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EL ODIO CIBERNÉTICO DURANTE LA CUARTA TRANSFORMACIÓN

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El odio que crece día a día (Ilustración especial)

SILOGISMOS

 

*Injurias, insultos, amenazas y un continuo debate superficial han sido el abono al campo de las redes sociales.

 

Por Antonio Ortigoza Vázquez/ twitter @ortigoza2010

En México, más de 60 millones de personas conforman la plataforma de la red social Facebook, le sigue Youtube, con 72%; Twitter, con 66%; Instagram, 59%, y Snapchat, con 31%. Estás plataformas se han convertido en verdaderos campos de batallas cibernéticas. Facebook es la red social donde se “sube” el mayor número de información falsa (Fake news) —algo así como el 70 por ciento de lo publicado—pero peor aún, el alud de reacciones a lo escrito, sostenido y publicado por medios de comunicación, articulistas, columnistas y reporteros, los comentarios y las reacciones de los navegantes de las redes sociales han caído en los extremos virulentos, inmorales e incluso en amenazas veladas.

Así las cosas, las trincheras ajenas al odio clasista son las de la verdadera democracia, la que fomenta igualdad, no desigualdad, justicia mas no injusticia. Pero hoy se ha llegado al extremo, la división entre familias y amigos. Peor aún, políticos han caído en el campo del desprestigio y el ataque entre pares y también, estos ataques, se han combinado  con la reacciones de la sociedad que se encuentra inmersa en el debate cibernético.

 

Por otro lado, las contrariedades de clase se resuelven total o parcialmente si no en la democracia, sí en reacomodos de las relaciones de producción y las fuerzas productivas.

Por ello es perverso fomentar el odio entre los mexicanos, a lo largo de una línea clasista como se observaron durante los discursos de las pasadas campañas electorales.

El odio es una hoguera atizada por omisión, por comisión, mediante artificios electorales, pero con una herramienta de suma importancia, las redes sociales, estas fueron las que receptaron la semilla del encono y la división en la sociedad, esta semilla germinó en el espacio cibernético. Artificialmente, pues. Por manipulación bestial.

Así, odiar se convierte en instrumento de furia para fines de control social, alterando de modo malintencionado la percepción individual y colectiva de la realidad.

Esa manipulación se traduce secuencialmente en la inducción de conductas individuales y de grupo. Una conducta de odio es la secuela crispada de tal manoseo, de los insultos, injurias y maldiciones de quienes no opinan igual que su familiar, amigo, conocido o camarada cibernético

Esa manipulación –la de promover el odio– fue premeditada desde los cuarteles de guerra desde el pasado proceso electoral y, por tanto, ventajosa y traidora. Ello ha desatado fuerzas muy peligrosas.

El odio es una emoción extensamente documentada desde tiempos inmemoriales, anteriores, inclusive, a la invención misma de la escritura y otros avíos de la civilización.

En la naciente guerra cibernética en hombres y mujeres, se debe entender a la perfección de la definición de la evolución del odio: “Antipatía o aversión hacia algo, hacia alguien cuyo mal se desea”. El diccionario es contundentemente elocuente.

Foto especial

La definición que la psicología que le da al odio es la de “emoción que expresa gran aversión y hostilidad”.

Así pues, esta cuarta transformación ha provocado un alud de reacciones a lo escrito, sostenido y publicado por comunicadores y sociedad civil.

Los que votaron por Meade, Anaya o el Bronco no se benefician de ese odio. Lo opuesto. Lo mismo dirán de aquellos que sufragaron por Andrés Manuel López Obrador, hoy nuestro Presidente.

Ciertos intereses se benefician, obviamente, de dividir a los mexicanos. Son intereses extraños a los de México. Que nos odiemos a muerte unos a otros. Divide y vencerás.

Por ello se fomenta el odio, aun después de la elección. Un pueblo dividido es presa fácil de la rapacidad de quienes, desde el poder, intensifican la impunidad y la simulación.