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EL MAL RAYO QUE PARTIÓ A UN DEPORTISTA PARALÍMPICO

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Atleta ejemplar

La delegación mexicana que participó en los Juegos Parapanamericanos de Lima 2019 regresó al país con una gran cosecha de medallas: 55 de oro, 58 de plata y 45 de bronce.

Es un enorme éxito del deporte paralímpico en México, que ha seguido una fructífera estrategia de largo plazo, que ojalá se mantenga en los años por venir.

Sin embargo, este buen resultado se ha visto manchado por el incomprensible despido del entrenador Aarón Gordián Martínez, una de las glorias del deporte nacional, participante en ocho ediciones de Juegos Paralímpicos antes de su retiro en 2012, luego de la justa celebrada ese año en Londres.

Confinado en una silla de ruedas por haber adquirido poliomielitis a temprana edad, el capitalino Gordián se sobrepuso a las dudas de todo el mundo sobre su futuro, incluida su propia familia, y se convirtió en doble medallista paralímpico en Seúl 1988 y Atenas 1994 en carreras de fondo.

Hoy, según informan los periodistas Antonio Ortigoza e Ignacio L. Montesinos, se ha quedado sin empleo.

El pasado 15 de agosto recibió un oficio firmado por la titular de Recursos Humanos de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, Anabell Rayo Bello, quien, de manera fulminante, le anunció su remoción como técnico superior adscrito a la Dirección de Servicios Culturales, Sociales y Deportivos de la dependencia.

Puede ponerse en duda si la SCT necesita de un área de esas características e incluso si a ésta le hace falta un cargo con esa denominación. Pero lo que está fuera de discusión es que las razones aducidas para el despido de Gordián carecen de toda lógica.

“La licencia sindical que se le otorgó mediante oficio 5.2-0535 fue por el periodo del 1 de mayo al 31 de julio de 2019, (…) terminó desde esa fecha sin que se haya incorporado a su lugar de adscripción”, se lee en el oficio.

Uno puede imaginar que si los Juegos Parapanamericanos se celebraron del 23 de agosto al 1 de septiembre pasados, Gordián estaría metido en sus funciones de entrenador cuando prescribió la licencia de la que habla Rayo.

A la hora de anunciar estímulos económicos para los participantes en las delegaciones mexicanas que acudieron a los Juegos Panamericanos, el presidente Andrés Manuel López Obrador no hizo distinción entre atletas y entrenadores. Unos y otros tendrán ese beneficio, anunció.

Es por eso que no se entiende que Gordián se sume de esta manera a la legión de despedidos en la burocracia mexicana desde que entró en funciones el actual gobierno. Menos, cuando el Presidente se ha pronunciado contra la práctica –que, a decir de él, se remonta al porfiriato– de respetar la ley en la forma al tiempo que se viola en el fondo.

¿Era tan importante que Gordián estuviese en su “lugar de adscripción”, calentando la silla, cuando es claro que estaba trabajando como entrenador y, además, hacerle llegar la notificación de su cese a una semana del inicio de los Juegos? Lo mismo puede decirse de lo que le informé aquí el viernes pasado: que la Cofepris había mandado detener la producción de un medicamento para el cáncer por la expiración de un permiso de validación en uno de los procesos de manufactura, dejando así a miles de pacientes –niños, un buen porcentaje de ellos– sin acceso a quimioterapias.

Ahora está en manos del secretario de Comunicaciones y Transportes, Javier Jiménez Espriú, corregir la barbaridad cometida contra Aarón Gordián, ganador de 400 medallas en diferentes competencias a lo largo de 35 años de carrera como atleta y galardonado en dos ocasiones con el Premio Nacional del Deporte.