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EN BUEN PLAN

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Foto especial

La conferencia mañanera de ayer en Palacio Nacional –la número 232– marcó un antes y un después en la relación entre el Presidente de la República y los reporteros asignados a cubrir la fuente.

Las partes venían de un encontronazo, ocurrido apenas el fin de semana anterior, cuando un grupo de periodistas que cubría la gira de Andrés Manuel López Obrador por Sonora se accidentó en un vehículo pobremente mantenido, proporcionado por el ayuntamiento morenista de Ciudad Obregón.

El mandatario tocó fibras sensibles cuando dijo que a los ocupantes de la camioneta volcada no les había pasado gran cosa y luego, ante reclamos por lo sucedido, sugirió que mejor no acudieran a sus giras y se limitaran a asistir a las mañaneras en la Ciudad de México. Para informar sobre las giras, agregó, “lo podemos hacer nosotros”.

El miércoles, la Presidencia realizó un ejercicio inédito de difusión de los hechos ocurridos en Culiacán 13 días antes, pero la falta de una ronda de preguntas y respuestas dejó muchas dudas sobre la detención y posterior liberación de Ovidio Guzmán. López Obrador ofreció atenderlas en una nueva mañanera, la celebrada ayer. Eso generó una gran expectativa.

La conferencia inició en el estilo que ha predominado en esos ejercicios: con el Presidente otorgando la palabra a aquellos asistentes que suelen ponerle pichadas suaves, propias de una práctica de bateo, para que el Ejecutivo se vuele la barda.

Y así le hicieron una serie de preguntas sobre temas anodinos, como el viejo asunto de un video sobre el simulacro de un secuestro aéreo o el resultado de la Serie Mundial de beisbol y otras que nada tenían que ver con el Culiacanazo o no buscaban desenmarañar esa trama.

Pasada media hora, la exasperación creció en el Salón Tesorería y varios reporteros a los que no se había dado la palabra comenzaron a gritar sus preguntas sin esperar el micrófono.

Al ver esto, el Presidente se dispuso a navegar en la tormenta. “Vámonos sobre el tema. Tenemos tiempo, despacio…”.

Paulatinamente, el tono de las preguntas y las respuestas fue subiendo de nivel.

—¿Quién dio la orden del operativo? –cuestionó Nelly San Martín, de la revista Proceso.

—Ya se explicó ayer –quiso esquivar López Obrador.

—No, no se establecieron responsabilidades.

Ya molesto, el Presidente replicó: “Ah, no, ahora platicamos. No, no, no, no vamos a dejar ningún cabo suelto, porque no queremos dar pie al amarillismo, con todo respeto, ni a ninguna invención”.

Y pasó la palabra al general Luis Cresencio Sandoval, ahí presente, igual que el resto de los integrantes del Gabinete de Seguridad. El militar hizo un resumen de la relatoría de hechos que se había presentado el día anterior, pero la reportera exigió que le respondieran la pregunta sin rodeos.

“Espérate –intervino el Presidente–, te vamos a responder todo. Mire, general, sí dé el nombre del encargado responsable del operativo”.

Y Sandoval no tuvo opción sino de revelar el nombre del titular del Grupo de Información y Análisis sobre el Narcotráfico (GIAN), organismo que ha logrado la detención de diversos capos del narcotráfico en años recientes y que, se dijo, depende de la Subjefatura de Inteligencia del Estado Mayor.

El dato, que no repetiré, provocaría que, más tarde, legisladores y especialistas acusaran al Presidente de poner en peligro, con su orden, la seguridad del militar mencionado.

Pero no terminaría ahí la cosa. Ante nuevas preguntas, López Obrador dijo que los reporteros estaban “muy excitados”, lanzó un “¡ya basta!”, criticó la cobertura que distintos medios habían dado al Culiacanazo y citó una frase que Gustavo A. Madero endilgó a los periodistas que criticaban la gestión de su hermano, el presidente Francisco I. Madero: “Le muerden la mano a quien les quitó el bozal”.

Ojalá que de la rispidez de ayer se pueda pasar pronto a la normalidad en la relación entre el Presidente y los medios: que los periodistas pregunten todo aquello que requiera conocer el interés público y el mandatario responda sin sentirse agredido. Como dijo el secretario Alfonso Durazo en la misma conferencia, que todo sea “en buen plan”.