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Abortar o no; esa difícil decisión que cada mujer elige libremente

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Cuando el dispositivo “traiciona”

 

Hay desde perspectivas conservadoras que condenan a las mujeres, hasta la postura feminista que lo considera un problema de salud pública, una decisión de cada mujer y el último recurso ante un embarazo no deseado.

Por Elvira Hernández Carballido

Fotos Espéciales

El feminismo y la bioética pueden tener un escenario digno de reflexión al abordar casos específicos de la condición femenina como lo es el aborto, que hasta este siglo XXI, sigue siendo un tema de debate. Hay desde perspectivas conservadoras que condenan a las mujeres, hasta la postura feminista que lo considera un problema de salud pública, una decisión de cada mujer y el último recurso ante un embarazo no deseado. Describimos un caso de aborto, la manera de decidirlo y la forma en que la ética feminista orientó a la mujer que tomó esta difícil decisión.

La historia

Ella ha sido traicionada por su dispositivo. Posiblemente sus estudios, su profesión, su clase social, su autonomía económica pero sobre todo su construcción feminista, le han permitido tomar su decisión:

Me declaro absolutamente cobarde para enfrentar otra vez el reto maternal. Me declaro absolutamente egoísta porque en este momento pienso en mí y en mi desarrollo profesional. Me declaro absolutamente pecadora porque no quiero cumplir con los sagrados mandamientos. Me declaró absolutamente herida porque mi decisión no puede hacerme feliz. Me declaró absolutamente traicionada porque yo no elegí esta situación. Me declaro absolutamente deprimida porque preferiría no tener que decidir. Me declaro absolutamente inmoral porque no cumplo la ética patriarcal. Me declaro absolutamente valiente porque pese a todo dije no. Me declaro absolutamente responsable de mi cuerpo porque es mío. Me declaro absolutamente una mujer que está segura de interrumpir un embarazo no deseado.?????????????????????????????????????????????????????????

El caso de esta mujer, de 34 años, ocurrió cuando pese a usar método anticonceptivo, se embarazó sin desearlo ni planearlo. Al tener tres días de no menstruar prefirió acudir al médico, ella conocía su cuerpo y ese retraso no era normal.  El médico, indiferente pero tajante, le dijo: “Pues ya se jodió porque el aborto no está permitido”. Prefirió buscar otra ayuda. Su matrimonio estaba en un momento frágil y difícil. Si bien tenía un hijo que amaba y había sido planeado, las condiciones del segundo embarazo no eran nada ideales.  Vivía una situación inestable con su pareja y eso la tenía en un estado de absoluta depresión. Así acudió con una mujer médico con perspectiva feminista que le dio dos opciones:

“Si lo quieres tener, te apoyamos. Si es un embarazo no deseado que te hace infeliz, te puedo recomendar con alguien”.

Fue así como llegó con un médico, en una clínica clandestina pero limpia y segura, que por suerte pudo pagar –en ese tiempo (1994) fueron cinco mil pesos- y se enfrentó al proceso:

Mi dedo pulgar sangra, lo muerdo de miedo, lo muerdo con desesperación, por solidaridad conmigo misma. Por algunos segundos o minutos el ginecólogo deja de bombear y pregunta si estoy bien. La última succión es terrible, siento que con ella se va la matriz, los ovarios, el corazón y mi alma. Sólo alcanzo a musitar: “Adios cosita, perdóname”.

La mujer tomó su decisión, entre incertidumbres, cuestionanado sus propios valores, con dolor pero fuerza, entre remolinos de preguntas y una sola respuesta:

Todas mis amigas lamentan con tristeza lo ocurrido. Ninguna, inclusdo ni la más feminista de ellas, vio con gozo lo que me pasó… Desgraciadamente soy ya parte de la estadística, pertenezco a ese reducido grupo de mujeres que pueden quedar embarazadas pese a utilizar un método anticonceptivo. Pero, psicológicamente, el asunto resultó muy complicado. No soy una criminal, tampoco una mala mujer, ni me califico de culpable o asesina. No puedo imaginarme quemándome en el infierno, pero los primeros días tuve muchas pesadillas. Mi doctora me ha convencido que el proceso es difícil, que no soy la peor de todas, soy una mujer que decidió abortar.

Su decisión le permitió tener la fuerza y el tiempo de luchar por su matrimonio, de continuar con su vida profesional, dedicarse con más amor a su hijo y continuar su vida segura que su decisión solamente dependió de ella, mujer dueña de su cuerpo.  Sin embargo, la realidad social sigue siendo compleja y contra las decisiones de las mujeres y su cuerpo.

La decisión

En las últimas tres décadas y con todas las transformaciones científico-sociales que implica para las mujeres, el aborto lentamente se ha movido al ámbito público de la discusión abierta donde coinciden el gobierno y sus políticas públicas de salud pero también parte de la postura de la Iglesia sobre la protección de la vida. Las decisiones parecen seguir en manos de los otros, no de la mujer.

Pese a todo, ellas siguen tomando la decisión, muchas veces en condiciones donde ponen en peligro su propia vida. “Se habla de 50 mil que de 2 millones de abortos al año, o de 5 mil o 400 mil mujeres muertas a consecuencia de un aborto. Esto refleja las deficiencias en las fuentes de información y tiene como efecto que la magnitud de las variantes no permita a la población tener una imagen precisa y clara del problema”. (Josefina Hernández Téllez).opcion-no-imposicion

Cuando una mujer decide abortar debería hacerlo en las condiciones higiénicas, comprensivas y respetuosas que un especialista de la salud y una institución médica deberían darle si se rompiera con esas posturas conservadoras, por ello la combinación bioética y feminismo es significativa.

El feminismo representa  un movimiento político que desde la perspectiva  ética denuncia la doble moral sexual existente en la sociedad, Al señalarla, el feminismo apuesta por anular la práctica de esta moral que posibilitaba considerar socialmente ciertos valores buenos en los hombres y malos en las mujeres, que ciertos aspectos morales sólo sean practicables en lo privado por las mujeres pero severamente castigados en lo público.

En la doble moral que acepta la sociedad patriarcal, la sexualidad masculina, cuya única consecuencia visible es el placer, puede ser objeto de elección personal. La sexualidad femenina tiene siempre consecuencias visibles y juzgadas: himen roto,  embarazo y hasta aborto,  depende de lo que puedan decir de ella los demás.

Ante ello, es importante conocer la ética feminista, explicada por Graciela Hierro,  que se enfoca a “rechazar lo rechazable para intentar superar el dualismo moral y alcanzar una visión unitaria de la ética”. Se pretende desarticular los valores patriarcales y repensarse en condiciones de igualdad. El punto básico es la autodeterminación. La mujer es y debe ser la que ha dejado de ser para el otro y se ha constituido como ser para sí, como sujeto de conciencia y creadora de símbolos. Decidir sobre su cuerpo.

Si integramos el feminismo y la ética feminista a la bioética, los especialistas de la salud podrían respetar la decisión de las mujeres ante el aborto.

Una de las investigadoras que se ha destacado al abordar este tema es María Teresa López de la Vieja. En una entrevista declaró:

La Bioética como disciplina surge a comienzo de los años setenta, pero hasta finales de los ochenta no se hace eco de la experiencia de las mujeres. El Feminismo lleva a la Bioética temas de interés general, más allá de la salud sexual y reproductiva. La Bioética es multidisciplinar, interdisciplinar y muy plural. Las bases de datos y repertorios ponen a disposición de cualquier persona elementos suficientes para distinguir qué es activismo y qué análisis bioético. No se trata de biología ni de sexo sino de división de papeles; ésta produce relaciones de poder, desigualdades y, en fin, un mundo escindido. Las teorías feministas han contribuido a la crítica de prejuicios y estereotipos en temas de salud, también en lo que concierne a la salud reproductiva. En la búsqueda de la igualdad para mujeres y hombres y en las críticas al sistema patriarcal, ha quedado en evidencia el modelo convencional de la maternidad. En ese contexto habría que situar las discusiones sobre concepción/contracepción.

Una mujer abortó y dio públicamente su testimonio jamás lo hizo en tono triunfalista, lo escribió con dolor pero con la certeza de que había sido su decisión sobre su cuerpo. Seguramente en eso radique la postura de que el aborto es una epifanía de lo numinoso.  Bien señala la periodista y feminista Elsa Lever:

… lo numinoso es todo lo que escapa a la regla, es entonces potencia. Lo que amenaza las normas y las trastoca es, también, lo más fuerte. Y hay quienes prefieren aprovechar los poderes que da el sobrepasar reglas, asumiendo la angustia que ello supone. La trasngresión de la regla más respetada confiere poder, potencia numinosa, porque tiene la fortaleza suficente para colarse fuera de la condición humana… La máxima expresión de la numinosidad es la sublimación, la armonía interior que permite al ser humano participar entre la condición humana y la potencia extrahumana, porue está hecha de cultura y natrualeza. En este nivel lo numinoso deja de ser angustiante para convertirse en potencia.

 

 

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