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50 años del estadio Azteca… Cuando la selección femenil de 1971 fue subcampeona

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Foto especial

 

Elvira Hernández Carballido

    A mi papá, Alejandro Hernández Toro,

que me enseñó a gritar gol con toda mi alma

cada domingo que nos llevaba al estadio Azteca.

 

50 años de hacer vibrar la calzada de Tlalpan, en la ciudad de México, por el grito de gol en sus tribunas.

50 años de ser testigo de triunfos y derrotas, de anotaciones memorables como la de Manuel Negrete en el Mundial México 86 o el autogol fatal del “Gato” Marín, arquero inolvidable del equipo Cruz Azul. La mano de Dios en gol de Maradona y la magia del futbol brasileño en el Mundial de 1970.

50 años de cantos y gorras, de lucir la playera del equipo favorito y ondear la bandera con los colores del equipo de tus amores.

El estadio Azteca, el majestuoso escenario del deporte más popular en el mundo tiene ya cinco décadas de existencia. Fue diseñado por Pedro Ramírez Vázquez, quien eligió el pedregal de Santa Úrsula para construirlo entre piedras volcánicas y el cerro del Ajusco como observador constante. Tiene capacidad para más de cien mil espectadores.

Pero en este mismo terreno, ahora que celebramos esas cinco décadas no debe olvidarse que once mujeres acariciaron la gloria y también gritaron gol con toda su alma.

En efecto, fue en agosto de 1971, México fue sede del II Campeonato Mundial de Futbol Femenil, solamente cinco equipos se enfrentaron: Argentina, Dinamarca, Italia, Francia y México. Las jugadoras mexicanas realizaron un extraordinario papel pues lograron el subcampeonato. Ellas fueron:

Portería: Yolanda Ramírez y Elvira Aracen.

Defensa: Irma Chávez, Martha Coronado, Bertha Orduña, Paula Pérez y Lupita Tovar (capitana).

Media cancha: Elsa Huerta, Alicia Pelé Vargas y Patricia Hernández.

Delantera: Patricia Hernández, Silvia Zaragoza, María Eugenia Peque Rubio, Eréndira Rangel, Sandra Tapia, Teresa Aguilar, Lourdes de la Rosa y María Hernández.

¿Quién las recuerda? Casi nadie, además de que la misma fifa desconoció ese campeonato y no está registrado en sus fuentes oficiales; durante la misma época la sociedad mexicana no las recibió con aceptación. Esto, el periódico deportivo más reconocido en México, publicó:

Indudablemente, de no haber sido por ellas, por su entusiasmo para practicar un deporte que no está hecho para las características físicas de la mujer, la gigantesca promoción realizada para convertir un brillante negocio el Campeonato Mundial de Futbol Femenil, hubiese fracasado. Sería necio negar que lo primero fue morbo y curiosidad, convirtiéndose por obra y magia de la verdad del esfuerzo, del entusiasmo y el deseo de vencer, en un interés colosal que obligó a meditar seriamente en lo que puede ser el futbol femenil en nuestro medio. Creo sinceramente que el futbol es un deporte hecho por y para varones. Que la reciedumbre y el choque que caracterizan esta actividad deportiva no van con las características orgánicas y fisiológicas de la mujer. A las damas les costará trabajo llegar a dominar la técnica, aspecto fundamental del futbol, de la misma manera que no les será posible poseer los reflejos y la elasticidad que se requiere para una tarea en la que el esfuerzo y derroches físicos son fundamentales. Pero creo que el futbol femenil tiene un futuro que será brillante como espectáculo si saben sus dirigentes aprovechar lo que de entusiasmo e interés ha provocado.

Los periodistas de la época,  las calificaban como fenómenos, como extrañas en un deporte hecho por y para hombres, así como dignas de entretener pero incapaces de poseer un cuerpo que ponga a prueba su fuerza y habilidades, los empresarios las vieron como un buen negocio donde todas las ganancias fueron para ellos; cabe señalar que a ninguna se le remuneró su desempeño en la cancha.

En los mismos medios se ventiló el debate que surgió cuando ellas declararon que no habían recibido ningún tipo de pago ni apoyo económico, aunque las localidades en el Estadio Azteca se agotaron varias veces, más los derechos de transmisión por tele así como los anuncios publicitarios antes, durante y después de cada partido.

La entrada en taquilla, al menos en cada uno de los juegos de la selección femenil nacional, fue de tres millones ochocientos cincuenta y siete mil doscientos setenta pesos. Para sumar un aproximado de 20 millones de pesos. De eso, ¿cuánto les correspondió a las niñas nacionales que fueron la piedra de toque para este éxito económico, espectacular y deportivo? La respuesta fue: el aplauso.

Si bien en la prensa advirtieron esa situación, finalmente las culparon a ellas de haber vivido un momento difícil, no se les pagó ningún partido pero además no supieron exigir mejores condiciones:

Pidieron lana, no se las dieron, abandonaron el entrenamiento, hicieron un mitote y en vez de mantenerse firmes en la actitud adoptada se quebraron en la hora cero y fueron a la cancha a jugar fuera de forma y además, gratis… llegarán a la conclusión de que un aplauso vale más que dos millones.

Al mismo tiempo, las futbolistas enfrentaron prejuicios y duras críticas, por lo que continuamente necesitaban justificarse ante el público. Alicia Vargas comentó en una entrevista: “Podemos hacer una muy buena jugada como una muy buena comida”. Reiteradamente necesitaban insistir en que el futbol era como cualquier otro deporte y que no era antifemenino ni se volvían “machorras” por hacerlo, pero los medios de comunicación, en su gran mayoría, siempre se expresaron con reserva de la actuación de las futbolistas:

Respetamos y aplaudimos el esfuerzo que hacen las chamacas que capitanea Lupita Tovar, pero no hay que trasponer ciertos límites. A pesar de las hazañas de la peque Rubio, seguimos pensando que el futbol es uno de los deportes que no va con la condición de la mujer, que al realizar un movimiento brusco dejan de lado lo femenino.

Esa final del Mundial Femenil de 1971, en verdad fue memorable. Antes del gran partido, hubo un encuentro preliminar de otras mujeres, las artistas y las cantantes. Y entraron a la cancha desde Carmen Salinas, Susana Alexander, Angélica María, Alejandra Meyer y Cristina Rubiales. El único gol de ese encuentro lo anotó Verónica Castro, que desde la perspectiva de género, marcó la diferencia al celebran lazando besos al público y a sus compañeras.

El encuentro central fue México Dinamarca, las mexicanas venían muy fortalecidas pues en la semifinal vinieron de atrás para empatar y ganar a la selección italiana que era una de las grandes favoritas. Lamentablemente para los fanáticos nacionales, nuestras seleccionadas perdieron tres goles a cero. Sin embargo, lograron ser subcampeonas.

La mejor jugadora mexicana e este corto campeonato fue Alicia Vargas “La Pelé”, ya con el apodo podemos suponer la gran calidad técnica y el talento de esta joven de trenza que lograba dar pases de oro y dominar el balón de manera admirable.

Aunque también la “Peque” Rubio destacaba por su manera de corre por cualquiera de las bandas y lograr superar a las grandes mujeres europeas que la marcaban. Sabía driblar con arte y anotar con verdadero instituto de gol.

Por supuesto, por ser mi tocaya, Elvira Aracen resulta inolvidable para la niña Elvira que las veía desde la televisión y se emocionaba como nunca. Nuestra portera nacional siempre lucía una cinta tricolor en su frente, seguramente para detener el sudor o controlar su rebelde cabello. Fuerte y segura, atrapaba los balones con verdadera seguridad. Los goles que recibió esa mañana de agosto fueron realmente anotaciones de gran calidad y que resultó imposible detener.

La capitana Lupita Tovar, toda esa final, las animaba aunque fueran perdiendo, les gritaba con coraje: “Vamos, vamos”, Al final fue la primera en felicitar a las contrarios pero sobre todo de animar a sus compañeras y al público, que por cierto se entregó a ellas hasta el final y las vitoreó como si hubieran ganado.

Al sondear lo que ha sido de estas futbolistas en este siglo xxi, casi 45 años después, poco se sabe de sus vidas. Por ejemplo, Alicia Vargas, que fue considera mundialmente una de las cinco mejores jugadoras de futbol en el siglo xx, era entrenadora en una delegación del Distrito Federal, con un sueldo modesto pero todavía apasionada del deporte. Mujer de cinco décadas, su figura y rasgos la hacían representar menor edad, sin duda debido a que todavía se dedicaba al deporte.

Hoy que celebramos los 50 años del estadio Azteca, es más que justo recordar a nuestras subcampeonas, la selección femenil de 1971.

 

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