarca kilómetros en fila. Y a ese mismo ritmo que entran, salen: no hay tianguis o restaurantero, ningún centro de acopio que no se surta allí.
Y en todo Día de Muertos, con sus vísperas no es diferente.

(Cotinuará)

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