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VIRUS…COMO DE LA FAMILIA

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Por Samuel Cantón Zetina/@SamuelCantón

En los mares de información sobre el Covid-19, hay que destacar algunos aspectos, como el hecho -documentado por expertos- de que “llegó para quedarse”, y que mientras no haya vacuna (mínimo, en un año más) ahí estará.

Quiere decir que todo lo que hoy hagamos de confinamiento y sana distancia, no es en espera automática de que el virus desaparezca, y ya.

No. Se hace para aplanar la curva de contagios -manteniéndola horizontal- y evitar “picos” vertiginosos, a fin de que los sistemas de salud no colapsen y conserven la capacidad de atender a los infectados.

Si por el contrario, como en Tabasco, la gente desoye la recomendación de ser responsable y solidaria, los pacientes se multiplican en lapsos de horas y días, y la demanda rebasa a los médicos y hospitales, lo que gracias a Dios no ha ocurrido en el Edén.

En solo 24 horas, EEUU sumó ¡2 mil muertos!, y al no estar tampoco preparado para manejar semejante número de cadáveres a la vez, tuvo que habilitar tráileres a las afueras de nosocomios como morgues provisionales.

Por ahora, sin vacuna, cualquiera sigue expuesto al virus -unos más que otros-, y lo único que podemos pedir, además de consciencia ciudadana y que el gobierno cumpla con su deber, es que si por descuido o mala fortuna nos toca, seamos bien atendidos para salir adelante.

No como en Italia, donde el alud de casos obligó a los médicos a elegir casi casi quién viviría y quien no, a falta de respiradores y ventiladores para todos en las Unidades de Cuidados Intensivos (UCI).

Cayeron cientos de adultos mayores y gente con otras patologías previas, que no tenían por qué haber muerto, y se privilegió a jóvenes y personas sanas con probabilidades de vivir más tiempo.

Los virtualmente “condenados a muerte” -principalmente abuelos-, porque al principio los italianos ignoraron el llamado a quedarse en casa y aislarse socialmente, no tuvieron ni siquiera la posibilidad de despedirse de sus seres queridos, y algunos sólo lo pudieron hacer por celular o “tablet”.

Por eso quizá el legendario Pepe Mújica habría dicho: “Hay que aprender a morirse sin ruido… así es la naturaleza”.

Muy triste…

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