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La tragedia de Tlahuelilpan ¿quién prendió el cerillo?

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Foto especial

AMBIGÚ 

 

* “Donde se riegan las tierras”… pero con huachicol

* El plan de riesgos municipal que nunca aplicó

 

Por Martha Elba Torres Martínez

Al margen de la fatal cifra que arroje la tragedia del viernes 18 por la tarde en Tlahuelilpan, la metáfora es inevitable: ¿quién prendió el cerillo?

La hipótesis hasta ahora, de la Fiscalía General de la República fue la multitud y la ropa sintética que usaban, lo que pudo “generar reacciones eléctricas”, dijo el sábado 19, su titular Alejandro Gerz Manero. Otras especulativas refieren a la caída de un celular y que algunos estaban chacoteando y fumando en el lugar, o como conjeturó el propio presidente López Obrador: pudo ser intencional para calarlo.

La que ronda en el imaginario colectivo, se soporta en la más elemental ley de mercado: la escasez del producto.

Un elemento lo encontré en la nota de Daniel Blancas, del día 22, en CrónicaHoy.

“El huachicol se metió hasta el tuétano del pueblo”, reconoció Lucero Rufino, cuyo padre, Plácido, se encuentra desaparecido tras la explosión del pasado viernes en Tlahuelilpan, su ciudad natal:

—¿Su padre se dedicaba al huachicoleo?

—No, él vendía comida. Ya se sabía que en la región mucha gente se dedicaba a eso, pero a él no le gustaba, siempre decía: para qué arriesgarse por unos cuantos litros.

—¿Por qué fue ese día a la toma?

—Pienso que por la presión de que no había combustible, por las filas largas, quería conseguir algo de combustible.

En su investigación periodística, el reportero descubrió que en lo que iba del mes, el estado de Hidalgo había alcanzado cifra récord en “piquetes” a los ductos de Pemex: 164 en ese lapso; 8.2 en promedio al día, desplazando a estados de tradición huachicolera como Puebla y Guanajuato.

—¿Por qué se extendió tanto el huachicoleo en los poblados?

—Por ganar dinero fácil, la daban más economía, vendían mucho y se hacían rápido de dinero. La cosa se descontroló desde mediados del año pasado, y cada día había más huachicoleros.

Pero el único que no sabía que su municipio y la región, estaba inundada de huachicoleo, era el presidente municipal Juan Pedro Cruz Frías, de estracción petista (2016-2020), quien atribuyó la tragedia a “la falta de oportunidades de gobiernos anteriores que no pusieron atención en las necesidades”.

En las elecciones presidencial y para diputados federales y locales de 2018, la coalición “Juntos Haremos Historia”, le metió una patiza de dos a uno al PRI –que gobierna la entidad- y ganó los distritos, VI y XIV, respectivamente, jurisdicciones electorales a las que pertenece el municipio. La relación fue de 43.9 por ciento frente a 19.6 por ciento de la votación total. (INE/2018)

Sergio García, cuñado de los desaparecidos Marco Alfredo y Jonathan Calva, de 24 y 27 años, originarios de Mixquiahuala (a 15 minutos de la explosión), narró a este diario (Crónica Hoy): “Jonathan era maestro de primaria y daba clases hasta Tepeji del Río, (por lo que) sí requería gasolina y Marco trabajaba en al campo y tenía un taller de talachas, fueron ahí porque en las redes se viralizó que había combustible gratis”.

—¿Era común saber de tomas clandestinas?

—Desde hace algunos meses se anunciaban hasta en la radio, en una estación de acá, que se llama Super Stereo, cada vez más y más. Fue una conjugación de todo: falta de oportunidades, pero también de valores y de ganas de trabajar. Sí había muchos jóvenes, pero también niños, señoras, ancianos, campesinos, todos…

—¿Desde cuándo comenzaron a tener noticias del robo de combustible en los pueblos cercanos?

—Ya tenía rato, como un año. Han estado metidos muchos chavos con familias desintegradas, a quienes no les gustaba trabajar y encontraron en esto una forma sencilla de ganar dinero. Ellos mismos comenzaban a jalar a otros chavillos, y así se hizo más grande la red, ya todos los chamacos querían dejar la escuela y ser huachicoleros…

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Los indicadores del INEGI respecto a la falta de oportunidades dicen otra cosa.

De acuerdo a la Encuesta Intercensal del 2015, Tlahuelilpan tenía una población de 19 mil 285 habitantes; con 985 unidades económicas (negocios) que empleaban a 2 mil 407 personas. El Censo Económico refería una Población Económicamente Activa (PEA), de 8 mil 124 personas, de los cuales en ese año, 7 mil 873 estaban ocupadas y 251 se declararon desempleadas.

Aun cuando este municipio tiene vocación agrícola, solo 11.4 por ciento de la actividad la ocupa el sector primario; 25 por ciento el secundario (petróleo y minerales) y el 62.3 por ciento se encuentra en el sector terciario (comercio y servicios); 1.1 por ciento no especificó su ocupación.

El Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval/2015) en su más reciente medición sobre la evolución de la pobreza a nivel municipal, Tlahuelilpan se encuentra catalogado en pobreza moderada. La extrema pobreza y pobreza en el estado se concentran en Xochiatipan, Yahuelica, Tepehuacán de Guerrero, Huehuentla, Tianguistenco, Huazalingo y Tlanchinal. (recuperado en: https://www.coneval.org.mx/coordinacion/entidades/Hidalgo/Paginas/pobreza_municipal2015.aspx)

De hecho, con base al mismo Coneval, en 2010, el Índice de Desarrollo Humano (IDH) era “muy alto” y de los 84 municipios que conforman Hidalgo, se ubicaba en el lugar 24 en la escala de rezago social.

En cuanto a servicios básicos, el 98 por ciento de las 4 mil 842 viviendas de entonces, contaban con energía eléctrica, agua potable y drenaje.

Respecto a la educación, conforme a los mismos indicadores oficiales, hasta el ciclo escolar 2015-2016, la población estudiantil era de 7 mil 2016, desde preescolar y hasta superior, mientras que el analfabetismo se situaba 4.3 por ciento.

Como bien dijo el habitante Sergio García: son las ganas de hacer dinero fácil. López Obrador y Morena los convenció que la corrupción está en los de “arriba” y no en los de “abajo”…

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La teoría de la incivilidad o del desorden que comenzó a ocupar los campos de investigación de la ciencia política estadunidense allá en los sesenta y setenta, ante los altos índices de criminalidad, había que generar políticas públicas al respecto, por lo que estableció una serie de principios acerca del rol que juegan las faltas, los comportamientos incívicos y alborotadores, algunos actos delictivos, así como la falta de limpieza y mantenimiento de los centros urbanos. (Taylor, 1999, 2001)

De hecho, bajo esta tesis, es que México se ha valido para implementar estrategias de seguridad, como es la prevención del delito, con el rescate de los espacios públicos y la policía de barrio, entre otros, y la aplicación de la ley, que es una de las mayores deficiencias, en nuestro país.

Lo que vimos en Tlahuelilpan, el viernes 18 del mes, fue esa serie de comportamientos incívicos, alborotadores y actos delictivos, resultado –desde mi punto de vista- de ese permisismo ante la ley, y que en esto sí coincido con López Obrador, que ha sembrado tanta corrupción e impunidad. El problema, para el caso que nos ocupa, es que por ejemplo, a Nueva York, le llevó una década reducir el crimen. Por eso, mejor que el Presidente también acomode su silla para no cansarse todas las mañanas con sus ruedas de prensa.

A lo que voy, es que precisamente el alcalde de Tlahualilpan, Juan Pedro Cruz, que reconoció que el robo de gasolina estaba normalizado en su tierra, cuenta en su plan de gobierno municipal, con una estrategia de “Gestión Integral de Riesgos”. (Recuperado en: http://tlahuelilpan.hidalgo.gob.mx/trans/CONAC/5-LI-y-PE/archivos/2017/6-PLAN-DE-DESARROLLO-MUNICIPAL.pdf)

El objetivo: “garantizar la integridad física de las personas ante situaciones de riesgo y contingencias por el desencadenamiento de algún agente perturbador, generando y aplicando esquemas preventivos y reactivos.

Entre sus Líneas de Acción se encuentran: 1. Promover la gestión integral de riesgos entre los sectores públicos, privados y sociales; 2. Fomentar la cultura de la prevención y autoprotección entre los sectores públicos, privados y sociales y 3. Fortalecer la coordinación en materia de protección civil, ante situaciones de riesgo, emergencia y/o desastre entre el estado y municipios circunvecinos (…)”.

Juan Pedro Cruz Frías estaba por ponerse a disposición de la Fiscalía General de la República, por el almacén clandestino de gasolina y no por su responsabilidad como autoridad local, ante lo sucedido “donde se riegan las tierras”… pero con huachicol.

Entonces, ¿quién prendió el cerillo?

Me quedo con lo que escribió la alemana judía Hannah Arendt, quien siguió el juicio contra uno de los más grandes criminales de guerra, Adolf Eichmann. Con sus obras El Origen del Totalitarismo y Eichmann en Jerusalén, trató de entender cómo en una sociedad totalitaria, los hábitos y las normas pueden llegar a convertir en una obligación “moral” el asesinato, pero que el ser humano, al final, siempre tiene la última palabra para seguir o no esa “moralidad” amoral.

Por eso, nunca aceptó la culpabilidad colectiva, porque “donde todos son culpables, nadie es culpable”…

*Ralph B. Taylor B. Ralph (1999, 2001) “La tesis de las incivilidades o de las “ventanas rotas”, Fundación Democracia y Gobierno Local. España. (Recuperado en: http://repositorio.gobiernolocal.es/xmlui/bitstream/handle/10873/858/claves06_12_taylor.pdf?sequence=1)