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EN SU OCULTA MEGALOMANÍA, SUSANA ÁNGELES PONE SU NOMBRE A UNA CALLE DE TIZAYUCA

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*  Hace unos días, los habitantes de uno de los barrios del municipio que desgobernó la joven política, amanecieron con la sorpresa de que una de sus calles llevaba su nombre; ante el generalizado rechazo en las redes sociales a la descocada imposición, la ex alcaldesa dio marcha atrás y el ayuntamiento trató de enmendarle la plana negando el hecho, pero miembros del cabildo se tomaron la foto con la señalética

Por Antonio Ortigoza Vázquez / @ortigoza2010

Especial de Expediente Ultra

Contra lo que se piensa, la megalomanía no es un tema que en política, sea exclusivo del sexo fuerte; también las mujeres son proclives a sucumbir a las trampas del poder y buscar que su nombre se perpetúe, pese a no tener los méritos necesarios para pasar a la posteridad.

Por muchos años en el pasado siglo, se hizo costumbre que políticos en turno, sobre todo presidentes y gobernadores, se dejaran apapachar por un ejército de lambiscones que bautizaban con  su nombre calles, escuelas, hospitales o avenidas.

En tal sentido, la sociedad nunca fue consultada debiendo aceptar en su lenguaje habitual repetir el nombre de estos políticos que, en la mayoría de las veces, terminaron rechazados por el juicio popular.

Tan enfermiza práctica del culto a la personalidad se creía superada, pero…

Llama la atención el bochornoso y chusco caso de la ex edil de Tizayuca, Susana Ángeles Quezada, que sin la legitimación del cabildo o de alguna autoridad, decidió poner o, mejor dicho, imponer su nombre a una calle del centro del municipio, conocida como Álvaro Obregón que hace esquina con la avenida Juárez, y que hace unos días amaneció  con una placa de señalización con el nombre de la ex edil.

El generalizado rechazo de la ciudadanía en las calles y redes sociales no se hizo esperar pues la joven política, ligada para variar a la mafia de la Sosa Nostra, dejó mucho que desear durante su administración, sobre todo en temas de seguridad pública y transparencia, tema este último por el que no pudo subsanar observaciones de la Auditoría Superior del Estado de Hidalgo (ASEH), a sus finanzas.

Nombrada como la “joven promesa” de Morena por sus pagados apologistas, Ángeles Quezada fracasó en su peregrino intento por ser candidata a la gubernatura, tampoco pudo llegar a Senadora y ahora debió conformarse con ser incluida en el nada cómodo lugar 21 de las pluris de Morena a San Lázaro, pero como suplente.

Sus descocadas ocurrencias al intentar fijar sus propias reglas en la sucesión de Tizayuca, fueron la gota que derramó el vaso de la paciencia de los mandos morenistas a nivel local y nacional. La joven política terminó creyéndose que la estrategia del Grupo Universidad para hacerla gobernadora o senadora, era un tiro seguro.

Muy tarde se está dando  cuenta que solo fue uno más de sus alfiles y lo interesante es saber si la ocurrencia de ponerle su nombre a una calle de la devastada Tizayuca salió de ella misma o de alguno de sus asesores o manejadores políticos.

Muy caro le salió a Susy el chistecito porque sirvió de parámetro para medir el generalizado rechazo social a su persona. En síntesis, políticamente está muerta.

Por cierto que el ayuntamiento aún manejado por sus incondicionales emitió un boletín tratando de responsabilizar del asunto a un grupo de activistas.

Muy tarde la ex alcaldesa mandó  quitar la señalética con su nombre, tratando en vano de negar el asunto pues diversas imágenes la desmintieron, al punto que hasta el síndico jurídico,  Gabriel Gonzáles García, posó ante  la placa “presidencial”.

La joven Susy aún tiene mucho que explicar a la Procuraduría del Estado, y ahora sin fuero, las cosas se le pueden complicar al extremo.

La “joven promesa”, terminó en revelada megalómana. 

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