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CORRESPONSALES

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Por Pascal Beltrán del Río/@beltrandelrio

Ayer, 3 de mayo, como cada año desde 1993, se conmemoró el Día Mundial de la Libertad de Prensa, proclamado por la Asamblea General de las Naciones Unidas para “reconocer que una prensa libre, pluralista e independiente es un componente esencial de toda sociedad democrática”.

En su condición de coordinadora de la conmemoración, la Unesco fijó como uno de los tópicos de reflexión de este año el mejorar las capacidades de alfabetización mediática con el fin de permitir a la gente reconocer y valorar al periodismo y a la información de interés público como un bien común.

El presidente Andrés Manuel López Obrador eligió precisamente esta fecha para arremeter nuevamente contra los medios de comunicación y, específicamente, contra los corresponsales extranjeros acreditados en México.

“Ahora salen muchas cosas en los medios, no sólo en los nacionales, también los internacionales. muchas noticias falsas, hasta en los más famosos, el New York TimesWashington Post, el Wall Street Journal, el Financial Times”, dijo el Presidente.

“A veces desinforman, no tienen ética en el manejo de su información; y a lo mejor los directivos ni lo saben, muchas veces son los corresponsales que antes los apapachaban, los trataban muy bien en el gobierno federal. Ya Jesús (Ramírez Cuevas, el vocero presidencial) no tiene un departamento de atención a corresponsales extranjeros”.

Prosiguió: “Entonces, antes eran consentidos, se les colmaba de atenciones, de privilegios, y además toda esa prensa pues también defiende a grupos de intereses creados. ¿Cuándo vamos a convencer a El País de que es importante acabar con la corrupción en México? Si El País es un boletín de las empresas españolas que hacían su agosto en México (…) nos atacan un día sí y el otro también, pero es entendible”.

Esta disquisición vino como respuesta a una pregunta sobre el presunto abandono del gobierno de los preparativos para aplicar la prueba PISA el año entrante. Si el mandatario se desvió por otros lares, quizá haya tenido que ver con una nota del diario londinense Financial Times, firmada por su corresponsal Jude Webber, que trataba el tema de la polémica sobre la iniciativa de ley que extiende el mandato del ministro presidente de la Suprema Corte, pese a que la Constitución fija con claridad su lapso.

En diferentes etapas de mi vida me ha tocado ser corresponsal en el extranjero, tanto fijo, como lo fui en la ciudad de Washington, entre 1994 y 1999, como temporal —es decir, como enviado— en una veintena de naciones. Y nunca, pero nunca, me tocó escuchar semejantes descalificativos para un periodista que llega a otro país para conocer su realidad.

El tiempo que pasé en la capital estadunidense, seguramente era la prioridad dos mil para la Casa Blanca y las diferentes agencias del gobierno, pero siempre recibí un trato respetuoso y muy eficiente a la hora de solicitar información.

En 2001, al estar cubriendo las repercusiones de los atentados terroristas de septiembre de ese año, fui detenido por la inteligencia militar paquistaní por violar —involuntariamente— un toque de queda en la ciudad de Quetta, próxima a la frontera con Afganistán. Pero, pese a la dureza con que fui tratado, nadie me llamó corrupto o deshonesto o me acusó de estar al servicio de intereses extranjeros.

A lo largo de mi vida periodística me ha tocado tratar a muchos corresponsales en nuestro país y hasta trabar amistad con varios de ellos. La constante ha sido el profesionalismo de esos colegas, algunos de los cuales se enamoraron tanto de México que se quedaron a vivir aquí.

Caras vemos y vicios no sabemos, pero jamás me tocó conocer a alguno que se dejara apapachar o cuya relación periodística con el gobierno en turno derivara en la publicación de notas a modo. Aunque lo hubieran querido hacer, sus editores no lo habrían permitido.

El aporte que hace un corresponsal extranjero —además de explicar la realidad de otro país a su audiencia— es hacer posible que los nacionales se vean en otro espejo, gracias a una perspectiva distinta. Y no ha sido raro que publiquen notas con información que los medios locales no han sopesado bien. Por eso, yo celebro su labor y repruebo las ofensas que recientemente han padecido.

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