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HIDALGO, BALBUCEOS DE UNA INCONCLUSA TRANSICIÓN

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*  La elección por venir se sumará a las simulaciones de un cambio político y económico de fondo que no termina de aparecer, pues la forma de ejercer el poder a través de un presidencialismo unipersonal sigue subsistiendo, lo mismo que el modelo económico que continúa imponiendo sus reglas del juego

Por Antonio Ortigoza Vázquez / @ortigoza2010

Especial de Expediente Ultra

El saldo de la designación de (pre) candidata y (pre) candidatos realizada el último mes del viejo año 2021, desde una perspectiva actual y vista a través de los prismas del materialismo histórico, suponen una reedición de la superestructura política y una inalterable estructura económica sin cambios de fondo en los viejos paradigmas del poder en México.

Negar la presencia de dos silogismos: uno, la existencia objetivamente penetrada y, pues, realidad ineludible, de que el poder en México es ejercido monopólicamente por una nueva élite de pudientes y poderdantes.

Y, dos, que el poder al que nos referimos deviene de un modelo económico —financiero, industrial y comercial—, que impone las reglas del poder político que se ejerce mediante un andamiaje de instituciones de Estado, estructurales y superestructurales. Nos indica que todo el supuesto cambio no es más que una grotesca simulación.

Y esto, sin vacilación alguna, sumado a la represión económica que viven estados y municipios ante recortes presupuestales y una austeridad republicana creada para satisfacer caprichos presidenciales.

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Visto así, el Presidente es percibido nuevamente por los mexicanos como un individuo todopoderoso —que ejerce un presidencialismo sui generis— como mentor y, a la vez, facilitador de los quehaceres sociales de una nueva oligarquía local.

El desenlace electoral reciente nos indica que en Hidalgo –es decir, su ciudadanía o al menos parte de ésta— ha accedido a una fase de transición real, entendida como tipo reivindicador y, por ello, revolucionario, en conexión a las condiciones existentes.

Hoy, la alianza revolucionaria y derechista se muestra incipiente y tal vez en fase aun larvada, aunque su naturaleza se nos muestra aleatoriamente, pues exhibe una verdadera asociación con un grupo político que se niega a morir.

Bajo la misma premisa, el logro electoral de las alianzas creadas por el PRI y adoptadas por el PAN y PRD, no da muestras de trascender de forma natural entre el pueblo, excepto como recipiendaria (la alianza) de un voto antiprísta que no pudo ser comprado, literalmente, por el tricolor.  El tacticismo aliancista es sospechoso. ¡Vana ilusión!

Una moraleja importante de estas elecciones es la siguiente:  coexisten aún viejas prácticas dinosáuricas y una exhibición de conciencia ciudadana por un cambio del statu quo. Ello marca el balbuceo vacilante de una transición real.

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