Inicio Exclusivas EL CASCARÓN TRICOLOR Y LA GERENCIA DE LA DERROTA EN HIDALGO

EL CASCARÓN TRICOLOR Y LA GERENCIA DE LA DERROTA EN HIDALGO

7451
0

Tiempo de lectura aprox: 2 minutos, 57 segundos

*  A la dirigencia estatal encabezada por Marco Antonio Mendoza le ha resultado un negocio “político” envidiable administrar las ruinas de una institución histórica, rindiendo pleitesía ciega a los mandatos dictados desde el centro del país mientras asfixian a la verdadera militancia hidalguense y desmantelan la poca estructura territorial que sobrevivió a la desbandada. La evidente orfandad política de este comité estatal no soporta la terca realidad de los descalabros en las urnas ni la pérdida sistemática de bastiones municipales en las regiones clave de la entidad. ¿Acaso creen que el priismo de cepa ignora que su flamante lealtad se financia entregando las candidaturas plurinominales a la misma camarilla de siempre, usando a los seccionales como simple utilería escenográfica para complacer a las oficinas de Insurgentes Norte?

Por Antonio Ortigoza Vázquez / @ortigoza2010

Especial de Expediente Ultra

Resulta imperdonable, por no decir patético, asumir la cómoda postura del administrador de derrotas frente al colapso sistemático de la representación partidista, considerando que la estructura tricolor constituía el único tejido real de contrapeso en el mapa político del estado y la voz aglutinadora de una oposición hoy desdibujada hasta la irrelevancia.

Defender la dignidad de los comités municipales de quienes los sofocan con la imposición centralista se convierte en un deber moral ineludible para cualquier cuadro que pretenda recuperar un gramo de confianza ciudadana, pues nunca deben caber las concesiones cuando los gerentes de la burocracia partidista empeñan el capital ajeno para asegurar sus propias curules (un instinto de supervivencia bastante básico, hay que decirlo). La tibieza en la toma de decisiones engendra servilismo y condena al ostracismo.

El PRI hidalguense es hoy un cascarón vacío sostenido por alfileres y la inercia de la nostalgia ha provocado que la administración de Mendoza —secundada por el tierno y oportuno silencio de su secretaria general, Jenny Márquez— haya perfeccionado un diseño operativo cimentado en la exclusión total del talento local, de personajes de peso político, de bases que creyeron en algún tiempo, que su partido estaba construido por verdaderos priistas.

Hoy viven demostrando un desprecio monumental por la trinchera tricolor hidalguense al convertir la sede del bulevar Colosio en una simple agencia de colocación de incondicionales. Hunden en el olvido la verdadera operación, la concertación de acuerdos de fondo y el desgaste de suela en los municipios, comportándose como una vulgar oficialía de partes que toma como rehenes a las bases más leales para luego intercambiar el derecho a la libre manifestación de las ideas por favores cupulares, blindando así su permanencia estatutaria sin la decencia de rendirle cuentas al Consejo Político Estatal.

ES LA SIMULACIÓN OPERATIVA ELEVADA A LA CATEGORÍA DE DISCIPLINA PARTIDISTA

El control que ejercen estos burócratas partidistas de la derrota sobre la vida interna del instituto político, funciona mediante un esquema de verticalidad sumamente opaco, diseñado de forma exclusiva para decapitar cualquier intento de rebelión de las bases frente a los atropellos de la dirigencia.

Puertas adentro, el respeto por el trabajo de campo es una utopía inexistente, sosteniendo una resistencia feroz a cualquier barrunto de apertura democrática que ponga en riesgo sus ridículas cuotas de poder o el manejo discrecional de las prerrogativas. Esa aversión al debate autocrítico es el único pegamento que mantiene unida a esta cúpula en decadencia, transformando la dirigencia en un coto privado donde el mérito no vale un centavo frente a la obediencia servil hacia las instrucciones del Comité Ejecutivo Nacional.

Han convertido el entreguismo al Comité Ejecutivo Nacional (CEN) priísta en su único proyecto de supervivencia. La torpeza de sus métodos de contención desnuda la falsedad de ese discurso reciclado de recomposición moral y apertura, utilizando a los representantes de los comités municipales, seccionales y liderazgos vecinales como escenografía barata para las fotografías de rigor, creando la ilusión óptica de una maquinaria viva. Los operadores que de verdad buscan reconstruir el tejido electoral son hostigados con la indiferencia oficial, marginados de las mesas de decisiones, u obligados a observar desde la barrera cómo se reparten los restos del naufragio entre los mismos rostros de siempre que saltan de un puesto de representación proporcional a otro sin el valor de someterse al duro escrutinio de las urnas.

LA BUROCRACIA TRICOLOR PREMIA LA GENUFLEXIÓN MIENTRAS CASTIGA SEVERAMENTE EL TRABAJO COMPROBABLE EN LAS CALLES

Esa falsa firmeza opositora choca de frente contra la cruda realidad territorial de un priismo que padece las dolorosas consecuencias de una dirigencia desconectada, gris y carente de brújula, cuyas pérdidas se miden en cada conteo de votos y en el abandono criminal de la formación de liderazgos. Resulta imposible calcular el daño institucional causado a esos miles (más bien cientos) de simpatizantes que llegan a las asambleas engañados, creyendo que la refundación se logrará aplaudiendo las mismas imposiciones de antaño, víctimas del cinismo de quienes confunden el liderazgo social con la simple administración de las nóminas económicas.

La docilidad ante las altas esferas nacionales terminará por apagar la última luz en las oficinas de un instituto que alguna vez dictó el rumbo del estado. Todo se vale, para el dirigente priista estatal, pues se ha dado cuenta que su capital político no le alcanza para el 2028, es por ello que —con su reelección a la presidencia estatal— busca la alcaldía de Tulancingo. ¡Qué cinismo!

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí