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EL CINE EN EL PAÍS DEL GORE

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Foto especial

Por José Luis Ramos Ortigoza

El Cine es –por mucho- el arte de nuestros días, hoy, ninguna otra musa inspirada convoca multitudes como la cinematografía. Por poner un ejemplo –de esos que abren boca-  basta decir que este pasado fin de semana 8 millones de mexicanas y mexicanos fueron a las casi 7 mil pantallas de nuestro país a soñar con superhéroes, con sus gringaderas y a sufrir con sus infortunios. Si, la friolera cantidad de 8 millones de personas, que son más que los mexicanos que habitan en Colima, Baja California Sur, Campeche, Nayarit, Tlaxcala, Aguascalientes y Zacatecas, ¡juntos!

Y es que en México, el cine lo es casi todo, y a casi todos se acomoda; es la cita perfecta entre los novios, la salida idónea con los pequeños, el refugio de la lluvia para el solitario, la forma de evitar la charla incómoda entre los amigos o los amantes. Es el “salgamos de la rutina” de los cansinos matrimonios, la primera cita de los que se quieren o se quieren querer, y a veces, hasta el mata rato de los aburridos, o de los desesperados por el tránsito de las 8 a las 10 de la gran ciudad.

Diez veces más accesible que el teatro, veinte veces más barato que un concierto, la mitad de una cena. Es tan formal o tan informal como los visitantes decidan, tan sobrio y complejo como “Madre”, tan triste como la muerte de la Mamá de “Bambi”, o como la muerte de Bubba en “Forrest Gump”.  Tan reflexivo como “Cloud Atlas”, o tan fantástico como el cine de superhéroes. Lo reitero: En México el cine lo es casi todo, y a casi todos se acomoda.

¿Y por qué se acomoda? Ah, esa pregunta tiene un interesante tema alrededor. Creo que las personas buscamos en el Cine y la Televisión todo lo que no tenemos; es decir, que quien necesita risas puede encontrarlas en cartelera, el hombre sin acción, encuentra acción en sus cintas preferidas. La mujer sin romance busca romance en la pantalla, quiere sentir esa felicidad de la que hablaba Ana Torroja cuando era vocalista de Mecano: “Durante una hora y media pude ser feliz /comiendo chocolate y palomitas de maíz /sintiendo que era yo, el que besaba a aquella actriz.”

Es en el cine, donde las pasiones humanas, sus sueños y sus pesadillas se dan cita para ser liberadas. “Las hay para todos” como dicen en inglés, películas de carcajadas, tremendos dramas y culebrones, películas para ir a llorar, cine de espanto y cine de esperanza. Dramas de adolescentes, y si buscamos, encontraremos géneros y subgéneros, vistos por todo tipo de tribus. Si, las hay para todos.

Hay un género del que quiero escribir un par de líneas el día de hoy. Se trata del Cine Gore. ¿De qué se trata? Son una especie de películas de miedo –o más bien de terror- que se centran en la extrema violencia, en lo visceral, en una violencia gráfica extrema, que demuestra la vulnerabilidad, fragilidad y debilidad del cuerpo, de la mente y del espíritu humanos, a través de un feroz drama.  “Hostal”, o “Saw” y sus secuelas, son el perfecto ejemplo de este género.

¿Por qué escribir de Gore? Me explico. Durante  los últimos días muchos mexicanos seguimos en los medios la infamante historia de tres estudiantes de cine que fueron brutalmente asesinados, para seguir la humillación, tras la muerte, sus cuerpos fueron ultrajados al grado de la degradación absoluta. Sumergidos en ácido, hasta que no quedara –literalmente- nada de ellos.

Esto es más Gore que cualquier cinta. Si, lo es. Porque además esta historia sucede cotidianamente, con otras mexicanas y mexicanos que no son estudiantes de cine, que estaban con ambos pies dentro del crimen organizado, y cuyas familias –si es que tienen- dejaron de buscarlos hace mucho. No, el Gore destino de estos tres estudiantes no es un evento aislado. No. Este es el México Gore, el México en el que las fantasías del cine, han sido superadas por la realidad.

¿Qué pasa mientras tanto en México? Ah, pues en México nos fugamos de la realidad. No nos gusta. Eso si, hablamos. Hablamos mucho, como siempre, de todo y de nada. Las elecciones nos tienen encendidos, mirando como enemigos a nuestros compañeros de trabajo, amigos y familiares, a nuestros contactos del Face, porque no comparten la misma opinión política que nosotros, hablamos y discutimos de lo mismo, en una enorme vuelta que nos trae al mismo lugar de nuevo. Así que no pasó nada realmente mientras discurría esta tragedia.

Regreso al cine y me explico mejor: hay quien me dice que fue a ver la peli más taquillera, y que en alguna escena, le dieron ganas de llorar. Eso es verdaderamente haber escapado de la realidad. Da miedo que una película pueda arrancar una lágrima, pero que tres jóvenes estudiantes, secuestrados por error, asesinados, y sus cuerpos diluidos en ácido no hayan hecho llorar a México, y no le hayan permitido ver, que su dinámica nacional, pasó a ser una película Gore.

¿Por qué no lo vemos? Es simple. Tenemos anestesiada la percepción de la realidad; tenemos una anestesia emocional. Somos un País anestesiado. Si, padecemos una anestesia de conciencia, pensamiento y emociones que nos dejaron 12 años de noticias sangrientas, de titulares apocalípticos y 12 años de miedo.

Regreso al Cine, de nuevo, y nos miro, a mis amigos y a mi. Nos miro hace 20 años en un cineclub de Ciudad Universitaria, mirando una película que hoy tiene 68 años, Los Olvidados, de Luis Buñuel. ¿De qué se trata la película? De lo que se tratan nuestros días. Orfandad, pobreza, ignorancia, abandono, hambre, odio, maldad y muerte. Hace 68 años, Luis Buñuel advirtió a México y al mundo lo que sucedería si no se volteaba a ver a los más pobres. A los niños más pobres.

Nada más actual que el argumento; “El Jaibo”  un joven marginado que se ha escapado de la correccional –Igual que “El Canzón”, uno de los perpetradores de la muerte de los 3 cineastas- va a buscar venganza de su delator, a quien mata, para seguir en una tropelía de sangre, que no distingue amigos ni enemigos, ni autoridad ni figura. Buñuel despide al espectador, con la fatídica imagen de dos muertos; uno, tirado en un muladar, sin nadie que reclame, y otro, a lomos de un burro, reclamado por su pequeña y pobre familia. México es el País de “Los Olvidados” 68 años después del genio de Buñuel.

Cuando la realidad ha superado al cine, corresponde menos cine, y más realidad. Es tal vez la receta que nos puede funcionar. Más realidad, menos confusión, más realidad, menos autismo, más realidad, menos discusiones intestinas. Más realidad, menos comedia. Tal vez la fórmula está muy bien planteada, pero no la quisimos ver a tiempo.  Tal vez Buñuel y 100 artistas más la plantearon y no la hemos querido entender: un niño pobre es un pobre futuro para México.

Sin anestesia, pienso yo, que como dijera José Mujica: “Hay que tener el coraje, de mirar la realidad” pues solo lo que aceptamos, lo podemos cambiar.

Reflexivamente: José Luis Ramos Ortigoza.

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