QUERIDA ÉRIKA ORTIGOZA VÁZQUEZ

QUERIDA ÉRIKA ORTIGOZA VÁZQUEZ

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Elvira Hernández Carballido

 

Te escribo al ritmo que me ha enseñado nuestra amistad y por eso me inspira más tu alma, esa alma que ama demasiado y nunca se fija en ser correspondida. Te he visto derramar amor a manos llenas, primero hacia tu familia siempre tan unida; después, para

Sueños de libertad
Sueños de libertad

tus amistades y cómplices, a la gente desconocida que te saluda con admiración, a miradas felinas agradecidas, a emplumadas sonrisas y suspiros que rugen al saberse correspondidos. Incluso te he visto dejar amor en algunas manos que se han acercado a ti pero que pese a todo siempre siguen vacías, tal vez porque en las líneas de sus palmas se trazan envidias y olvidos adrede, pero eres tan generosa que te empeñas en torcer esos destinos marcados y hasta puedes trabajar a su lado, te den un cargo de renombre o quieran esconderte en un anonimato, un anonimato que jamás tendrás porque tu brillo de luciérnaga siempre atrae, porque tu luz de luna ilumina cualquier cielo o tus rayos de sol espléndido brillan por doquier.

Te he visto dividir tus sueños y sumarlos a espacios muy bien distribuidos en tu corazón, ese agujero colorado que desordenas convencida para rellanarlo con puras ilusiones y por eso late como esponja nueva. Ese sitio color rojo donde reservas lugar a quien se deje amar incluyendo humanos que te queremos y hasta comprendiendo a inhumanos que

Invictus y su reencuentro con el trato digno.
Invictus y su reencuentro con el trato digno.

confabulan porque los ha cegado de envidia tu luz. Pero lo que más me maravilla de ti en que en ese corazón hay bosques y selvas, lagos y mares, nidos y guaridas donde te has empeñado en darle un lugar privilegiado a la fauna, desde changuitos de mirada traviesa hasta leones que contigo aprendieron a mirar con rayitos de esperanza.

Por eso me gusta escuchar cuando alzas la voz para proteger a leones que habían sido arrinconados en jaulas llenas de desamor o a otros animales desprotegidos que has sabido curar remendando sus heridas y buscando lugares donde vuelvan a palpar esa palabra sagrada que se llama libertad.

Siempre das ejemplos de dignidad y entereza, por eso eres capaz de llorar nada más para regar prados donde puedan retozar desde la Osa Mayor hasta otras constelaciones que pueden aullar de puritito agradecimiento. Por eso nunca has necesitado el reflector, ni lo has buscado, ni has forzado a que te ubique en algún escenario, las luces del verdadero reconocimiento te siguen como parvadas bien orientadas, como manadas esperanzadas, como piaras cómplices y donde quiera que te presentes ese reflector te pone al centro del reconocimiento que aceptas humilde, con esa sonrisa que nos cautiva.

Puedes usar trajes formales de doña funcionaria formal que firma documentos para hacer trámites que jamás se quedaron en el papel, has firmado convenios verdaderamente turbulentos que han permitido cambiar paisajes de cementos por paraísos donde hay ecos de eterna libertad.

Puedes vestir overoles color naranja de voluntaria informal que hace brillar pieles con rayas o franjas, agrietadas por el sol o bendecidas por la luna, de suave plumaje o pelusas enredadas, hasta en eso eres generosa, y lo mismo convences al mono más latoso a

Invictus y Erika Oritgoza
Invictus y Erika Oritgoza

dejarse peinar para la foto o al tigre de mirada profunda a salir a dar un paseo para escuchar los gritos infantiles de admiración y cariño. Te has acercado a los lobos para sombrear su alma con rayos de luna llena, dejaste a las ardillas invadir tu oficina para hacer latir su corazón con bostezos de sol y lograste que en las noches ningún león nos partiera el corazón con sus suspiros de tristeza porque le diste la esperanza de ser liberado.

Y te evoco de esta manera y te escribo esta carta porque de alguna manera debo agradecerte esa necedad de amar a especímenes de cuatro patas, a modelos de lujoso pelaje, enamorados que le aúllan a la luna o cómplices que dejan sus huellas por desiertos y mares, selvas y bosques.

Debo insistir en tu ejemplo, en tu manera de romper estereotipos, en tu luz para que confiemos en que los sueños se pueden palpar con trabajo y decisión.

Yo te conocí cuando espectacularmente resplandecías en los espectaculares de la ciudad de Pachuca durante tu campaña política y con tu voz tierna, reconciliadora e inteligente me demostraste lo maravilloso que es sumar a la belleza un buen corazón más una certeza de vida más un alma bondadosa.

Yo te he acompañado en cada discurso que has dado en parques que antes eran prisiones. Te he observado colorear con tus propias manos zonas verdes para transformarlas en valores llenos de amor, cooperación y libertad. Te he visto caminar con tus tacones increíbles por caminos llenos de piedras nada más para mostrar el equilibrio de tus compromisos. Te puede ver con tus botas blancas que no se manchan de mezquindad ni traiciones nada más para seguir con la voluntad de dar amor a quienes sacamos de su hábitat natural y muchas veces olvidamos escuchar los latidos de su corazón. Me aproximaste a escuchar de cerquita los latidos de la Leona Morelia, a acariciar el alma bondadosa del León Zeus,  a llorar con verdadera tristeza el momento en que el oso Invictus cerró los ojos pero se llevó en sus garras la esperanza eterna de que hay humanos que respetamos a los animales.

Por eso te escribo, querida Érika Ortigoza Vázquez, porque yo, como las personas que te queremos, las que te admiran sin tratarte, y hasta las que creen que pueden quitarte el crédito y apagar tu reflector de llamas eternas, tenemos que decirte siempre Gracias, así, con mayúscula. Gracias por cada acción, que puedes hacer al firmar un documento o al olvidar tus domingos y estar de voluntaria jamás anónima.

Te escribió para agradecerte que estés de este lado, del que nos conocimos y del que nos gusta estar, donde vivimos y confabulamos, donde conjuramos y bendecimos, donde nada nos detiene y nadie nos empequeñece. Este lado lleno de testarudas, locas, despojadas, perseguidas, bigotonas, peludas, emplumadas, rayadas y nada interesantes, pero que por nuestros sueños y nuestros ideales, el reflector de la luz eterna nos iluminará nada más para insistir en nuestra originalidad y compromiso.

Te escribo para confirmarte mi cariño y mi admiración. Por lograr tantos cambios en la vida de los animales de cautiverio atrapados en la Bellairosa y ayudar a darles una vida digno con tu alma bella y airosa.

 

 

 

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